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No entreguemos nuestra Universidad a tecnócratas financieros

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Por Ricardo González Méndez

Publicado: miércoles, 21 de junio de 2017

Hay una relación estrecha entre la soberanía, la consciencia nacional y una educación de alta calidad. Epicteto, filósofo griego de la escuela estoica, vivió parte de su vida como esclavo en Roma. Una de sus enseñanzas célebres fue: “solo los educados son libres”. Por eso España no permitió escuelas hasta el Siglo 19 y nunca una universidad. Los Estados Unidos nos dieron medio siglo de enseñanza en inglés y un sistema de instrucción pública, no de educación. La universidad que permitieron durante la primera mitad del Siglo 20 fue limitada y de una orientación mayormente técnica, aunque de alta excelencia. En la segunda mitad de ese siglo se expande la visión de la Universidad de Puerto Rico (UPR) a una enfocada en la educación en artes liberales siguiendo la tradición de las mejores universidades estadounidenses y europeas.

Hoy nos encontramos en una lucha por la supervivencia de las instituciones públicas de educación superior en el país, en particular la UPR. El modelo educativo de artes liberales que se instituyó en la UPR está bajo asalto y es atacado por la Junta de Control Fiscal (JCF), políticos, comentaristas de los medios de comunicación, y los partidos políticos. Los dos partidos principales y los dos candidatos independientes en el 2016 prometieron reducir sustancialmente la UPR y sus propuestas indicaban que entrarían hasta en los currículos para “hacerlos relevantes a la realidad del mundo actual”. Hay una actitud de menosprecio a las artes, humanidades, y literatura. Estas son vistas como innecesarias y poco relevantes a la economía moderna del conocimiento. Esta vertiente antiintelectualista ha tomado gran fuerza en los Estados Unidos y Puerto Rico. Se idolatra la educación técnica y se le ve como algo superior a la educación en artes liberales. Pero no debemos olvidar la advertencia de Ortega y Gasset: “Este nuevo bárbaro es principalmente el profesional, más sabio que nunca, pero más inculto también”.

Con una mejor calidad educativa, donde se logren ciudadanos envueltos en un proceso de aprendizaje a lo largo de toda su vida, la población se puede adaptar más fácilmente a los cambios resultantes por adelantos en ciencia y tecnología. En la medida en que los cambios tecnológicos resulten en cambios en la productividad de los trabajadores, una población con una educación sólida en áreas de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, con una educación en cultura humanística que fomente la creatividad y la innovación, se convierte en factor crucial para un desarrollo económico sustentable que llene las necesidades del país.

 

La Educación Superior y la Economía del País

Varios estudios económicos proponen que la educación superior terciaria promueve el crecimiento económico en las economías desarrolladas, particularmente en aquellos países que están más cercanos a las “fronteras tecnológicas”. Según el economista Phillipe Aghion y sus colaboradores en Londres, París y Harvard, los años de educación superior terciaria están correlacionados al crecimientoeconómico del país. Esto se debe a inversiones complementarias en investigación y desarrollo que llevan a un crecimiento en la innovación y creación de conocimiento científico/tecnológico, aumento de patentes e invenciones, y una mejora en la infraestructura para educación, investigación y desarrollo logrado por instituciones universitarias del estado con un alto grado de autonomía en su gobernanza.

Aunque reconocen que la evidencia empírica no es la más robusta, proponen que es la educación terciaria o superior la que va a crear el ambiente innovador que lleva al crecimiento socioeconómico. La educación secundaria es extremadamente importante y vital, pero sin la terciaria, lleva a un ambiente de imitación donde los empleos requieren más trabajo físico y un capital humano menos educado con sueldos más bajos. 

Un estudio económico reciente de Raj Chetty, de la Universidad de Stanford, demostró que la educación universitaria pública, particularmente a las minorías y los pobres, es el factor socioeconómico más importante en la movilidad social en los Estados Unidos.

Joseph Stiglitz, Premio Nobel en Economía, nos dice en su libro “The Learning Economy”, que la educación superior es extremadamente importante para el desarrollo económico de las economías modernas. Un pilar de este desarrollo son las universidades del estado. Países con recursos naturales limitados y relativamente pequeños como Suiza, Singapur, Nueva Zelanda e Irlanda les deben buena parte de su impulso económico a las mejoras en la calidad de la educación y a la mayor igualdad en el acceso a la educación para sus habitantes, tanto los nacionales como los inmigrantes. 

Desde el punto de vista de una economía de país soberano, la prioridad de la educación tiene que ser desarrollar la capacidad propia para producir bienes, servicios y conocimientos, no para servir a capitales externos que están de paso, y que sólo ubican industrias de enclave, sin mucha relación con el resto de nuestra economía. Además, esta visión educativa promueve la creación de un capital intelectual nativo (patentes, invenciones, programados, tecnología, etc.) que produce riqueza para los puertorriqueños, y lleva a la creación de buenos empleos en la economía nacional.

Sin embargo, hay mucho debate sobre esta visión, sus propuestas y soluciones.

 

La Educación Superior, las Artes y Humanidades y el ciudadano

La educación técnica tiene que estar balanceada con educación en artes y humanidades. Las destrezas de comunicación y escritas son vitales para el profesional del siglo 21. El pensamiento crítico se aprende leyendo y analizando la literatura y bellas artes, estudiando filosofía y lógica, además de matemáticas y ciencias. No debemos confundir el pensamiento analítico/cuantitativo que se aprende en ciencias y matemáticas con el pensamiento crítico que se adquiere mediante la reflexión y análisis profundo del significado de las ideas.

