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La razón de mi agradecimiento

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Por Felix Ojeda Reyes

Publicado: lunes, 18 de septiembre de 2017

Poco antes de su infame asesinato, el fundador y jefe del Ejército Popular Boricua nos envió una carta que he conservado como reliquia en paño antiguo. En ella dice: “siempre he estado por saber de tu raíz familiar por la razón que se desprende de nuestros apellidos. Pero nunca he podido establecer un vínculo, aunque a decir verdad, tampoco he tenido la oportunidad de investigar a fondo. Quizás haga falta un Félix Ojeda o un Estrade para saberlo”. 

Lamentablemente, Filiberto Inocencio Ojeda Ríos (1933-2005) murió con el deseo de averiguar si estábamos emparentados. “Nuestra cepa de los Ojeda –confiesa en la carta que conservo—es de un campo de Naguabo que lleva el nombre de Brazo Seco. En realidad era un lugar hermoso, a pesar de su nombre”. (Brazo Seco forma parte del llamado Barrio Río y según el informe del Censo de 1930 unas 788 personas vivían en esa demarcación). 

Aquí y ahora debo informar que mis progenitores, los dos, también nacieron en la misma comarca, en el oriente de la patria, donde la isla se eleva “como una rosa roja en su color más intenso”. Don Félix y don Inocencio, nuestros respectivos padres, estaban emparentados, eran primos y mantuvieron siempre una correcta amistad.

El 23 de septiembre de 2005, cuando se conmemoraba el 137 aniversario del Grito de Lares, apostados en un campo del sector Plan Bonito, en Hormigueros, agentes del FBI asesinaron a Filiberto. “Murió desangrado”, informa el querido amigo Luis F. Abreu Elías y seguidamente añade que el FBI entregó una escena alterada, prohibiéndole al Departamento de Justicia de Puerto Rico entrevistar a los asesinos. 

Semanas antes del infame asesinato recibí la visita de un emisario suyo. Irradiando buenas vibras el enviado me decía: “El Viejo quiere verte”. Recuerdo que contesté: cuando sea, como sea y donde sea. 

He podido concluir que Filiberto nos quería entregar, para pronta publicación, un diario del general Antonio Valero de Bernabé (1790-1863), el puertorriqueño amigo de Bolívar, una de las grandes figuras de la independencia de nuestra América. Pero Valero, “cuya vida fue una odisea de martirios y una epopeya de victorias” –al decir de Mariano Abril, su biógrafo, también sobresalió en la guerra de independencia de España contra la ocupación francesa a principios del siglo XIX. 

En 1827, cuando se hacía inminente la guerra entre España e Inglaterra, Bolívar concibe su proyecto de llevar la guerra a la región del Caribe. Interesaba El Libertador arrancarles la isla de Puerto Rico que serviría de escala para llegar a La Habana. Y Bolívar posó sus ojos en Valero, pues el boricua “sería uno de los libertadores de su país natal,” en palabras del propio Bolívar.

Imagino que los francotiradores incautaron el Diario y lo tienen depositado en alguna oficina de la capital federal. Las organizaciones culturales de Puerto Rico están obligadas a recuperar y publicar el valioso manuscrito del general Valero. Sugerimos una edición de lujo, dedicada al fundador y jefe del Ejército Popular Boricua, pues el culto a los héroes debe de ser “la religión de los pueblos”.

 

*

Nunca conocí a Filiberto. Nunca estreché su mano. Nunca nos dimos un abrazo en señal de afecto o cariño. Pero guardo entre mis papeles una multiplicidad de documentos –de su puño y letra— cuando él se desempeñaba como sub-jefe de la Misión de Puerto Rico en Cuba (MPI) y delegado alterno de la Organización de Solidaridad de los pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), la entonces llamada Tricontinental, fundada en La Habana en enero de 1966. Esos escritos muy pronto se darán a conocer.

