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Una nota sobre Nilita y Gramsci

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Publicado: martes, 6 de junio de 2017

Manuel S. Almeida

 

En su breve pero importante artículo, Los “puertorriqueñistas” y los “occidentalistas” (19 de febrero de 1955), Nilita Vientós Gastón hace una importante intervención en el debate que se venía dando entre esos dos bandos en el ámbito cultural puertorriqueño de la década del 1950. Desde una óptica que conjuga lo salvable de ambas posturas erradas por extremadamente opuestas, Nilita rechaza lo que bien lee como una contradicción innecesaria. A los “puertorriqueñistas” les advierte que debe hacerse la distinción entre lo nacional y lo nacionalista, porque si se confunde eso se corre el riego de convertirse en regionalistas. A los “occidentalistas” les advierte contra el problema de descuidar una verás comprensión de lo propio asumiendo una perspectiva demasiado amplia, al creer “que lo nuestro se comprende mirando lo lejano de que forma parte”.

En un plano más abstracto, apunta a que “[e]s el conocimiento de lo particular el que lleva al conocimiento de lo universal; la comprensión de lo propio la que conduce a la comprensión de lo ajeno”. Por lo tanto, continúa, a nivel de la cultura sólo lo propiamente nacional –no el nacionalismo estrecho ni el prejuicio chauvinista— logra alcanzar lo universal. Lo nacional no excluye lo universal, pues es un momento suyo.

Poco más de dos décadas antes, en sus notas sobre política, cultura, literatura y lingüística contenidas en sus Cuadernos de la cárcel, el marxista italiano Antonio Gramsci planteaba desde prisión asuntos muy a tono con la perspectiva que asumirá Vientós Gastón. Aunque muy sensible a los dialectos y culturas regionales (Gramsci mismo cultivaba y valoraba su sardo), Gramsci veía la necesidad de poder trascender los regionalismos. A la vez misma vez, para él la conquista por parte del pueblo de una conciencia nacional no pretendía ser un reclamo nacionalista, sino que al contrario era un momento indispensable de apertura hacia otras culturas y otros lenguajes, la puerta hacia un futuro verdaderamente internacionalista (y no cosmopolita). De ahí, por ejemplo, que la importancia para Gramsci de un lenguaje nacional moderno y unitario radicaba en su comunicabilidad, su potencial de traducibilidad con otros lenguajes de otras culturas nacionales modernas. Gramsci escribirá: “Una gran cultura se puede traducir en la lengua de otra gran cultura, es decir, una gran lengua nacional, históricamente rica y compleja, puede traducir cualquier otra gran cultura, es decir, ser una expresión mundial” (Q11§12, mi traducción).

Esta perspectiva que está presente tanto en Nilita como en Gramsci, que aprecia lo nacional sin rechazar lo internacional, sino que al contrario sólo concibe la potencia y posible fuerza de lo particular dentro de lo universal, no es lo único en lo que ambos pensadores coinciden. Bien sabemos, por un lado, que con los conceptos gramscianos de ‘estado integral’ y de ‘hegemonía’, la cultura –como el resto del complejo entramado social– se convierte en campo de batalla política y espacio donde se presentas complejas relaciones de poder. Por otro lado, la vida, obra y militancia de Vientós Gastón conjugó –como muy pocas experiencias– la política con la cultura. 

Al respecto del caso de Nilita, recientemente tuve la buena fortuna de dirigir una disertación doctoral que trataba con una de las intervenciones de Vientós Gastón en donde la gestión cultural devenía necesariamente en un accionar político. La tesis, recientemente defendida con éxito por su autor, Jesús Manuel Hernández, trata sobre la experiencia de Vientós Gastón como presidenta del Ateneo Puertorriqueño entre 1946 y 1961. Durante su presidencia llevó a cabo prácticas y promovió cambios que iban dirigidos a acercar más el Ateneo al pueblo. También quiso hacer del Ateneo un espacio para todas las disidencias políticas, labor que se posibilitaba entre otras cosas porque el Ateneo no era subvencionado por el gobierno y por lo tanto tenía mayor independencia de criterio y acción. La disidencia radical de Vientós Gastón le costará eventualmente la posición en el Ateneo, lo que no detendrá, como bien sabemos, sus proyectos político-culturales.

Ese gesto de –para decir en gramsciano– desretorizar la cultura, sin por ello caer en populismos chatos fue compartido por Vientós Gastón y por Gramsci. Cabría tal vez añadir también en esa agenda a José Luis González, quien comenzó su importante ensayo “El país de los cuatro pisos” con un largo epígrafe de Gramsci en torno ello. Añadimos, por aquello de ser un dato digno de recordar, que José Luis González fue el que llevó a cabo la revisión de la traducción al español de la edición crítica de los Cuadernos de la cárcel, publicada por la editorial mexicana Era.

 

***

 

Nilita leyó a Antonio Gramsci. Tenemos constancia de ello porque en su biblioteca contaba, al menos, con la antología de Gramsci al español, Cultura y literatura, en su edición de 1977. Y como acostumbraba hacer Vientós Gastón con los libros de su biblioteca, según nos contó Jesús Manuel Hernández, el libro tiene su firma en dos lugares: arriba en la primera página del trabajo y abajo en la página 51.

 

Referencias

Gramsci, Antonio. 1975. Quaderni del carcere. Roma: Einaudi.

Hernández, Jesús Manuel. 2017. Nilita Vientós Gastón y la legitimación de las disidencias políticas bajo su presidencia en el Ateneo Puertorriqueño, 1946-1961. Tesis Doctoral: Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe.

Vientós Gastón, Nilita. 1962. Los “puertorriqueñistas” y los “occidentalistas”, Índice cultural. Río Piedras: Ediciones de la Universidad de Puerto Rico.

 

 

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