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UPR: Exige limpieza de hongos en las bibliotecas

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Por Gabriela Ortiz Díaz

Publicado: miércoles, 22 de noviembre de 2017

La directora de la Colección de Referencia y Revistas de la Biblioteca José M. Lázaro de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Sylvia Solá Fernández, tildó de precario el servicio que le está ofreciendo esta unidad a la comunidad universitaria tras el reinicio de clases en el Recinto de Río Piedras, después del paso del Huracán María. 

“Yo no estoy dando un servicio de consulta bibliotecaria, estamos ofreciendo un espacio para que la gente haga lo que no puede hacer por falta de energía eléctrica. Aunque la realidad es que, a pesar de que la Colección tiene libros de referencia rápida y tiene disponibles las bases de datos en línea, “eso no es lo que la gente viene a pedir”. 

En ese sentido, explicó Solá Fernández, habilitaron la parte posterior de la sala con computadoras portátiles, escritorios, sillas, una fotocopiadora, acceso a internet y a electricidad para que principalmente los universitarios y universitarias pudieran imprimir, sacar copias y revisar sus correos electrónicos. Desde que se inició el semestre académico pos María, aun cuando el recinto no estaba energizado, los empleados están trabajando jornadas de solo cuatro horas en ese lugar improvisado. 

A pesar de la ayuda que han estado ofreciendo en la Lázaro, “todas (las bibliotecas del recinto) están dando servicios limitados. Están operando en la precariedad, que es una forma de no operar”, manifestó la bibliotecaria, quien le ha dedicado 35 años de su vida al sistema de la UPR. Precisamente, trabajar a medias le ha hecho debatir consigo misma: “hacer esto es lo que nos está garantizando que nos den un cheque, así que yo lo voy a hacer porque lo necesito. Pero esto no se puede llamar servicio bibliotecario… Si era para hacer esto, no debimos abrir el recinto… En este país se han perdido muchas cosas, por un semestre académico era por lo menos que nos teníamos que preocupar”, confesó. 

“Me asusta que a nivel general, en todo el país, nos estemos resignando y acostumbrando a la mediocridad”, reflexionó antes de cuestionar “el plan” de los políticos luego del paso de María: “qué es lo que estos políticos quieren que pase en este país; por qué tanta inercia, pasividad e ineficiencia?”

 

¿Rastros de hongo en la biblioteca

Además de que ofrecer servicios limitados puede rayar en la mediocridad, para la bibliotecaria Solá Fernández, es terrible que la administración universitaria no se haya preocupado por certificarles por escrito a los empleados de la Lázaro que se habían realizado todos los procesos de asperjación y remoción de hongo. 

“La verdad está enjambrada en tanta desinformación y tanta falta de claridad que dejan que uno especule por la libre… A uno no le queda más que especular sobre la [gestión] de estos administradores, que están siendo irresponsables con la salud de los empleados”, acotó. 

Entre sus compañeros y compañeras existe una gran preocupación porque no se sienten tranquilidad en su centro de trabajo. Aunque la compañía Envirocare Inc. haya removido el hongo de la unidad de Referencia y Revistas, a Solá Fernández le preocupa que los conductos de aire acondicionado de la biblioteca aun permanezcan llenos del hongo que se acrecentó por el saldo que dejó el huracán: falta de regulación de temperatura, humedad y falta de energía eléctrica. “Siempre hemos tenido problemas de hongo porque la biblioteca está en el trópico, pero yo nunca había visto tanto”, dijo. 

La pugna proviene de que la Doctora Grisel Meléndez Ramos, decana de Administración, envió una circular a los empleados no docentes para informarles que debían volver a su horario regular si el edificio en el cual trabajaban contaba con luz, agua y hubiese sido asperjado. 

“Tengo compañeras que me han dicho que hasta que no certifiquen que limpiaron los aires acondicionados, no van a entrar al edificio porque no quieren arriesgar su salud”. Ante este conflicto de entrar o no entrar, la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes (HEEND) debe organizar a sus miembros y tomar una decisión”, comentó Solá. 

“A lo mejor, si me explicaran y tranquilizaran, uno no tendría dudas para entrar a la biblioteca en sus condiciones actuales”, expresó la bibliotecaria, quien asume que los aires no están aptos para operar. “¿Por qué ante una situación de severidad no son precavidos y se ocupan de que de verdad limpien nuestro ambiente de trabajo”?, continuó. 

A pesar de la denuncia, Sylvia Solá resaltó la gestión que ha hecho su superior, el Doctor Miguel Santiago. “Él ha sido bastante eficiente al exigir y expresar las preocupaciones de los empleados. Yo no tengo la menor duda de que el mensaje del director es que no nos vamos a sentir tranquilos hasta que no sepamos que limpiaron los conductos del aire acondicionado”. 

 

Habló un experto

Según Edwin Caraballo, dueño de la compañía INTECO Inc., especializada en Indoor air quality desde el 2010, “si el sistema de aire estuvo apagado tanto tiempo y los libros tenían hongos, se tiene que verificar el sistema de ventilación porque esos son los pulmones del sistema respiratorio del edificio”. 

“Si tú quieres estar seguro de que el sistema de ventilación, la superficie y el medio ambiente de una biblioteca con libros con hongo están limpios, tienes que inspeccionar el sistema de ventilación, la unidad de aire completa por dentro, el área de retorno, la turbina, las aspas… Se tienen que sacar las maderas, alfombras y hasta los cojines de las sillas”, dijo el experto en aras de especificar que son muchas las precauciones que se tienen que tener para que el área de trabajo quede limpia. 

Caraballo explicó que los hongos siempre están en el medio ambiente, pero cuando se desproporcionan en niveles inaceptables y se hacen visibles es porque diferentes factores se han combinado. Por ejemplo, Caraballo habló de humedad, alta temperatura, resina de papel, falta de ventilación, precisamente lo que se registró en la biblioteca Lázaro. 

Respecto a la pregunta sobre las consecuencias de que el ser humano aspire hongos, el experto contestó que, aunque depende del tiempo que se esté expuesto, de lo que haya en el ambiente y de cómo esté el sistema inmunológico de la persona, hay posibilidades de que las vías respiratorias se afecten y por ende, de crearse sinusitis, catarro, dolor de garganta. No obstante, según dijo, no se debe alarmar con que pueda aparecer cáncer cuando hay exposición a esporas de hongo. 

La vegetación que cayó en el pavimento luego del paso del huracán María, sumado al tiempo que ha pasado sin que se recoja el material vegetativo y al monóxido de carbono que generan las plantas eléctricas, todo eso hace que las personas estén más susceptibles a las esporas de hongo. “En estos momentos, como Puerto Rico está lleno de hongo, no se puede decir que los síntomas en las vías respiratorias son producto de haber pasado tiempo en una biblioteca”, concluyó.

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