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Anotaciones sobre el Grito de Lares

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Por Joaquin G. Chévere Rivera

Publicado: martes, 11 de septiembre de 2018

A nuestros luchadores, de todos los tiempos.

 

El día 23 de septiembre de 1868 es un día glorioso en nuestra historia. Ese memorable día en el histórico pueblo de Lares, cientos de puertorriqueños dando muestra de valor y sacrificio defienden la libertad de nuestra Tierra. Por vez primera en nuestra historia, los puertorriqueños se levantan en armas para exigir su derecho a la independencia. Tres grandes aspiraciones dan vida a este movimiento… liberación política, independencia económica y la abolición de la esclavitud. Este fue el comienzo de una revolución política y social, que por diversas circunstancias históricas, no pudo realizarse.

No es fácil para un pueblo tomar el camino de la violencia revolucionaria. ¿Cuáles motivos y razones tuvieron aquellos hombres y mujeres para tomar tan difícil decisión? ¿Cuál era la situación de nuestro pueblo en aquella época? ¿Por qué fue un fracaso militar? ¿Cuáles fueron sus consecuencias? En forma breve trataré de contestar estas interrogantes.

Primero, examinaremos la situación política de la época. Desde el año 1508, que España comienza la colonización, y durante casi cuatro siglos nuestro país sufre de toda la problemática de su condición colonial. Quienes mandaban en nuestra tierra eran los españoles. Gobernantes y leyes impuestas para beneficio de ellos. Podemos afirmar que, con excepción de breves intervalos de liberalismo español, nuestro país estuvo regido por un gobierno absolutista de tipo colonial. Inútiles y frustrantes fueron las múltiples gestiones a favor de reformas que aliviaran nuestra situación. Igual suerte tuvo nuestra ejemplar campaña abolicionista. Los resultados siempre eran los mismos: promesas. Mientras tanto, ya en el siglo XIX, se agravaban los problemas del País. Crecía el descontento popular. Quien mejor nos ilustra esta situación es el Dr. Ramón E. Betances y Alacán cuando dice: “España no puede dar lo que no tiene”. Palabras que denotaban una plena conciencia de la naturaleza absolutista e imperialista del régimen español.

Eso no lo era todo. ¿Cuáles eran las condiciones económicas y sociales en que vivía nuestro pueblo? Consecuencia directa de nuestra situación colonial, fue el siempre ser objetos de explotación económica, a la vez que fortaleza militar para defender los intereses del imperio español. Era la época en que regía la economía mercantilista, orientada a obtener el mayor provecho posible de nuestra población y recursos naturales. Víctimas de esta situación de injusticia serán los jornaleros, los campesinos y los esclavos, que constituían la base de nuestra clase trabajadora. También los pequeños comerciantes y hacendados puertorriqueños estaban sometidos a continuas imposiciones de onerosas contribuciones. Eventualmente esto los llevaría a la ruina económica. Es precisamente en defensa de esa masa explotada por el sistema, que levantarán sus voces de protesta los líderes máximos del Grito de Lares, (y todos los que le siguieron) el licenciado Segundo Ruiz Belvis y el doctor Ramón E. Betances y Alacán. La reacción del gobierno español fue la esperada. Como siempre ha ocurrido en la historia; aquellos que se atreven a luchar por la justicia, terminan siendo víctimas de toda clase de injusticia. Nuestros próceres sufrirán todas las formas de opresión: campañas de descrédito, calumnias, amenazas y, por último, lo más doloroso para quien, como ellos amaban su patria, el destierro. 

Esa era nuestra situación histórica para el año 1867, cuando el entonces gobernador Marchesi ordena el destierro del licenciado Ruiz Belvis, del doctor Betances y Alacán y de un grupo de patriotas identificados con la misma causa.

Salen rumbo al exilio; primero a Santo Domingo y luego a Nueva York, donde se reunirán con un grupo de revolucionarios (exiliados también) puertorriqueños y cubanos. Allí todos tomarán (después de profundo estudio) la decisión que haría historia: “Era inútil gastar tiempo, trabajo y dinero en esperar buena fe del gobierno español”. Sabias palabras del doctor Betances. Acuerdan organizar la revolución desde afuera ya que, de momento, no podían desde Puerto Rico. Ruiz Belvis marcha a Chile en busca de apoyo para el movimiento. Al poco tiempo de estar allí, aparece muerto de forma misteriosa en el cuarto de hotel donde se hospedaba. Él fue una de las primeras y más valiosas víctimas del imperialismo que ha sufrido nuestra lucha. Betances se conmueve con la dolorosa noticia. Ahora tendría una razón más para continuar luchando.

