Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentariosVer foto galería

¿Era de lo puertorriqueño?

Ver foto galeríaVisita la foto galería (1)

Publicado: martes, 15 de mayo de 2018

Rafael Acevedo-Cruz

 

En estos días se generó todo un debate por el reconocimiento que le hizo el Gobierno de Puerto Rico al rey del trap Bad Bunny. Y, como todo aquí, el tema se polarizó en dos grandes bloques: los que tomaron al conejo malo como metonimia para denunciar la pobreza y la desigualdad en la que vive la mayoría de la gente en el país –motivo de algunas de las letras del trap– y los que se ofendieron con la premiación. La ofensa de estos últimos recuerda muy bien a los injuriados para allá para los ochenta cuando se propuso ponerle al Centro de Bellas Artes de Santurce el nombre de Rafael Cortijo. El argumento de los ofendidos entonces era que ese nombre era una vejación pues era sinónimo de chabacanería y drogadicción. Cómo son las cosas compay, cantaba una copla precisamente del Maestro, pues yo creo que pocos por no decir nadie se atrevería decir estas cosas de Cortijo hoy.

En definitiva, lo que se le otorgó a Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre de pila del conejo malo, fue un incentivo por ser “un creativo boricua exportando al mundo lo mejor que sabemos hacer en PR, música”. Estas fueron las palabras de Ricardo Llerandi, director ejecutivo de la Compañía de Comercio y Exportación. Es decir, un premio por ser puertorriqueño y por mercadear su puertorriqueñidad a través de la música.

Y así como con Cortijo en los ochenta, lo que salió a relucir fueron temas de raza, género y clase. Pues quien se ofendió con el premio al conejo está defendiendo una puertorriqueñidad blanca, masculina e ilustre, es decir, perteneciente a las familias prominentes del país. Y lo puertorriqueño, pensado desde ahí, hace rato caducó. Incluso, ya no explica todo. Con la crisis social y económica que se ha venido viviendo en Puerto Rico en los pasados cuarenta años, los pobres aquí ya somos mayoría. Y en los barrios hay su gente importante e ilustre también, aunque no se reconozcan en las instituciones estatales o hasta se los criminalice. Lo puertorriqueño ya no es solo la Danza y la literatura del siglo XIX. Como bien lo enseñó la salsa lo puertorriqueño es también lo neoyorquino: y esto incluye a Ray Barreto, a Piri Thomas y muchos otros. De hecho, incluye también el rap y el reggaetón. El rap que nos llegó vía la migración de retorno de puertorriqueños, a mediados de los años ochenta, consumidores y practicantes del Hip-Hop del Bronx y sus experiencias en la gran manzana. Y el reggaetón que nos llegó por vía de la emigración jamaiquina a Panamá, iniciada por la construcción del Canal, del cual muchos puertorriqueños también participaron y hasta murieron. El pugilato con Bad Bunny creo que está marcando, una vez más, el rompimiento con la puertorriqueñidad decimonónica que todavía fundamenta sus reclamos de identidad solo y exclusivamente con algunos sectores intelectuales, políticos y de la élite económica insular. Queda-era. Hacen falta otras categorías para comprender nuestra realidad contemporánea.

 

  (0) Comentarios




claritienda Ruta Betances