Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentariosVer foto galería

Andamiaje Institucional

Ver foto galeríaVisita la foto galería (1)
Perfil de Autor

Por Francisco A. Catalá Oliveras

Publicado: miércoles, 22 de noviembre de 2017

Los desastres naturales –también las guerras– suelen tener dos efectos inmediatos: sacan a flote debilidades preexistentes y sirven de fragua para cuajar gestiones oportunistas. El primer efecto se asocia a la falta de previsión. Se resume en el viejo refrán “camarón que se duerme se lo lleva la corriente”. El segundo, la formación de la perversa fragua, es elocuentemente expresado en el popular dicho “en río revuelto ganancia de pescadores”. 

Ambos efectos son de carácter inclusivo, es decir, se dan en muchas dimensiones del sistema socioeconómico y afectan a toda la sociedad. No obstante, son más acusados en determinadas organizaciones o sectores. Luego del huracán María, el “ojo” de la atención pública se ha concentrado, por razones obvias, en el servicio de energía eléctrica.

Es evidente que la Autoridad de Energía Eléctrica está sitiada por los citados efectos. Por un lado, se ha hecho patente la vulnerabilidad de toda su infraestructura, situación señalada, comenzando por sus propios empleados, durante décadas. El mantenimiento y los planes de modernización de las instalaciones eléctricas han brillado por su ausencia.

Por otro lado, la fragua de la jaibería ha estado activa mucho antes del azote de María. ¿Acaso pueden olvidarse –por citar sólo un ejemplo– los torcidos contratos vinculados al gasoducto? Ahora, claro está, se han multiplicado los contratos oscuros en proporciones inimaginables.

 Como en el caso de la Autoridad de Energía Eléctrica, los problemas de fondo de Puerto Rico estaban presentes antes de María. La crisis precede al huracán. 

¿Puede alguien en su sano juicio argumentar que la subordinación política –la condición colonial– comenzó ayer? ¿Desde cuándo se ha estado advirtiendo la contracción de la base productiva, la baja tasa de empleo, la emigración masiva, la desigualdad en la distribución de ingresos y riqueza, el deterioro del espacio público, la degradación ambiental, la persistente dependencia (sobre todo psicológica), el insostenible endeudamiento, la descomposición social y la pobre diversificación en mercados, perfil de producción y fuentes de inversión? ¿Cuántas veces se planteó que era necesario convertir a Puerto Rico en plataforma de exportación para distintos mercados y que resultaba imperativo diseñar un esquema fiscal que dispusiera mayor responsabilidad al capital externo antes de que Estados Unidos se adelantara? Las advertencias cayeron en oídos sordos tanto durante el reinado de las corporaciones de posesiones (sección 936) así como en la era de las corporaciones foráneas controladas que las sucedieron. Huelga decir que con los efectos del huracán y con la espada de dámocles de la reforma contributiva federal todo el cuadro económico luce más tétrico e incierto.

Más grave que el desastre infraestructural es la disfunción del andamiaje institucional: las maneras de ver, organizar y hacer las cosas. Esto incluye al sistema político, la relación entre el espacio privado y el público, las normas de administración gubernamental, el estado de derecho, la administración de la justicia, al funcionamiento de los mercados, el marco regulatorio, el orden público, el régimen fiscal, las políticas de desarrollo, los instrumentos para realizarlas, la escala de valores… Cuando este andamiaje es no funciona, o cuando abundan los vacíos institucionales, se hace más difícil producir bienes y más fácil generar males.

Esto explica tanto las dificultades para transitar hacia una industria farmacéutica de genéricos como la carencia de una agricultura moderna acompañada de una industria de procesamientos de alimentos que se nutra de importaciones y de producción local. También remite a los obstáculos que enfrenta el turismo en Puerto Rico para establecer enlaces con el turismo más amplio de los vecinos del Caribe. Aclara, además, la imposibilidad, a pesar del apoyo de varias administraciones gubernamentales, de establecer un puerto de transbordo junto a una red de empresas de valor añadido. Sobran los ejemplos de proyectos fallidos debido a las fallas institucionales.

Mientras tanto, se sucumbe ante una gestión empresarial que, en lugar de ser productiva e innovadora, se basa en la cacería de rentas, en fraude contable, en contratos leoninos…Las crisis, sean financieras o provocadas por fenómenos naturales, sirven de abono para este tipo de perversión económica, sobre todo si el terreno ya está preparado para su cultivo.

¿Otro Puerto Rico después de María? Hasta la fecha es el mismo, con los problemas de siempre, pero dramáticamente exacerbados, lo que no es poca cosa. Como dice un amigo: “Siempre fue un país subdesarrollado pero con aire acondicionado. Ahora se lo apagaron”.

¿Es otro Puerto Rico posible? Mientras insista en recorrer los mismos caminos no lo es. Continuará descomponiéndose, desdibujándose…Para que otro orden sea posible tendrá que alterar las coordenadas normativas significativamente.

  (2) Comentarios




claritienda Calendario 2019