Claridad, el periódico de la independencia, reproduce a continuación, de manera íntegra, la carta de Filiberto fechada el 25 de julio de 2005 –día cuando algunos puertorriqueños conmemoraban el llamado “estado, libre, asociado”:

 

25 de julio de 2005

Puerto Rico

Compañero Félix Ojeda

Río Piedras, PR

 

Querido compañero:

A veces la vida da muchas vueltas y acerca a algunos seres humanos, aun estando distantes y en actividades desconectadas unas de las otras. Te digo esto porque llevo, en mi vida revolucionaria más de 40 años sabiendo de ti, de tus estudios, de tus logros y de los extraordinarios aportes que has realizado para difundir la verdadera historia de nuestro pueblo en lucha, y muy particularmente aquellos aspectos relacionados con las vidas de, en primer lugar, Betances, al igual que de Hostos y muchos otros.

Estando yo en Cuba, en el 1965, activo como sub-jefe de la Misión Permanente de Puerto Rico en Cuba y Delegado Alterno de la Organización de Solidaridad para los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), era informado de tu participación en Praga como representante de la FUPI en la UIE. Naturalmente, siempre he estado por saber de tu raíz familiar por la razón que se desprende de nuestros apellidos. Pero nunca he podido establecer un vínculo, aunque a decir verdad, tampoco he tenido la oportunidad de investigar a fondo. Quizás haga falta un Félix Ojeda o un Estrade para saberlo.

Viviendo yo en el Viejo San Juan a finales de la década del 1940, en una calle que daba hacia la Norzagaray, si mal no recuerdo, había un taller de reparación de maquinillas que pertenecía a Andrés Ojeda. No sé por qué pensé que a lo mejor tu ramal tenía esa procedencia, o quizás la de Juanita Ojeda en Jayuya. Bueno, simple curiosidad. Nuestra cepa de los Ojeda es de un campo de Naguabo que lleva el nombre de Brazo Seco. En realidad era un lugar hermoso, a pesar del nombre. De todos modos, aún tengo esa curiosidad.

Al pasar de los años he tenido el placer de cruzar caminos con persona cercanas a ti, que siempre me han hablado (por cierto con mucho orgullo y afecto) de cómo estás y de tus logros, que han sido muchos y muy destacados. Por el nombre común pues yo me he sentido orgulloso. Recientemente le hice un regalo a un alto funcionario de América Latina que consistió en un libro tuyo que lleva por título Peregrinos de la libertad, y para evitar complicaciones, en la dedicatoria lo firme “F. Ojeda” (naturalmente con una explicación al destinatario).

Tus trabajos históricos, al igual que los de otros amigos investigadores e historiadores han sido muy útiles para profundizar la conciencia puertorriqueña de nuestro pueblo, al igual que para lograr una mayor objetividad en los trabajos y escritos que nosotros hacemos. Unos, para establecer estrategias estrechamente vinculadas a nuestra realidad histórica, y otros para instrumentar líneas de acción revolucionaria.

Lo que motiva todos estos comentarios es que te estoy enviando copia de un documento que he preparado y que estamos a punto de difundir en América Latina y en Puerto Rico. Tu aporte, al igual que el de Paul Estrade, José Ferrer Canales (a quien le había dedicado el trabajo desde antes de su fallecimiento), Marisa Rosado y otros, como podrás ver al dar lectura a nuestro documento, ha sido fundamental. Esa es la razón de mi agradecimiento, que es inmenso.

Por lo demás, como no tengo la dirección de Estrade, y si no es un abuso de confianza, te voy a solicitar encarecidamente que le envíes lo que incluyo con su nombre, que es esencialmente lo mismo y una carta agradecida.

No pierdo las esperanzas de poder conversar contigo en algún momento. Quizás el documento te pueda dar, más o menos, una indicación de las motivaciones políticas, además de la satisfacción del abrazo revolucionario agradecido correspondiente y el intercambio sobre muchos asuntos que nos competen como patriotas y luchadores.

Mientras tanto, va, con afecto revolucionario y patriótico, el abrazo espiritual y los mejores deseos para ti y para todos tus familiares.

 

Filiberto Ojeda Ríos

(firmado)

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