Estamos en el año 1868. Hasta ahora todo marcha bien. Tenemos una hermosa bandera ideada por el doctor Betances y bordada por Mariana Bracetti. Un himno revolucionario que es un llamado a la lucha por la libertad de nuestro pueblo, obra de nuestra gran poetiza Lola Rodríguez de Tió. En Puerto Rico se conspira, es decir, se organiza la revolución. Ya se han logrado establecer Juntas Revolucionarias en Lares, San Sebastián, Mayagüez, Camuy y Ponce. Además había siete Juntas en proceso de formación. Desde afuera, el doctor Betances aúna esfuerzos, hombres, armas y un barco, El Telégrafo. Como gran líder que es, mantiene contacto con su pueblo. Sus proclamas incendiarias mantienen un gran espíritu de lucha en los patriotas. “Los grandes sólo son grandes porque estamos de rodillas; levantémonos”. “Querer ser libre es comenzar a serlo”. Su histórica proclama de los Diez Mandamientos de los Hombres Libres expresa claramente la ideología democrática que motivaba la revolución. Así se expresaba ese gran hombre. 

Llega el momento decisivo, nuestros patriotas se comprometen con un juramento: a “Trabajar por la independencia de Puerto Rico, mientras me quede un átomo de vida”. La fecha de la rebelión será el 29 de septiembre. Pero lo inesperado ocurre. Hay delaciones de agentes españoles que se habían infiltrado en el movimiento revolucionario. Comienzan los arrestos masivos de los nuestros. Mientras esto ocurría en Puerto Rico, el doctor Betances estaba incomunicado en Santo Domingo. El tiempo apremia. Ante tan difíciles circunstancias, se reúnen los revolucionarios y analizan la situación. Optaron por lo más valiente: seguir adelante con el compromiso, sólo que actuarían con más prudencia. Tendrían que adelantar la fecha para el golpe. La nueva fecha sería el 23 de septiembre.

Volvamos de nuevo a Santo Domingo. El entonces presidente de ese país Buenaventura Báez, bajo fuertes presiones del gobierno español, le prohíbe la salida a Puerto Rico al doctor Betances y a un gran contingente que ya estaba preparado para venir a pelear junto a los nuestros. En Santo Tomás, el barco El Telégrafo era decomisado. Todo el plan represivo del gobierno español se había ejecutado. En nuestro país, llega la madrugada del día esperado por todos, el 23 de septiembre de 1868. Transcurre el día organizando la insurrección. Todos reiteran su juramento. Nuestro ejército libertador es dirigido por don Manuel Rojas y formado en su mayoría por hombres y mujeres humildes, jornaleros y campesinos. También pequeños hacendados puertorriqueños. Cae la noche. Se dirigen desde el barrio Pezuelas hasta el pueblo de Lares. Pelearon y lograron sus primeras victorias. Ese fue un día de triunfo. ¡Viva Puerto Rico Libre! ¡Abajo los Impuestos!; serán gritos de lucha y combate de los patriotas. Tomaron el pueblo y con entusiasmo patriótico proclaman con orgullo nuestra independencia nacional. Constituyen el primer gobierno provisional de la República, que tendrá como presidente a don Francisco Ramírez Medina. Emiten decretos de gran importancia. Cabe mencionar dos. Primero, el que afirmaba que todo esclavo que se uniera a la revolución sería tratado como hombre libre. En la práctica, abolía la odiosa esclavitud. El otro, abolía el odiado sistema de libretas que mantenía en servidumbre a miles de puertorriqueños. La Revolución demostraba así su gran preocupación por los oprimidos. A media noche, terminados los actos oficiales del nuevo gobierno, marcharían todos a la iglesia a darle gracias a Dios por el triunfo alcanzado. Hermoso gesto.

