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La seguridad alimentaria y la Democracia

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Por Marcelo Barros

Publicado: martes, 16 de octubre de 2018

En América Latina, el Caribe y en todo el mundo, se multiplica el número de personas en condiciones de abandono. En varios países, familias viven acampadas en plazas o debajo de puentes y viaductos. Migrantes sobreviven en campos de concentración, en situación de total inseguridad alimentaria y nutricional. Diariamente, no saben si tendrán algo para comer. En las periferias urbanas y rurales, familias pobres viven el mismo drama. 

La seguridad alimentaria es derecho básico de todo ser humano. Según la ONU, es deber del Estado garantizar a todos el acceso regular y permanente a alimentos de calidad y en cantidad suficiente. Esto supone prácticas alimentarias que favorezcan la salud y de acuerdo con las culturas locales y la sostenibilidad. Es una política que apoya à la agricultura familiar, la agroecología y la experiencia de pescadores y grupos originarios. Ofrecer a la población alimentos producidos con agrotóxicos, o desde semillas transgénicas no garantiza salud y nada tiene a ver con seguridad alimentaria.

Cada año, el 16 de octubre, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) conmemora el Día Mundial de la Alimentación. En ese año, la FAO convocó a niños y adolescentes de todo el mundo a expresar, en forma de diseño, cómo el mundo puede alcanzar la meta de erradicar el hambre hasta 2030. Así, se busca mostrar à la nueva generación que, en el mundo,  existen 815 millones de personas pasando hambre. El Día Mundial de la Alimentación realiza eventos en más de 150 países. La meta es la concienciación y una acción global para todos los que sufren hambre. El hambre y la pobreza no son inevitables. Son consecuencia del modo de organizar la sociedad. Dependen de la voluntad política de gobernantes y de la sociedad. Es necesario apoyar la agricultura familiar, fomentar las agroecología y garantizar el trabajo digno para todos. También se hace necesaria una reforma en la educación formal. Es urgente enseñar a los niños las potencialidades nutricionales encontradas en los vegetales. Pero, lo principal es revisar el modelo capitalista-consumista. Este modelo sustrae de la Tierra toda su biodiversidad y promueve el hambre, enfermedades y la insostenibilidad del planeta. Ahora eso es puesto en la hora en la cual el Brasil y otros países deben escoger sus gobernantes. El sistema dominante hace una guerra sucia para que, en nombre de Dios y de la familia tradicional, se escojan siempre los peores. Es hora de vigiar y defender el derecho de los pobres.  

 

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