Opinión / Editorial

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La reforma contributiva federal y Puerto Rico

Publicado: martes, 12 de diciembre de 2017

Detrás de todo el alboroto mediático creado por la aprobación en el Senado y la Cámara de Representantes de Estados Unidos de dos versiones de proyecto de ley para reformar el sistema contributivo en dicho país, hay muchas consideraciones importantes que no se han traído a la discusión pública, las cuales es necesario conocer para poder entender la verdad detrás de la medida y su impacto real en la economía de Estados Unidos y en la de Puerto Rico.

La implantación de dicha reforma que en su forma más amplia significa un salvavidas contributivo para el 1% de la población de dicho país- entiéndase las grandes corporaciones y los mega millonarios- es también una de las principales promesas de campaña del actual presidente, Donald Trump, bajo su lema de campaña convertido en política pública oficial “Make America great again”. Porque aunque realmente se trate de un rescate para sus amigos y contribuyentes ultra ricos,  en su retórica populista y manipuladora, el mandatario lo ha enmascarado como un “acto de justicia” para la llamada clase media estadounidense, últimamente muy debilitada y en tránsito masivo hacia el abismo de la pobreza. Esta gran brecha de desigualdad abierta en el mismo corazón del país más rico del mundo ha sido causada por la actividad frenética de un capitalismo neoliberal y global, comandado por Estados Unidos. Este gran capital, en su afán reproductivo y acaparador, ha terminado por arrinconar a un enorme segmento de su propia población, irónicamente integrado por votantes y afiliados del gobernante Partido Republicano. Ya no se trata solamente de los consabidos cinturones de pobreza en las grandes ciudades llenas de votantes Demócratas. Ahora el desempleo y la pobreza, con su consiguiente caída en los estándares y calidad de vida, ha penetrado en “middle America”, santuario del Partido Republicano devuelto al poder por la victoria de Trump, luego de ocho años de mandato del primer presidente negro en la historia de Estados Unidos, Barack Obama.

Esas masas empobrecidas, que se sentían marginadas y excluidas por las políticas comerciales liberales de  Obama, están exigiendo nuevas y mejores oportunidades de empleo y de vida que sirvan para devolverles su antiguo sitial en la clase media, culminación de su “sueño americano”. Votaron por Trump porque él les prometió atender sus reclamos  y, tanto el Presidente como el liderato congresional Republicano, políticos al fin, van a implantar esta reforma contributiva porque es una herramienta imprescindible para lograr su supervivencia política en el nuevo ciclo electoral del 2018 y 2020. Ellos conocen muy bien la distribución demográfica de los distritos electorales y saben que sus carreras y el triunfo de su partido dependen de que estos votantes en los estados sureños y del centro/oeste del país se movilicen masivamente como lo hicieron en 2016. De hecho, la mayoría de los 15 estados más pobres de Estados Unidos hoy se localizan en esa franja sur/central que Trump dominó ampliamente en las pasadas elecciones. Con esta legislación, tanto Trump como senadores y congresistas, complacerían a sus amigos del 1%, mientras retienen la masa crítica que les permitiría volver a ganar. Un negocio redondo para ellos.

 Puerto Rico entra en la ecuación porque aquí están establecidas unas industrias estadounidenses,  conocidas como CFC´s (“controlled foreign corporations”) que se benefician porque han sido hasta ahora consideradas como foráneas para propósitos contributivos y no tributan en Estados Unidos. La nueva ley las pondría a tributar allá, por lo cual no tendrían incentivo monetario para quedarse, y podrían optar por mudar operaciones a Estados Unidos.  Esto acabaría beneficiando a las poblaciones en Estados Unidos donde estas industrias se establezcan, mientras Puerto Rico perdería una importante fuente de ingresos y cerca de  70,000  empleos directos.  

Con su política de “América para los americanos”, Trump y el Congreso trabajan para los suyos allá, y Puerto Rico ni el pueblo puertorriqueño entran en sus cálculos y proyecciones. De ahí la queja del gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, quien ve cómo pasa el tiempo y se adelanta la aprobación de la medida, mientras nadie de la delegación Republicana ha tomado iniciativa alguna  que mitigue su impacto sobre nuestra economía. “Todos en el Congreso concurren que se debe hacer algo para Puerto Rico, pero parece que algo pasa que no mueve la aguja”, dice Rosselló, como esperando una solución beneficiosa para Puerto Rico que él y todos sabemos que no llegará porque la misma sería contraria a los mejores intereses políticos de los miembros del Congreso y del Presidente.  En tantas palabras lo ha dicho el Senador Orrin Hatch, presidente del poderoso Comité de Finanzas del Senado de Estados Unidos, y propulsor de esta nueva ley contributiva, quien rechazó tajantemente la inclusión de algún remedio para Puerto Rico durante la discusión de la medida. 

Mientras tanto en Puerto Rico, el liderato de los partidos coloniales- Nuevo Progresista y Popular- y sus cabilderos en Washington, se han dado contra una pared tratando de lograr que alguien con poder se comprometa a impulsar la posición de Puerto Rico en el comité de conferencia de Cámara y Senado federal, donde ahora se encuentra la medida. Hasta ahora no han tenido éxito y el tiempo se acorta irremediablemente.

Con su iniciativa de reformar el sistema contributivo,Trump y el liderato congresional de Estados Unidos están actuando como actúan los imperios cuando se sienten amenazados. Cierran filas tras los intereses del gran capital que les delegó su poder, y colocan un dique para tratar de contener el torrente. La pobreza y el declive de la clase trabajadora en Estados Unidos es un torrente creciente que necesita mucho más que un dique. En esta ocasión, el dique es hacer regresar a sus empresas que operan en otros países y para lograrlo no les importa debilitar aún más la economía de Puerto Rico. Es lo que han hecho una y otra vez durante estos 119 años de ocupación colonial.  Tremendo tapabocas para quienes siguen insistiendo en los supuestos beneficios de la unión permanente y la anexión.

 

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