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El automóvil, el paro, el olvido

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Publicado: martes, 15 de mayo de 2018

Néstor Rodríguez Morales*

 

¿Aqué huele? ¿Aires de revolución, de violencia, de ira en Puerto Rico? No creo. Posiblemente al vecino se le quemó la chuleta que cocinaba. La que ayer le quedó deliciosa, hoy la quemó por estar viendo las noticias. Puso la chuleta en la sartén, encendió el televisor y se paró frente a este para asegurarse que el canal era el correcto. El problema no fue ni el televisor ni las noticias. El problema fue que se olvidó de la chuleta que estaba en la sartén, la valiosa cena del día. Quedó hipnotizado con las escenas del Paro Nacional del año pasado, la precuela del paro que se llevaría en estos días. Un paro que le pide explicaciones al gobierno por todas las barbaridades y conductas corruptas que se llevan a cabo a diario en este decadente país. Como si fuera poco, dentro de unos pocos días se llevará a cabo una de las asambleas más históricas de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Rio Piedras, y nadie sabe qué sucederá, con los aires tan volátiles como se encuentran. Quizá se pierda la universidad pública, la oportunidad que todos nos merecemos para superarnos y hacernos personas que aporten ideas positivas en el país. Puerto Rico se encuentra en un agujero sumamente profundo del cual quizá nunca salga, y parte de la culpa de todo esto la tiene la llegada del automóvil a Puerto Rico.

 Es claro que la relación entre la situación política actual y la llegada del automóvil a Puerto Rico no es obvia, pero existe y es más estrecha de lo que se piensa. Uno sale a la calle a decir que el automóvil es una maldición, y lo catalogan por loco. ¿Cómo va a ser que ese preciado objeto sea una maldición? La respuesta es sencilla: nadie en Puerto Rico puede tener una vida relativamente normal sin él. Como comenta Rafael Bernabe en Los caminos olvidados, la gran cantidad de automóviles en la isla implica un cambio en la manera de vivir del puertorriqueño (13). Nuestras vidas giran alrededor del automóvil. Si se nos daña el carro es mejor ir en bicicleta al destino correspondiente que esperar por el sistema tan ineficiente de transportación pública del país. Pero no es sólo la ineficiencia la que hace que el sistema de transporte colectivo no sea atractivo, sino que ya es costumbre andar en nuestras propias burbujas de lata, separados de todo ese exterior hostil que fue creado para el automóvil. Nos concentramos primero en nosotros, y segundo en nosotros. El automóvil nos hace sentir libres; “la ciudad que el automóvil nos impone se nos presenta, tras el volante, como el reino del más libre albedrío surgido de la propia voluntad” (Bernabe 15). Por este sentido de voluntad, nos afanamos al automóvil, y lo vemos en ocasiones como el objeto más importante de nuestra vida. Tal importancia llega al nivel de que personas han invertido tiempo valioso de sus vidas para nombrar a sus carros. Me apena que no se den cuenta que el automóvil es un simple pedazo de lata con cuatro gomas y un motor. Claro, cuatro gomas y un motor que te llevan a todos lados en Puerto Rico, porque si no es con éste, no se puede salir de la casa. Con esta mirada desenfocada de que el automóvil equivale a ser libre y eficiente, se han invertido cada vez más recursos y tiempo en construir vías para este. El lugar que se supone que sea público, del caminante, “no está ni pensado, ni hecho para nosotros” (Bernabe 17). Para disimular, el gobierno construye unos puentes peatonales, pero estos no tienen sentido, no van de acuerdo con “las líneas del deseo” del caminante, como establece Sánchez Naudín. “Es un territorio para el automóvil, un mero trayecto” (Bernabe 17). Ese trayecto que antes era dominado por el caminante y por el colectivo que viajaba en los diferentes vehículos de transportación colectiva ahora es dominado por el automóvil. Nos movemos de manera singular, individual, egoísta. Cada uno por su lao’ y que se chave el de al lao’, o me lo llevo enredao’. Contra, eso rimó. Pero, no estamos para rimas, sino para darle cabeza a este asunto del que tan poco se ha escrito. 

Como ahora todos transitamos para nosotros, es decir, de manera solitaria e individual, esas conversaciones y ese compartir que se daba en las paradas y en el trolley ya no se dan. En estas, al igual que un café, se puede hablar sobre un sinnúmero de temas y expresar argumentos sobre lo que sucede en el país. El colectivo puede utilizar estos puntos de encuentro para organizarse y establecer estrategias para luchar contra la política corrupta de este país. Pero no, ni eso nos queda. El automóvil se lo ha llevado todo. No obstante, existe una oposición inusual contra el automóvil que se da todos los jueves y viernes en Rio Piedras y en La Placita, respectivamente. Inusual porque nadie va a hacer una protesta en oposición al automóvil, sino que a esos sitios se va a janguear, beber y vacilar. Mientras más loco el pana de uno se vaya, mejor estuvo el jangueo. Sin embargo, la locura y el desorden que envuelve el jangueo se desata en la calle, en las vías construidas para el automóvil. En estas se reúne el colectivo, “las masas” de Baudelaire, los caminantes oprimidos por el automóvil. No importa si se reúnen para embriagarse o si se reúnen para hablar, el punto es que se reúnen y no permiten el paso de ningún individuo que quiera transitar con su automóvil. Cada jueves y cada viernes, la multitud se reúne y lo desplaza. La multitud, en su subconsciente, se da cuenta, que no se necesita el automóvil, que se pasa mejor sin él, y es en ese momento que nos olvidamos de nosotros como individuos y pensamos en colectivo. Entonces, si esta maravilla sucede en las reuniones de la multitud destinadas al desastre, es decir, los jangueos, ¿qué hubiese sucedido si nunca se hubiese sustituido el pensamiento colectivo por el individual? Quizá no estaríamos como estamos, con todos estos problemas socioeconómicos por los cuales atraviesa la isla. Quizá sí, después de todo, el gobierno nunca dejará de ser corrupto. Sin embargo, de lo que sí podríamos estar seguros es que se pensaría de una manera más colectiva, y el gobierno lo pensaría dos veces antes de desatar el caos porque, después de todo, la multitud es la que domina. 

 

Referencias

Bernabe, Rafael. “Los caminos olvidados.” La maldición de Pedreira (Aspectos de la crítica

 romántico-cultural de la modernidad en Puerto Rico), Ediciones Huracán, 2002, pp. 12-25.

Sánchez, Jorge. “Ciudad, urbanismo y urbanización.” blogURBS, 6 sept. 2017, http://www2.

 ual.es/RedURBS/BlogURBS/ciudad-urbanismo-y-urbanizacion/

 

*Néstor Rodríguez Morales es estudiante de la Universidad de Puerto Rico. El texto publicado es una reflexión a partir de algunas lecturas del curso Literatura y ciudad y su experiencia vital del 1ro de Mayo.

 

 

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