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CLARIDADES: Puerto Rico preso de la Fuerza Naval

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Publicado: martes, 11 de julio de 2017

Evidentemente, Puerto Rico no fue convertido en colonia de los Estados Unidos por “accidente” o como resultado de un “error”, como llegó a creer el dirigente del país, Luis Muñoz Rivera, y algunos historiadores posteriormente. El historial del expansionismo en el área y los continuos informes de los cónsules señalan más bien a la conclusión de que Puerto Rico estaba en la mira de la fuerza naval.

Luego de la invasión, se le dieron instrucciones al Comisionado norteamericano enviado a negociar el Tratado de París, para que exigiera a Puerto Rico en calidad de indemnización, aun cuando “no fuera suficiente”. El ejército de los Estados Unidos rechazó la proposición de que el Gobierno autonómico de Puerto fuese considerado como la autoridad constituida en Puerto Rico, y rechazó la propuesta de que ese Gobierno quedara a cargo de las propiedades de la Corona en calidad de fideicomiso para el traslado a los Estados Unidos. Esto hubiera garantizado la participación de Puerto Rico en la discusión y forma del Tratado de París. Este Tratado le garantizó la libertad de culto a los habitantes, pero los derechos civiles y el estatus político de estas gentes quedaron “para ser determinados por el Congreso”. Se adoptaba en este momento un principio totalmente nuevo en la experiencia constitucional norteamericana: el principio de que unas gentes que no iban a ser anexadas como estado con todos los derechos, podían ser anexadas a la nación como colonias sujetas a la voluntad, no de la ley que constituía la nación, sino de los hombres del Congreso, Esto, como bien concluye el historiador norteamericano Frederick Merck, “era ya imperialismo.” Éste será el contexto de la historia de la Iglesia a partir del 98.

La experiencia de esta Guerra Cubano-Americana contra España había confirmado que la defensa del Caribe en la estrategia militar tenía que ser prioritaria, como había ya establecido el almirante Mahan. De aquí que la Junta Militar concluya que “Estados Unidos debe conservar a Puerto Rico” y que el almirante Dewey le informe al secretario de guerra Elihu Root, lo siguiente: 

Nuestra armada puede controlar el Caribe y sus playas en tiempos de guerra, si retenemos en tiempos de paz puntos de avanzada en Cuba y creamos una base naval fortificada en aguas de Puerto Rico. Este control se extendería hasta las Guayanas y la desembocadura del Orinoco, pero hay dudas sobre el pedazo de costa que se encuentra entre aquéllas y el Amazonas.

Era necesario, sin embargo, proveer un gobierno civil a Puerto Rico y a Filipinas por razón del reclamo de los inversionistas norteamericanos que necesitaban un estado civil de derecho para explotar el comercio y la riquezas de las islas, y por la necesidad de que estas islas generaran sus propio presupuesto. Se unía a esto la necesidad de justificar jurídica e ideológicamente el dominio colonial en el que la nación se embarcaba luego de tu tradición no colonial, y luego de haber anunciado al mundo que intervenía en la Guerra Hispano-Cubana por razones humanitarias. El Report on the Island of Puerto Rico preparado por el comisionado del Presidente de los Estados Unidos, Henry K. Carroll, a raíz de la invasión y luego de un extenso estudio de la Isla, recomendó un tratamiento diferente al que finalmente le otorgaron los militares y congresistas de Estados Unidos. 

Carroll se pregunta inmediatamente: “¿Quién podrá declarar cuál es la medida que se requiere para que un pueblo se gobierno a sí mismo?”. Ya había argumentado que la educación no es ninguna garantía para que la gente sea mejor. Añade: “Los puertorriqueños están mejor preparados para el gobierno propio que México o que cualquiera de las Repúblicas Centroamericanas”.

 

Fuente: Catolicismo y Política en Puerto Rico – Bajo España y Estados Unidos Siglos XIX y XX - Samuel Silva Gotay 

 

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