Opinión / Editorial

Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentarios

Editorial: El reto de los huracanes

Publicado: lunes, 18 de septiembre de 2017

Al cierre de esta edición, el País está en frenética carrera por el anuncio de que un nuevo huracán, María, estará llegando a nuestras costas durante los próximos días. Esta vez los pronósticos son severos, con el centro del  huracán atravesando a Puerto Rico desde el sureste hasta el noroeste, y fuertes vientos y lluvias copiosas que pueden añadir más daños a nuestra ya maltrecha geografía, y consecuencias humanas y económicas impredecibles e incuantificables.

Este nuevo y enorme reto, a tan pocos días del paso del huracán Irma, debe convertirse en sacudión a la conciencia colectiva de nuestro pueblo. Ya no se trata solamente de las inconveniencias menores que el paso de estos fenómenos siempre representan para la población. Estamos ante la posibilidad de un evento que altere por largo tiempo la convivencia entre nosotros, habida cuenta de la extrema debilidad de nuestra infraestructura eléctrica y de agua, y de la fragilidad de algunas de nuestras carreteras y autopistas, tanto tiempo abandonadas a su suerte. Si a eso se le suma la precariedad en que viven algunos de nuestros compatriotas en muchos barrios y comunidades y  la austeridad presupuestaria en las arcas públicas y municipales impuesta por la Junta de Control Fiscal (JCF)- y la situación de quiebra fiscal en que está Puerto Rico- la emergencia podría convertirse en la realidad cotidiana de nuestra vida  por los próximos meses.

Por eso, el  impacto de María tiene el potencial de convertirse en uno de esos momentos en que los pueblos se sacuden de la modorra y la complacencia, y maduran de un tirón lo que no lo  han hecho en siglos. Y no debemos desaprovechar esa oportunidad.  Para ello tenemos el ejemplo de países cercanos al nuestro y cómo manejan estos fenómenos que son parte de la realidad de vivir en la región caribeña. Para insuflarnos de optimismo cuando éste  nos falte durante los próximos días, sigamos atentos al ejemplo de Cuba- donde el huracán Irma arrasó con toda su fuerza, y donde ya, por el esfuerzo de su gente junto a su gobierno y sus organizaciones de masas, y haciendo acopio de su proverbial voluntad y tesón, se han levantado en masa  individuos, comunidades y provincias para la inmensa tarea de la reconstrucción, con el ánimo lleno de fe y sin miedo al trabajo o a las dificultades.

Es cierto que la gestión gubernamental –tanto  local como nacional– es un factor primordial,  no sólo para brindar seguridad a la población, sobre todo a los sectores que viven en áreas vulnerables al embate de la lluvia, las marejadas o los vientos, sino también en el manejo de las secuelas inmediatas del huracán y durante la recuperación, y el sostenimiento de la convivencia civil una vez pasado el fenómeno. 

Pero no es menos cierto que cada persona, cada familia, cada vecindario y cada comunidad tiene una responsabilidad que cumplir, y una cuota de sacrificio que hacer, para contribuir a la recuperación colectiva, y al sostenimiento de la moral y la sana convivencia.  En ello no ayudan la histeria, ni el acaparamiento de productos de primera necesidad, ni las actitudes de individualismo y egoísmo que afloran en algunas personas ante la posibilidad de confrontar escasez o incomodidad.  Los generadores eléctricos, por ejemplo, que son convenientes porque permiten seguir operando neveras y abanicos, entre otros enseres, tienen que ser usados con responsabilidad y conocimiento de los riesgos que su uso implica. No es civilizado que unos pocos pretendan vivir como si el huracán no hubiese pasado, a costa de que sus vecinos no puedan descansar en sus hogares por el ruido infernal de los generadores. Tener prudencia y seguir las reglas de seguridad en el uso de generadores, estufas y lámparas de gas, entre otros artículos para emergencias, no sólo puede abonar a la paz social entre vecinos, sino también evitar accidentes peligrosos con consecuencias fatales, como algunos de los que lamentablemente se registraron tras el paso del huracán Irma. 

Tampoco es civilizado exhibir nuestro coraje mal dirigido  a quienes no son responsables de nuestro malestar. Ni las brigadas de trabajadores de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), que trabajaron día y noche para restaurar el servicio eléctrico tras el paso de Irma, y mucho menos el presidente de la UTIER, Ángel Figueroa Jaramillo, tenían por qué aguantar los desplantes e insultos de grupos de personas desagradecidas, sin ser ni haber sido ellos los responsables por las décadas de malas decisiones y prácticas cuestionables que han llevado a pique a la AEE. 

Por otro lado, las actitudes de brazos caídos o de extrema dependencia que asumen algunas personas y vecindarios con respecto a los servicios del gobierno también tienen que cambiar. Hay que recordar que la emergencia es para todos y los servidores públicos y sus familias también comparten la situación. Así que a cada cual debe ocurrírsele comenzar a ordenar y limpiar sus casas, patios y aceras, o las áreas comunes en sus vecindarios y comunidades, y organizar los escombros no peligrosos a ser recogidos por las brigadas de limpieza. No hay que esperar por nadie para que haya un mínimo de orden a nuestro alrededor. 

Durante la emergencia por el paso de Irma, fue notable la falta de presencia pública y de empatía de importantes figuras de distintos sectores de nuestra sociedad. Tras el paso del huracán, la reacción de buena parte de nuestro liderato en todas las esferas, así como de amplios sectores de la población, ha sido de “shock”; como si no pudieran entender o aceptar la realidad de este Puerto Rico desprovisto, con toda su pobreza y debilidades expuestas, tan antagónico a la imagen  de “isla de la fantasía y la abundancia” con que algunos pretenden enterrar la cabeza en el suelo como el avestruz para no ver más allá de sus narices. 

Los puertorriqueños y puertorriqueñas tenemos la madera para superar exitosamente los retos y las dificultades. De ahora en adelante, y mientras dure la emergencia,  estaremos inmersos en nuestra otra vida –la no refrigerada, la incómoda, la limitada, la que a nadie le gusta soportar. Ése es el reto de éste y de todos los huracanes. Si vamos a superarlo –como en CLARIDAD confiamos que lo superaremos– debemos elevar nuestro nivel de conciencia cívica, para que, pasada la emergencia y de vuelta a la normalidad, los puertorriqueños y puertorriqueñas emerjamos con una mayor sensibilidad y sentido de la solidaridad, con más comprensión y aprecio por la vida colectiva,  y con la fuerza de voluntad para enfrentar valientemente los retos y luchar por el Puerto Rico que queremos y merecemos. 

 

 

 

  (0) Comentarios




claritienda Cartel Yiyo