El científico Gregory Petsko, miembro de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos, publicó un editorial en la revista Nature donde pedía que los estudiantes de ciencia e ingeniería tuvieran una educación técnica integrada con las artes liberales ya que esto era muy importante para la creatividad, la redacción y la comunicación de los científicos. Recientemente la Asociación Americana de Colegios de Medicina promulgó cambios el examen de admisión a las Escuelas de Medicina de los Estados Unidos para que incluya integración de conocimientos en artes, literatura, ética, sociología y sicología en busca de una educación que produzca médicos con una mayor visión humanista. Eric Schmidt, pasado Consejero Delegado de Google, disertó en Londres durante el 2011 sobre la importancia de la educación en artes liberales para los potenciales empleados en computación e ingeniería de su empresa. El fallecido Steve Jobs se enorgullecía de la gran capacidad y educación en artes de sus ingenieros y diseñadores, que los llevaba a crear y diseñar los productos de avanzada y gran estilo que convirtieron a Apple en la corporación más valiosa del mundo.

La filósofa Martha C. Nussbaum, ganadora del premio Príncipe de Asturias en Ciencias Sociales en 2012, en su libro “Not For Profit” nos presenta una visión donde las humanidades en la educación son un elemento imprescindible para la formación del ciudadano en la democracia. Nos dice en su libro que se ha perdido el enfoque de la educación, como si el fin principal fuese que los educandos se desarrollen únicamente como entes económicamente productivos, en vez de desarrollarse como ciudadanos con conocimiento amplio y empatía a la sociedad y el mundo que los rodea. Esto resulta en que se reduzca nuestra capacidad para criticar la autoridad, se reduzca la empatía por los marginalizados y los diferentes, y no nos permite desarrollar las competencias necesarias para trabajar con los problemas altamente complejos en el ámbito global. Esto ha sido expresado por muchos expertos en educación en los Estados Unidos, como por ejemplo Derek Bok, pasado presidente de la Universidad de Harvard que dijo al New York Times: “Las Humanidades tienen mucho que contribuir a la preparación de los estudiantes para la parte vocacional de sus vidas.” Añadió: “Hay mucho más en una educación en artes liberales que solo mejorar la economía. Ese es uno de los peores errores que cometen los que hace política pública – no ver más allá de eso”.

En febrero de este año, Peter Salovey, Presidente de la Universidad de Yale, habló al Foro Económico Mundial en Davos sobre la importancia de la educación en las humanidades como una de las formas de sensibilizar al ciudadano para combatir la desigualdad social. Es notable que en los últimos años la Universidad Nacional de Singapur invirtió millones de dólares y recursos en implantar el currículo de artes liberales de Yale en sus programas académicos.

 

Sobre la UPR

La misión principal de la UPR es una de servicio al Pueblo de Puerto Rico; basada en la más fuerte adherencia a los principios de la democracia y mediante la más amplia libertad de cátedra e investigación para ampliar el saber de los puertorriqueños y el mundo mediante la enseñanza y la investigación, siempre al servicio de la comunidad, promulgando los valores éticos y cultivando la cultura.

Esto es algo que urge recuperar en nuestra institución donde las políticas de pasadas administraciones, y las propuestas actuales, particularmente de la JCF, tratan la UPR como mera ‘corporación’ buscando eficiencia financiera, sacrificando los valores prescritos en la Ley de la UPR y desmantelando la institución. En general presentan una visión sesgada de la educación que promueve ‘soluciones’ orientadas por visiones tecnocráticas proponiendo una estructura universitaria comercial cuyo principal objetivo es el crecimiento económico y a la Universidad de Puerto Rico primordialmente como uno de los motores de la economía. Las bellas artes y las letras subsistirían con las dádivas que los tecnócratas y financieros universitarios tengan a bien darles.

Nuestra función, la misión y los objetivos de la Ley Universitaria nos obligan a proveer soluciones, a proveer el análisis riguroso y objetivo necesarios para ayudar a solucionar los problemas de las comunidades que nos rodean y los problemas del país en general. Esta es nuestra obligación ética, moral y legal. Es obligación ineludible de todos los universitarios. 

En la UPR aspiramos a que todos los puertorriqueños tengan igual acceso a una educación de calidad mundial, en todas las etapas de su formación y para toda la vida, que posibilite el aprendizaje óptimo de los conocimientos, destrezas y disposiciones que Puerto Rico necesita para competir y prosperar en el siglo 21.

 La educación universitaria en la UPR busca forjar ciudadanos con una visión de cultura, de paz, y de salud que se traduzca en una mejor calidad de vida para todos los puertorriqueños. Tiene que proveer una educación balanceada entre el conocimiento técnico necesario para la vida en el siglo 21 con las artes liberales, las bellas artes y las humanidades para fomentar el pensamiento crítico necesario en la formación del ciudadano democrático que sirva a su comunidad. Debe propiciar la creación de un capital intelectual nativo que produzca riqueza para los puertorriqueños, que se quede y reinvierta en Puerto Rico, que lleve a la creación de empleos de alta calidad en nuestro país.

Técnicos que trabajen duro por poca paga y menos beneficios sociales, consuman mucho, y nunca cuestionen ni reten la autoridad o al poder. 

O ciudadanos emprendedores, con alto grado de pensamiento crítico, capaces de la autogestión, con conciencia social, dispuestos a retar el dogma cuando sea necesario, productivos, capaces de una vida saludable, con un ingreso justo y digno.

Esa es la batalla que se libra hoy por la UPR y por la educación superior pública del país. No entreguemos nuestra Universidad a tecnócratas financieros.

 

*El autor es doctor en biofísica y catedrático de la Escuela de Medicina de la UPR. Las opiniones en este artículo son suyas y no representan la posición oficial de la UPR ni de Claridad.

 

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