Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentarios

Amenazas contra toda la humanidad

Perfil de Autor

Por Marcelo Barros

Publicado: miércoles, 22 de noviembre de 2017

Son malos tiempos. Cada día las desigualdades sociales se agravan y la riqueza se concentra en las manos de menos gente. Además, el imperio perdió la vergüenza y se asume como tal. Lo peor de todo es que no sólo vivimos tiempos de opresión, sino también de estupidez. En varios países, los hombres se vuelven presidentes, no por su inteligencia o capacidad de gobernar, sino por su insensatez. Revelan una irracionalidad que llega al absurdo. 

En Brasilia, el comercio de votos es descaradamente abierto. Para agradar a los empresarios del agronegocio, el Ministerio de Trabajo abre las puertas para legitimar el trabajo esclavo. En São Paulo, el gerente municipal declara que los pobres no tienen “hábitos alimenticios” y ofrece comida con plazo de validez próximo a vencer para servir en la merienda escolar y como alimento para los pobres de la calle. Mientras tanto, una manifestación en la Paulista pide la vuelta de los militares. Y Bolsonaro declara que su modelo de líder es el presidente Trump.

En Estados Unidos cada año mueren más de 11 mil personas, víctimas de armas de fuego. En todos los estados del país, hay más puntos de venta de armas que lugares de comida casera a precios populares.  Y en los últimos dos meses, surgieron nueve mil focos de racismo declarado. Estos grupos retoman prácticas de Ku Kux Klan. Se reúnen para atacar, herir y, cuando sea posible, matar indios, negros y migrantes. Aunque de modo discreto, cuentan con la aprobación y apoyo de su líder mayor. Este deja claro que considera a la ONU una idiotez. Pregona que el cuidado ecológico es una fantasía para los niños y el diálogo con otra gente una pérdida de tiempo. Recientemente, el presidente Trump dio un paso más allá. Él y el presidente de Corea del Norte intercambiaron amenazas y prometieron simplemente detonar una guerra nuclear. 

Tal vez la insensatez más grande es la de las personas que no lo tomaron en serio. Eduardo Hoornaert, maestro e historiador, recuerda que durante los años 30, en Alemania, Adolf Hittler proclamaba a todos que iba a conquistar el mundo y limpiar a la humanidad de las etnias inferiores que no tuvieran la pureza de la raza aria. Los líderes de Europa creían que se trataba de la incontinencia verbal del dictador alemán. Hasta que, en 1939, invadió Polonia. Entonces ya era tarde para detenerlo. 

Actualmente, hay más de 38 bombas nucleares almacenadas en algún lugar de Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania, Japón e India. Ahora, Corea del Norte también puede jugar sobre el mundo con su arte nuclear de última generación. Cualquiera de esas bombas es diez mil veces más potente que las que en 1945 destruyeron Hiroshima y Nagazaki, produciendo muertes y enfermedades por décadas y décadas. Hace más de 50 años que la ONU intenta llevar a las naciones a firmar pactos de no proliferación de armas nucleares. En 1967, en Tlaleloco en México, varios países firmaron un tratado de paz y de desarme nuclear. Ahora, el fundamentalismo de gobiernos como el de Irán, el expansionismo de Putin en Rusia y, sobre todo, la locura insensible de Donald Trump y de King-Jong-Un pueden conducir al mundo a un punto sin retorno. 

En medio de grupos de la sociedad civil, nace un movimiento para llevar al presidente de Estados Unidos y al líder de Corea del Norte a un tribunal internacional. Ambos pueden y deben ser acusados de crimenes contra la humanidad. En los últimos años, en Estados Unidos, varias personas han sido detenidas y condenadas por la ley de seguridad nacional simplemente por haber hecho alguna broma en la que fingían practicar terrorismo. Era broma, pero el tema se considera demasiado serio para permitir el humorismo. ¿Cómo puede la sociedad internacional aceptar que dos gobernantes que se destacan por la mediocridad intelectual y la falta de sensibilidad con sus semejantes puedan proclamar amenazas tan graves para la supervivencia de la humanidad y de toda la vida en el planeta? Todas las tradiciones espirituales invitan a la humanidad a apostar que la paz es siempre posible. Ninguna guerra puede solucionar el problema de un pueblo o de la humanidad. Creer en Dios es adherirse a su proyecto de paz. Cuando la Biblia dice que Dios transformará las armas de guerra en arados e instrumentos de cultivo, se entiende que él lo hará a través de nosotros. Somos nosotros quienes tenemos que ser las personas bendecidas (bienaventuradas) que nos comportamos como hijos e hijas de Dios, porque construimos la paz.

 

  (0) Comentarios




claritienda La contrarrevolución cubana