Opinión / Editorial

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No prevalecerá la agenda de odio contra Cuba

Publicado: miércoles, 21 de junio de 2017

Los exiliados cubanos recalcitrantes que acompañaron al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en el anuncio de la nueva política de su gobierno hacia Cuba, sentirán que el mandatario les está cumpliendo la promesa que les hizo a cambio del voto durante la pasada campaña electoral de 2016. Porque, si hubo un voto condicionado por Trump, fue ése, el de los renegados cubanos en el exilio que no cejan en su odio al Gobierno Revolucionario de Cuba y quienes se sintieron traicionados por la reanudación de las relaciones diplomáticas y el relajamiento del bloqueo bajo la administración de Barack Obama. Por eso, cerraron filas con Trump y contribuyeron a que éste ganara en el estado de Florida y apuntalara su victoria presidencial.

Lo de Trump no es una política nueva, sino más bien el reavivamiento de la retórica de línea dura que mantuvo Estados Unidos hacia Cuba por los pasados 56 años y el endurecimiento renovado del bloqueo económico y comercial. Con Trump se ha vuelto a la posición, ya casi solitaria del Imperio, sobre la amenaza de la injerencia de Cuba en la región y las supuestas violaciones de derechos humanos en el hermano país. La agenda de odio del exilio decadente pretende tomar un segundo aire de la mano del nuevo mandatario estadounidense. Cabe señalar que esta vuelta atrás de Trump con relación a Cuba es rechazada por la mayoría de la opinión pública en Estados Unidos, incluidos los emigrantes cubanos de tiempos más recientes. 

Pero Trump no se debe a ésos, sino a los sectores más radicales de la derecha conservadora americana- exilio cubano recalcitrante incluido- aquellos que creen en la persecución de todo el que no piense como ellos, sobre todo cuando se trata de la supuesta grandeza de la nación americana. Por eso, Trump se esmeró en que sus medidas fueran más allá de la retórica. Propuso, efectivamente, un detente al tránsito libre de pasajeros individuales procedentes de Estados Unidos- para proyectos culturales y educativos- y a las reglas para que las empresas estadounidenses puedan hacer negocios allí. Bajo Trump las relaciones diplomáticas, así como las condiciones del comercio y otros proyectos económicos entre Estados Unidos y Cuba, estarán matizadas por la óptica aislacionista y paranoica del mandatario, que desconfía hasta de su sombra.

 Al regresar a la política de línea dura, el Imperio de Trump castiga a todo el pueblo cubano, y no sólo al gobierno, porque dichas medidas van encaminadas a crear malestar, escasez y penurias al pueblo para forzar un cambio político en la Isla. Trump y los renegados cubanos de siempre parecen no haber aprendido nada de la historia. El pueblo cubano es un pueblo curtido que ha tenido que defenderse, de todas las maneras posibles, de los ataques a su Revolución, una guerra desigual que los cubanos han acometido con valentía y han ganado en buena lid. 

Por eso, lo que Estados Unidos y el sector recalcitrante del exilio cubano no lograron antes tampoco lo lograrán ahora. El derecho de Cuba a autogobernarse no está en cuestión dentro de dicho país, ni tampoco para la inmensa mayoría de los países del mundo que tienen libre comercio e inversiones en la Isla.

 Las medidas anunciadas por Trump serán, si acaso, un impedimento temporero para que Cuba pueda abrirse en todo su potencial al mercado estadounidense. Un retroceso, sin duda, pero no permanente. Los derechistas y conservadores pueden aplazar la marcha de la humanidad por cierto tiempo y bajo ciertas circunstancias- sobre todo mediante la represión, la privación y el maltrato de quienes no se les pliegan- pero nunca podrán detenerla. Por eso, el camino victorioso del pueblo de Cuba seguirá hacia adelante porque es un pueblo heroico que, con su lucha y esfuerzo ejemplar, se ha ganado un sitial de admiración en el mundo entero. 

Cuando la historia relegue a Trump al tablón de los innombrables, Cuba seguirá siendo el ejemplo luminoso que hasta ahora ha sido para los pueblos de América y el mundo. Un ejemplo de cómo construir una nación que ejerce efectivamente su derecho a gobernarse a sí misma, libre de injerencias externas, y desarrollando al máximo la creatividad y el trabajo de su gente hacia la creación de una mejor sociedad y un mejor mundo, con ciudadanos saludables, educados y solidarios.

 La venganza de Trump y de los renegados del exilio cubano de Florida no prevalecerá. Caerá bajo el peso de la historia y de los individuos, grupos e instituciones dentro de Estados Unidos que quieren relaciones libres y abiertas con Cuba porque les conviene a sus intereses.

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