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ANTOLOGÍA ALEATORIA DE MICRORRELATOS

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Publicado: lunes, 18 de septiembre de 2017

La oveja negra 

- Augusto Monterroso

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada. Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque. Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.

 

Carta del enamorado 

- Juan José Millás

Hay novelas que aun sin ser largas no logran comenzar de verdad hasta la página 50 o la 60. A algunas vidas les sucede lo mismo. Por eso no me he matado antes, señor juez.

 

La manzana 

- Ana María Shua

La flecha disparada por la ballesta precisa de Guillermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.

 

Este tipo es una mina 

- Luisa Valenzuela

No sabemos si fue a causa de su corazón de oro, de su salud de hierro, de su temple de acero o de sus cabellos de plata. El hecho es que finalmente lo expropió el gobierno y lo está explotando. Como a todos nosotros.

 

Una historia política

- Miguel Bavo

Hubo una vez, no hace mucho tiempo, en un país no muy lejano, un sultán venerable que solía decir que su gobierno funcionaba a las mil y una maravillas y un venerable visir (que aspiraba a gobernar y ocupar así el puesto que por entonces ocupaba el sultán) que argüía que las cosas de la nación no podían ir peor pero que él tenía la solución para que todo mejorase. Tanto insistió el visir en su propaganda que, un día entre los días, el califa de aquellos reinos lo nombró sultán y al antiguo sultán lo nombró visir.

No tardó mucho el nuevo sultán en ufanarse del gran cambio que había dado el país bajo su mando. Ahora, decía, las cosas de la nación iban realmente bien. Pero el antiguo sultán, y entonces visir, comenzó a propagar la opinión de que las cosas marchaban hoy mucho peor que antes y pedía al califa que le honrara con la devolución de su anterior cargo. Tanto insistió que, un día entre los días, el califa lo restituyó en su antiguo puesto. Y la misma historia se repitió una y otra vez entre el sultán y el visir y, más tarde, entre sus descendientes.

Cosas así, por fortuna, sólo pasan en los países no democráticos, donde el pueblo no es soberano y, por tanto, ni pincha ni corta en cuestiones de Estado.

 

Tranvía

- Andrea Bocconi

Por fin. La desconocida subía siempre en aquella parada. “Amplia sonrisa, caderas anchas… una madre excelente para mis hijos”, pensó. La saludó; ella respondió y retomó su lectura: culta, moderna.

Él se puso de mal humor: era muy conservador. ¿Por qué respondía a su saludo? Ni siquiera lo conocía.

Dudó. Ella bajó.

Se sintió divorciado: “¿Y los niños, con quién van a quedarse?”

 

Un sueño 

- Jorge Luis Borges

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. En la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de maderas y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mi escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular...El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben.

 

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