Bookmark and Share Bajar en formato PDFComentariosVer foto galería

Topografía: ¿Satanás el bueno?

Ver foto galeríaVisita la foto galería (1)
Perfil de Autor

Por Carlos R. Alberty Fragoso

Publicado: martes, 20 de noviembre de 2018

Como muchos de ustedes, supongo, me crié con la idea de que Satanás, el Demonio, el Diablo, el Príncipe de las Tinieblas, Lucifer o el nombre que fuera, era lo peor de lo peor, o sea, la representación del MAL con las más grandes mayúsculas. (A veces, los vampiros personificaban la misma idea, pero eso es otro tema.) Bueno, pues el tiempo ha pasado y las cosas han cambiado. Tal vez algunos dirán que la columna de hoy es evidencia de que el diablo anda suelto y por eso el fin del mundo ya está aquí. Ni tanto. Vamos a ver cómo podemos entendernos. 

El motivo inmediato que me lleva al tema es la demanda por 50 millones de dólares que el Templo de Satanás le ha puesto a Netflix a causa de una estatua. Así como lo leyeron. De este modo es que me entero de la existencia de tan particular culto pues de la serie ya sabía algo. Chilling adventures of Sabrina, la serie creada por Netflix, presenta una comunidad más o menos normal. Lo peculiar es que incluye otra comunidad: la de brujas y brujos. La protagonista es la joven bruja Sabrina. La comunidad de brujos asiste a su propia iglesia y los jóvenes van a su propia escuela. En el colegio al que asisten (algo así como el Hogwarts de Harry Potter) hay una estatua de la deidad Bafometo. Esa es la imagen de la discordia o de la demanda. La escultura representa una figura, sentada, antropomórfica pero con cabeza y patas de macho cabrío, el brazo derecho señalando al cielo, y el izquierdo, a la tierra, y tiene otros rasgos de carácter simbólico. El Templo de Satanás alega que la serie hace uso, sin permiso, de la imagen de una estatua propiedad de ellos. Pero, sobre todo, les indigna que se distorsione su filosofía ya que, en la serie, se asocia incorrectamente la figura de Bafometo con el canibalismo y los sacrificios humanos. Para los demandantes, entre los diversos significados de la deidad, se encuentran la idea la unión de los contrarios, la búsqueda de la luz y la sabiduría. La Iglesia le había comisionado su factura a un artista y este realizó la labor inspirándose en la imagen ya existente hecha por el escritor y “mago” francés conocido por su pseudónimo Eliphas Levi (1810-1875). La querían colocar frente al capitolio de Oklahoma, al lado de otro monumento con las tablas de los diez mandamientos. Se trataba de un desafío y de una denuncia pues la administración de Oklahoma había destinado terreno público para fines religiosos. El Templo de Satanás ganó el caso en corte. Los diez mandamientos se fueron para otro lado y los satánicos desistieron de poner allí su Bafometo. Ahora está expuesta en la galería de arte de los cuarteles generales de la Iglesia. 

El Templo de Satanás es una organización legalmente instituida, es una “marca registrada”, como todas las iglesias. Tiene su sede en Salem, Massachusetts. Lo cual es una simpática curiosidad, pues Salem fue uno de los lugares donde en el siglo xvii hubo cacería de brujas. Según la explicación de uno de los fundadores, Lucien Greaves, un graduado de Harvard, (quien, por razones de seguridad, usa pseudónimo ya que ha recibido amenazas de muerte), el “satanismo” que propugnan es ateo y se opone a toda superstición. Según él, Satán no es una entidad sobrenatural, es un constructo metafórico que representa la rebeldía ante el poder abusivo. Apoyan los derechos reproductivos de de la mujer y rechazan la homofobia. Uno de sus actos tipo “performance” fue una “misa rosa” de afirmación gay ante la tumba de un connotado religioso homófobo, Fred Phelps, fanático, fundador de la Iglesia Bautista de Westboro. Al reavivarse el sentimiento anti-musulmán luego de los ataques en París, y ante el temor de represalias, dos capítulos del Templo Satánico, en San José y en Minneapolis, ofrecieron a los musulmanes de sus comunidades servicio de escolta y hasta llevarles la compra a su casa. El anuncio decía (traduzco): “Si hay alguien en la región de San José que sea musulmán y tenga miedo de salir de su casa por temor a represalias, no dude en contactarnos. Con gusto lo escoltaremos a donde tenga que ir sin anunciar nuestra presencia –solo tipos grandes acompañándole a donde usted tenga que ir. (“just big dudes walking you where you need to be” ) También gustosamente le llevaremos algunas provisiones.” (“We would also happily deliver you some groceries”). La propuesta de los satánicos de Minneapolis decía: “Nuestro ofrecimiento a los musulmanes de las Ciudades Gemelas viene de un lugar de compasión genuina por nuestros hermanos seres humanos.” (“Our offer to the Muslims of the Twin Cities comes from a place of genuine compassion for our fellow human beings.”)

Pero vayamos a la sustancia de lo satánico. Hagamos una prueba. Lea usted los siguientes principios. Si al final de la lectura los suscribe debo decirle, amigo lector, que es usted, por lo menos, un simpatizante del Templo de Satanás, lo cual le convierte en un posible “satánico”. Pero no hay que preocuparse mucho. Estamos entre palabras. Y como entre ellas andamos, veamos el otro lado: podemos decir que hay cristianos que obran como verdaderos hijos del Diablo, si entendemos por tal entidad todo el mal tradicional que se le adjudica. Ahora lean los siguientes preceptos y comparen con la filosofía de vida cristiana. (Me refiero a lo “mejor” o más “progre” de ella.) En la versión original en la página del Templo aparecen en inglés, aquí se reproducen en traducción nuestra.

1. Uno debe actuar con compasión y empatía hacia todas las criaturas acorde con la razón.

2. La lucha por la justicia es una búsqueda continua y necesaria que debe prevalecer sobre las leyes e instituciones.

3. El cuerpo de uno es inviolable, sujeto solo a la propia voluntad.

4. La libertad de los otros debe ser respetada, incluyendo la libertad de ofender. Atentar voluntariosa e injustamente contra la libertad del otro es renunciar a la propia.

5. Las creencias deben conformarse al mejor entendimiento científico que uno tenga del mundo. Hay que cuidarse de nunca distorsionar los hechos científicos para acomodarlos a las propias creencias.

6. El ser humano es falible. Si uno comete un error, debe hacer el mejor esfuerzo por corregirlo y eliminar el daño que se haya podido causar.

7. Cada precepto es un principio guía diseñado o pensado para inspirar nobleza en la acción y en el pensamiento. El espíritu de compasión, sabiduría y justicia debe prevalecer siempre sobre la palabra escrita o hablada.

No se alarme si se siente atraído por tales principios. Simplemente, por si acaso, no le diga a nadie que usted se siente medio satánico. Sea solidario con el prójimo como si se tratara de usted mismo. Lo demás, que ha pesado sobre todos por mucho tiempo e innecesariamente, son las instituciones burocráticas condenadas al olvido. Quién sabe. Según van las cosas en nuestra isla, a lo mejor Satanás tenga que venir a ayudarnos. Dicen que la última deuda la paga el Diablo. No estaría mal siempre que fuera un tipo solidario y justo.

  (0) Comentarios




claritienda Cuatro Carteles patrióticos