Transcurre el tiempo y llega el 24 de septiembre. Se mueven a San Sebastián a continuar la lucha. Allí aconteció lo más doloroso. Los españoles, que hacía tiempo estaban enterados de los planes revolucionarios, los estaban esperando con el grueso de sus tropas. Fueron momentos difíciles. Los nuestros dieron una gran demostración de valor y heroísmo. Sin embargo, el combate era muy desigual. La ventaja numérica, la superioridad en la preparación militar y armamentos, además de la falta del elemento sorpresa en la rebelión, fueron factores que pesaron terriblemente en contra de los patriotas. Muchos murieron, otros resultaron heridos. Aquellos que sobrevivieron se van a las montañas y resisten como valientes. Sufrirán la represión brutal del gobierno español. El desenlace fue doloroso para los nuestros. Combatiendo en Lares, San Sebastián y pueblos cercanos mueren 20 patriotas. Resultan decenas de heridos. Muchos sufren torturas, entre ellos don Manuel Rojas, jefe del Ejército Libertador. Cientos que fueron encarcelados sufren las consecuencias de una epidemia que causaría la muerte de 80 de ellos. Entre los que mueren combatiendo estaban: Baldomero Bauren, Matías Brugman, Leopoldo Plumey, Manuel de León, Venancio Román, Casto Santiago, N. Santiago, Francisco Santana y Bautista Toledo. También recordemos al héroe Manuel Rosado, El Leñero, portador de la bandera de Lares y al mártir Joaquín Parrilla, el que nunca se rindió. Esta es una muestra mínima, ya que la lista es extensa. Todos mueren como héroes luchando por la independencia de nuestra patria. Tampoco olvidemos a los muchos patriotas que se vieron obligados a seguir el triste camino del exilio.

Sacerdotes comprometidos y mujeres sensibles logran promover en nuestro país un fuerte movimiento encaminado a exigir la libertad de los patriotas. Coincide este justo reclamo con el derrocamiento de la monarquía de la reina Isabel II en España. Transcurridos tres meses, el nuevo gobierno liberal español concede la libertad a los rebeldes.

A pesar de la derrota militar de la revolución, cabe preguntar: ¿Cuáles fueron las consecuencias inmediatas y posteriores del Grito de Lares de 1868? Nuestros historiadores reconocen que tuvo una repercusión política positiva sobre las relaciones de España con Puerto Rico. Irá cediendo la intransigencia del absolutismo. Se inicia la concesión de reformas tantas veces rechazadas. Citemos ejemplos: en 1870, por primera vez, se nos concede el derecho a organizar partidos políticos. Como era de esperarse, se prohibían los partidos que promovieran la independencia. En 1873 se otorgó lo que tanto sacrificio y luchas había costado: la Abolición de la Esclavitud. Ya para el 1897, tras largo batallar y bajo el recuerdo imborrable del Grito de Lares, España se ve obligada a concedernos la Carta Autonómica que nos concedía gobierno propio. Reconocía ciertos derechos y representación política en las Cortes Españolas. A la vez, permanecíamos dentro de la soberanía española. Fue un paso adelante pero no se lograba la gran aspiración de la Revolución de Lares: la independencia de nuestra Patria.

Hoy tenemos una poderosa razón más para peregrinar a Lares. Fue precisamente el 23 de septiembre de 2005, que los mercenarios agentes del FBI de Estados Unidos asesinaron vilmente a nuestro querido Filiberto Ojeda Ríos; otro mártir de nuestra centenaria lucha. Se repite la dolorosa historia. Ayer fue España, hoy es el imperio yanqui quien persigue, encarcela y mata a nuestros luchadores. Como siempre, cuando las víctimas son independentistas, los crímenes quedan impunes.

Y por último, ¿qué significación ha tenido el Grito de Lares en el siglo XX y XXI para Puerto Rico? Desde la década de los años 30, el Maestro Pedro Albizu Campos inició la honrosa tradición de peregrinar a Lares todos los días 23 de septiembre para honrar la memoria de los héroes y mártires que nos legaron nuestra Patria. He sido testigo, desde 1968 que conmemoramos el primer centenario, de cómo ese redescubrimiento de Lares ha calado hondo en el movimiento patriótico. Crece el entusiasmo y se aviva más nuestro espíritu de lucha. Se fortalece nuestra fe en el triunfo definitivo de los ideales que inspiraron el Grito de Lares: la independencia política y la justicia social para nuestra Patria; Puerto Rico.

 

El autor es maestro de historia de Puerto Rico.

 

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