Opinión / Editorial

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Poder comunitario ante la pobreza y la desigualdad

Publicado: martes, 15 de mayo de 2018

Quizá la más perversa consecuencia de la etapa voraz del capitalismo que vive el mundo es la llaga cada vez más profunda de la desigualdad. El espacio entre el 1% que acapara todas las riquezas y el 99% que recoge los despojos y las sobras del gran capital es cada vez más ancho. 

En Estados Unidos, por ejemplo, la desigualdad y la concentración de riqueza en cada vez menos manos son tan pavorosas que la opinión pública se estremeció cuando salió a la luz el más reciente estudio del Institute for Public Policy, un conocido “think tank”con sede en Washington, a fines del año pasado. Según dicho estudio, tres estadounidenses –Bill Gates, fundador de Microsoft, Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon y Warren Buffet, fundador de Berkshire Hathaway y dueño de acciones en más de un millar de corporaciones– combinan entre sí más riqueza que el 50% menos rico de la población de dicho país, compuesto aproximadamente por 160 millones de estadounidenses. De hecho, la Revista Forbes celebró el 2017 como “otro año récord para las personas más ricas en Estados Unidos”. Esto ocurre al mismo tiempo que el 20% de los hogares en dicho país tienen indicadores de riqueza en cero o -cero.

El disloque social y el crecimiento en la brecha de desigualdad económica y social que ha provocado este sesgo inconcebible fue tema obligado durante la primaria del Partido Demócrata del 2016, cuando el senador Bernie Sanders, retador de la ex secretaria de Estado Hillary Clinton por la candidatura presidencial por dicho partido, sacó a la luz este tema del que casi nadie hablaba catapultándolo al tope de la discusión pública en Estados Unidos. Tanto así que hace apenas un par de meses el senador Sanders realizó un foro televisado sobre el tema de la desigualdad que capturó una audiencia de 1.7 millones de estadounidenses, una cifra extraordinaria tratándose de un tema de improbable interés hace apenas poco tiempo.

Como Puerto Rico es colonia de Estados Unidos y, por lo tanto, sometido a las políticas financieras, monetarias y de mercado de dicho imperio, y además, está ahogado por una deuda a la que nos empujaron los gobernantes irresponsables de aquí y los buitres de allá, no es de extrañar que la desigualdad, y la pobreza que ésta acarrea, se manifiesten con particular virulencia aquí. Ahora aún más, agravadas por la crisis que nuestro país atraviesa desde hace 11 años, y más aún, por la devastación y pérdida de recursos de todo tipo ocasionada por los huracanes Irma y María. Ante esta realidad, el hecho de que la desigualdad y la pobreza hayan crecido astronómicamente en Puerto Rico no debe sorprender a nadie. 

Al cierre de esta edición de CLARIDAD se daban a conocer los resultados de un estudio sobre el desarrollo humano en Puerto Rico que destapa cómo, a pesar de un aparente acceso de nuestra población a ciertas oportunidades, los indicadores de pobreza y desigualdad se han disparado. La desigualdad y la pobreza no son lo mismo pero van de la mano. Y nuestro país exhibe ciertas características, donde aunque existan accesos para nuestra población a una educación pública gratuita hasta nivel superior, a servicios de salud más o menos asequibles, y a ciertas oportunidades de empleo, aún así miles en nuestro país viven en nivel de pobreza (según los estándares de Estados Unidos) y se les dificulta –por no decir que se les hace imposible– la movilidad social y económica que les permita romper con las limitaciones impuestas por ese círculo vicioso. 

“Ni siquiera el trabajar garantiza el salir de la pobreza”, expresó el Director Ejecutivo del Instituto de Estadísticas de Puerto Rico (IEPR), Mario Marazzi, a una colega periodista que le entrevistó para un diario del País, al explicar cómo en Puerto Rico el 21% de las personas que trabajan siguen siendo pobres, porciento que es tres veces mayor que en Estados Unidos.

Marazzi es uno de los integrantes del destacado grupo de profesionales que realizó el estudio sobre el desarrollo humano en Puerto Rico, que incluye también a su colega y gerente de proyectos del IEPR, Orville Disdier, a los reconocidos sociólogos e investigadores, Marcia Rivera y Manuel Torres Márquez, a la catedrática y ex rectora interina de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Ethel Ríos Orlandi, y a la también catedrática de Humanidades en la UPR, Mareia Quintero. 

Dicen estos académicos que, para lograr la construcción de un Puerto Rico con menos desigualdad y pobreza habría que basarse en una estrategia de desarrollo humano sostenible. Esto es cónsono con una nueva tendencia que ha ido, poco a poco, tomando arraigo en Puerto Rico: el trabajo de autogestión y rehabilitación comunitaria que se manifiesta de manera espontánea pero organizada en distintos lugares de nuestro país. Este ha ganado visibilidad, sobre todo a raíz del desastre natural, cuando mucha de nuestra gente comprobó, algunos en forma brutal y dolorosa, que sólo se tenían unos a otros para sostenerse ya que no podían depender del gobierno de Puerto Rico ni del Federal para que les ayudaran con la efectividad y prontitud que exigía el momento. De esa tendencia creciente, hay también otros indicadores igualmente alentadores, como lo son la proliferación de pequeños y medianos empresarios y empresarias, así como de empresas comunitarias o proyectos cooperativos, que se han organizado o están en proceso de organizarse tras el paso de los huracanes. 

Casa Pueblo es un ejemplo extraordinario de desarrollo sostenible mediante la autogestión, y ya hemos visto como su semilla se riega no solo entre la población de Adjuntas sino en todo Puerto Rico. Gracias a su prédica y ejemplo, opciones como la energía solar y conceptos como la sostenibilidad energética ya no son misterio ni tabú para nuestra gente. También crecen los esfuerzos en decenas de comunidades, a todo lo largo y ancho de Puerto Rico, en la forma de proyectos agroecológicos; de costura; de cocina; de arte, cultura y artesanía; de sostenibilidad energética y de recursos de agua, entre muchos otros que hemos ido reseñando semana tras semana en CLARIDAD porque juntos representan el perfil del Puerto Rico autosuficiente y próspero que, en medio de enormes limitaciones, miles de puertorriqueños y puertorriqueñas están construyendo. Igualmente alentadoras son las historias que la prensa del País publicó la semana pasada sobre los casos de éxito micro empresarial entre los egresados de los talleres y adiestramientos del Centro para Puerto Rico. 

Aún cuando la desigualdad y la pobreza son síntomas terribles de la enfermedad colonial y la voracidad capitalista que arropan a nuestro país, el embrión de un nuevo Puerto Rico se está gestando, a pesar de todo, gracias al emprendimiento, la voluntad y el trabajo de nuestra mejor gente.

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