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Los recortes y las reformas antiobreras no son la respuesta

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Por Roberto Pagán Rodríguez

Publicado: martes, 12 de diciembre de 2017

La Reforma Laboral catastrófica que muchos han estado impulsando como medida para la reconstrucción de Puerto Rico propone reducir el salario mínimo en un país donde la mediana salarial para familias trabajadores apenas ronda $18,000 al año. Propone facilitar despedir a los trabajadores y destruir su capacidad de negociación colectiva. Este tipo de reforma simplemente da más razones para que nuestros trabajadores emigren, erosionando aún más la base contributiva de nuestra economía.

El tipo de reforma constructiva que necesitamos crea buenos empleos y promueve sindicatos fuertes para garantizar que los salarios sigan el ritmo de los aumentos en la productividad de los trabajadores. Nuestra gente sólo se quedará en Puerto Rico si vislumbran que hay un futuro prometedor para ellos y sus familias. Los buenos trabajos son centrales para ese futuro.

Además, la expansión comercial local está estancada debido a la disminución de los salarios en la base de consumidores, la pérdida de población y la falta de disponibilidad de crédito comercial asequible; no a los salarios o a costos de mano de obra. 

Nuestro próximo plan fiscal tiene que garantizar la inversión en la educación en todos los niveles, para que nuestros hijos crezcan educados y altamente cualificados. Nuestra Universidad del Estado debe tener los recursos necesarios para la investigación y la educación, de manera que pueda identificar y proponer formas de superar nuestros retos sociales, económicos y de desarrollo más apremiantes. Necesitamos también invertir en la preparación médica, para que nuestros futuros médicos y técnicos de salud que se quedan en la isla no se vean agobiados por los costos de su educación.

Nuestro País necesita inversión para su reconstrucción, no recortes. Necesita una inversión masiva en infraestructura, que se realiza de manera más eficiente a través de la propiedad pública –no privada– de la energía, el tratamiento de agua, la eliminación de desechos, el transporte y la planificación urbana. Necesita una inversión enfocada en crear tantos empleos locales como sea posible y en proporcionar incentivos para que los trabajadores no emigren. 

La inversión en infraestructura y servicios públicos de calidad en educación, salud, transporte colectivo, energía y otros, son un incentivo para el establecimiento de nuevos negocios, ya que proporcionan una fuerza laboral saludable, cualificada y más productiva. Esto es particularmente cierto con las pequeñas y medianas empresas, que generalmente se encuentran en desventaja competitiva frente a las grandes, a pesar de que son más efectivas en la creación de empleo y en asegurar que la riqueza permanezca en el país donde se genera.

Los reformistas catastróficos insisten en la privatización de los servicios públicos y alegan que hace que el gobierno sea más ágil y eficiente, cuando la privatización de servicios en el sector público ha conducido a mayores costos de prestación de servicios. El mejor ejemplo lo es la costosa e ineficiente privatización de nuestro sistema de salud en la década de los 90. 

A pesar de que estamos pasando por dificultades fiscales, la atención debe centrarse en hacer crecer la economía mediante el apoyo a los trabajadores y la realización de inversiones específicas en campos de alto rendimiento en los que Puerto Rico puede competir, como los servicios médicos y la educación. Los recortes y las reformas anti-obreras no son la respuesta, y simplemente llevarán a una mayor emigración. 

 

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