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Para una Reforma permanente

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Por Marcelo Barros

Publicado: lunes, 23 de octubre de 2017

 

 

 

En esta semana, el mundo y especialmente las Iglesias cristianas celebran los 500 años de la Reforma. El 31 de octubre de 1517 Martín Lutero clavó en las puertas de la catedral de Wittenberg sus 95 tesis para reformar la Iglesia. Ese hecho desencadenó el surgimiento de las iglesias evangélicas. Sin embargo, la reforma protestante fue un movimiento eclesial más amplio y diversificado. Actualmente, cristianos de varias iglesias concuerdan que en la historia occidental, hubo tres grandes movimientos de reforma eclesial. La primera reforma ocurrió en el inicio del segundo milenio (siglos XII y XIII) y fue conducida por Francisco de Asís, Valdo de Lyon, Joaquim de Fiori, Catalina de Siena, entre otros. La segunda reforma habría sido el movimiento protestante. Actualmente, vivimos un movimiento espiritual que es como una tercera reforma. Desde sus inicios, el ecumenismo siempre se ha afirmado como un movimiento de renovación del cristianismo. En América Latina tenemos la convicción de que la renovación de la Iglesia sólo puede tener una dirección: hacer a nuestras iglesias más aptas para cumplir con fidelidad su misión en el mundo. Esa nueva reforma tiene un contenido social y político. En un mundo cada vez más excluyente y desigual, quien cree no puede conformarse con desigualdades sociales y las injusticias sufridas por las minorías raciales, étnicas y sexuales. Si existe Dios y si creemos que Jesús es su enviado, sólo podemos testimoniarlo si trabajamos para transformar ese mundo de acuerdo con el proyecto divino de la paz, justicia y defensa de la creación.

Hace 500 años, Lutero actualizó un dictado medieval que afirmaba: "La Iglesia cristiana tiene por misión renovarse permanentemente". Somos fieles al Evangelio y a la propuesta de Jesús si aceptamos renovarnos, personal y comunitariamente. El eje fundamental de esa permanente reforma es nuestra apertura al mundo y una profunda  sensibilidad hacia los grandes problemas sociales de nuestros países.

Hace 50 años, en Medellín, Colombia, la 2ª conferencia general de los obispos católico-romanos de América Latina lanzó un llamamiento que, hasta hoy, se dirige  a cristianos de todas las Iglesias: "Debemos dar a nuestras Iglesias el rostro de una Iglesia misionera y pascual (una Iglesia que siempre se renueve y se abra al futuro), comprometida con el camino de liberación de toda la humanidad y de cada persona humana en todas sus dimensiones y potencialidades" (Medellín, doc.5 n.15).

 

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