Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentariosVer foto galería

CLARIDADES: Contra el liberalismo

Ver foto galeríaVisita la foto galería (1)

Publicado: miércoles, 22 de noviembre de 2017

En septiembre de 1937 MAO-TSE-TUNG escribió un trabajo sobre el liberalismo que tituló “Contra El Liberalismo” que tiene siempre vigencia y que merece recordarse para no caer en las malas posturas liberales.

Dice  MAO:

“El liberalismo rechaza la lucha ideológica y propugna una paz sin principios, dando origen a un estilo decadente y filisteo, que conduce a la degeneración política de ciertas entidades y miembros en el Partido y demás organizaciones revolucionarias.

El liberalismo se manifiesta en diferentes formas:

Tener clara conciencia de que  una persona está en un error, pero como se trata de un conocido, paisano, condiscípulo, amigo íntimo, ser querido, viejo colega o antiguo subordinado, no sostener una discusión de principios con ella y dejar pasar las cosas a fin de preservar la paz y la amistad. O bien, en el deseo de maantenerse en buenos términos con esa persona, tratar superficialmente el asunto en lugar de ir hasta el fondo. Así, tanto la organización como el individuo resultan perjudicados. Este es el primer tipo de liberalismo.

Hacer críticas irresponsables en privado en lugar de plantear activamente sugerencias a la organización. No decir nada a los demás en su presencia, sino andar con chismes a  sus espaldas; o callarse en las reuniones para murmurar después. No considerar para nada los principios de la vida colectiva, sino dejarse llevar por las inclinaciones personales. Éste es el segundo tipo. 

Dejar pasar todo lo que no le afecte a uno personalmente; decir los menos posible aunque se tenga perfecta conciencia de lo que es erróneo; ser hábil en mantenerse cubierto y preocuparse únicamente de evitar reproches. Éste es el tercer tipo.

Desobedecer las órdenes y colocar las opiniones personales en primer lugar; solicitar consideraciones especiales de la organización, pero rechazar su disciplina. Éste es el cuarto tipo.

Entregarse a ataques  personales, armar pendencias, desahogar rencores personales o buscar venganza en vez de debatir los puntos de vista erróneos y luchar contra ellos en bien de la unidad, del progreso y del buen cumplimiento del trabajo. Éste es el quinto tipo.

Escuchar opiniones incorrectas sin refutarlas, e incluso escuchar expresiones contrarrevolucionarias sin informar sobre ellas, tomándolas tranquilamente, como si nada hubiera pasado. Éste es el sexto tipo.

Al hallarse entre las masas, no hacer propaganda ni agitación, no intervenir en sus reuniones, no investigar ni hacerles preguntas, sino permanecer indiferente a ellas, sin mostrar la menor preocupación por su bienestar, olvidando  que se es comunista y comportándose como una persona cualquiera. Éste es el séptimo tipo.

No indignarse al ver que alguien perjudica los intereses de las masas, ni disuadirlo o impedir su acción, ni razonar con él, sino dejarlo continuar. Éste es el octavo tipo.

Trabajar descuidadamente, sin plan ni orientación definidos; trabajar sólo para cumplir con las formalidades y pasar los días vegetando: “mientras siga siendo monje, tocaré la campana”. Éste es el noveno tipo. 

Considerar que se ha rendido grandes servicios a la revolución y darse aires de veterano; desdeñar las tareas pequeñas pero no estar a la altura de las grandes; ser descuidado en el trabajo y flojo en el estudio. Este es el décimo tipo.

Tener conciencia de los propios errores pero no intentar corregirlos, tomando una actitud liberal consigo mismo. Este es el undécimo tipo.

Podría citarse todavía una series  de ejemplos, pero los once enumerados son los principales.

En una colectividad  revolucionaria, el liberalismo es extremadamente perjudicial. Es una especie de corrosivo, que carcome la unidad, debilita la cohesión, causa apatía y crea disensiones. Priva a las filas revolucionarias de su organización compacta y su estricta disciplina, impide la aplicación cabal de la política y aleja a las organizaciones del Partido  de las masas que éste dirige. Se trata de una tendencia sumamente perniciosa.

El liberalismo proviene de la naturaleza egoísta de la pequeña burguesía, la cual coloca los intereses personales en primer plano, y relega los intereses de la revolución al segundo. Así se engendra el liberalismos en los terrenos ideológicos, político y de organización.

Los adictos al liberalismo consideran los principios del marxismo como dogmas abstractos. Aprueban el marxismo, pero no se muestran dispuestos a practicarlo o a practicarlo cabalmente; no intentan sustituir su liberalismo: hablan del marxismo pero practican el liberalismo; el marxismo es para los demás y el liberalismo para ellos mismos. Llevan ambos en su bagaje y encuentran una aplicación para cada uno. Así es como piensa cierta gente.

El liberalismo es una de las manifestaciones del oportunismo; está radicalmente en contra del marxismo. El liberalismo es la pasividad; objetivamente, hace el juego al enemigo. Por ellos nuestros enemigos se alegrarán si en nuestras filas persiste el liberalismo. Tal es la naturaleza del liberalismo; y no debe haber lugar para él en las filas de los revolucionarios.

  (0) Comentarios




claritienda Daniel Santos