Opinión / Editorial

Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentarios

Grito de Lares: 150 años después

Publicado: martes, 11 de septiembre de 2018

El próximo 23 de septiembre se celebra el 150 aniversario del Grito de Lares, la primera gran gesta independentista del pueblo puertorriqueño. Y como todos los años, quienes hoy día aún luchamos por una patria puertorriqueña libre, soberana, justa, próspera y verdaderamente democrática, nos daremos cita en la Plaza de la Revolución para rendir honor a las y los patriotas que abrieron esa primera brecha en el tránsito de nuestro pueblo hacia su libertad.

Celebrar a Lares es celebrar la Patria. Todo lo que nos define como puertorriqueños y puertorriqueñas. Lo que nos une en común identidad y sentimiento. Indudablemente, la principal motivación de quienes acuden a Lares cada 23 de septiembre es reafirmar la convicción de que la independencia es un paso absolutamente necesario para la sobrevivencia futura de nuestra nación puertorriqueña. No puede haber libertades individuales plenas, ni democracia, ni justicia, ni desarrollo propio mientras prevalezca en nuestro país el sistema colonial que nos sojuzga y nos hace dependientes de un poder extranjero. La independencia es el único remedio que existe para el colonialismo al que nuestro pueblo ha estado sometido por casi seiscientos años, los últimos 120 de estos bajo la ocupación del gobierno de Estados Unidos de América. 

Pero también es cierto que, en la coyuntura actual, el colonialismo estadounidense ensaya una nueva forma de ocupación a través de la Junta de Control Fiscal (JCF), cuya agenda de austeridad extrema y entrega de nuestros recursos asfixia y debilita a los más amplios sectores de nuestro país. Mientras, el gobierno colonial de turno, encabezado por el Gobernador, Ricardo Rosselló, la Comisionada Residente, Jennifer González, y el liderato de su Partido Nuevo Progresista (PNP) concentra su principal esfuerzo en empujar su irracional agenda anexionista en Wáshington, para lo cual depende de impulsar la cada vez mayor dependencia de nuestro pueblo de los recursos del gobierno federal.

Por esas y otras razones, la celebración del Grito de Lares cobra este año una importancia especial. No hay que ser independentista para celebrar el Grito de Lares. El momento de iluminación patriótica que ocurrió allí hace 150 años nos sirve a todos y todas para internalizar los signos de nuestra común nacionalidad, un sentimiento profundo con el cual se identifica la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Convertir la celebración de este año en un acto simbólico de convergencia de puertorriqueños y puertorriqueñas orgullosos de serlo por encima de todo, sería enviar un poderoso mensaje de afirmación patriótica que no pasaría desapercibido para el Congreso de Estados Unidos y la administración Trump, ni tampoco para la parasitaria Junta de Control Fiscal (JCF) y el gobierno apátrida de Ricardo Rosselló y el PNP.

La histórica división entre las fuerzas patrióticas, sobre la mejor manera de alcanzar el objetivo común de la independencia y una mayor justicia social en Puerto Rico, tiene su raíz en nuestra larguísima condición de colonia de dos imperios. En igual medida poderosa debe ser nuestra vocación de continuar impulsando la unidad de nuestras fuerzas por encima de todo. Hace 45 años, y a propósito de la celebración del 105 aniversario del Grito de Lares, el entonces secretario general del Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) y fundador de CLARIDAD, Juan Mari Brás, utilizó su turno en la tribuna para hacer un llamado a la unidad del Movimiento Patriótico en torno a la celebración del Grito de Lares. En aquella ocasión, se celebraron siete actos separados, uno detrás del otro, convocados por igual número de organizaciones indispuestas a nuclearse en un acto común. Aduciendo diferencias estratégicas y tácticas, la tribuna de Lares se convirtió en un penoso desfile de división. Con la entereza que lo caracterizó, así lo denunció Mari Brás durante su mensaje: “Este país no va a ser libre, independiente, si los independentistas no nos disponemos a trascender los atavismos tribales”. 

Los problemas que enfrentaba nuestro pueblo entonces eran muy similares a los de hoy. La misma dependencia del Imperio. La misma sujeción a sus vaivenes, intereses y prioridades. La misma explotación de nuestros recursos. La misma fuga de ganancias. El mismo capital extranjero dominándolo todo, endeudándolo todo, y creando el enorme abismo de desigualdad e injusticia que el paso del huracán María el año pasado ha dejado evidenciado en toda su crudeza. Poco ha cambiado del 1973 hasta acá, como no sea que se han recrudecido la explotación, el despojo, la corrupción y la desfachatez de los políticos coloniales, y el deterioro en todos los órdenes de nuestra vida de pueblo, siempre marcada por la violencia inherente al dominio colonial. 

Mari Brás preclaramente nos advirtió que, ante este panorama que ha sido constante durante los 120 años de ocupación norteamericana en nuestro país, la unidad de las fuerzas patrióticas es el objetivo más importante que debe alcanzarse para potenciar un salto cualitativo en la consciencia de nuestro pueblo sobre la independencia y los demás asuntos apremiantes que confronta. 

“La independencia de Puerto Rico es una meta, una esperanza de toda la puertorriqueñidad, con las únicas, contadas excepciones de aquellos que, formando la costra parasitaria de servidores incondicionales de la intervención extranjera, se han lucrado como tales al precio de una traición a su patria, y se han colocado por sus propios hechos al margen de la puertorriqueñidad.”, señaló. 

A nuestro querido pueblo, cuya puertorriqueñidad profunda y desbordada se vuelca espontáneamente desde todos los sectores en cada ocasión que así lo amerita, el Grito de Lares debe servirle como punto de encuentro e inspiración. También, como plataforma de lucha y denuncia a quienes todos los días experimentan en carne propia los abusos de la JCF y del gobierno de Rosselló y el PNP. La primera, la más reciente y burda expresión del régimen colonial de intervención y control de Estados Unidos sobre Puerto Rico. El segundo, el ejemplo más flagrante en nuestros días de la “costra parasitaria de servidores incondicionales de la intervención extranjera” sobre la que nos advertía Juan Mari Brás. 

Un “Lares” de participación entusiasta y unitaria, donde prevalezca un clima de diálogo, entendimiento y respeto por las diferencias sería la respuesta más contundente de nuestro pueblo en este momento, ante la ofensiva y acecho de nuestros enemigos. CLARIDAD, Periódico de la Nación Puertorriqueña, les exhorta a celebrar en grande el 150 aniversario del Grito de Lares, el domingo, 23 de septiembre. 

 

  (1) Comentarios




claritienda Espiritismos