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No hacer fila para Hamilton ¿Es una PROMESA?

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Por Rafah Acevedo

Publicado: martes, 20 de noviembre de 2018

0. El miércoles 8 de noviembre de 2017 el actor y escritor, Lin Manuel Miranda, visitó la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. Se anunció que Miranda presentaría su obra más exitosa, Hamilton, en el teatro de la institución. Eso a principios del 2019. Del 8 al 27 de enero.

La noticia que se discutió en la prensa y en las redes sociales fue, sin embargo, que algunos estudiantes de la UPR realizaron una protesta e interrumpieron brevemente la presentación al público del artista. 24 horas después comentaristas radiales, de TV, blogueros, el presidente de la UPR, así como gatilleros de los medios pagados por los partidos, utilizaron el episodio como muestra de la irracionalidad y crueldad de los estudiantes en general y de todos los que protestan.

¿Por qué protestaron esos estudiantes? Parece ser que el malestar se refiere a la participación de Lin Manuel Miranda como vocero de los proponentes de ley PROMESA. Planteaban algunos que es irónico, apoyar una ley que empobrece al país y lo entrega a los buitres para luego venir, en medio de un desastre humanitario, a llevar a cabo esfuerzos de ayuda y solidaridad. 

¿Qué tipo de ayuda? La organización sin fines de lucro de su padre, Hispanic Federation, repartió miles de dólares a cerca de 25 organizaciones que tienen proyectos de revitalización del país. Se otorgaron entre 25,000 a 100,000 dólares. El esfuerzo, dijo el actor y dramaturgo, es parte de ese plan de expresarle al mundo que “Puerto Rico se levanta”. 

Eso suena muy bien. Sin embargo, para algunos se trata de un esfuerzo paradójico porque antes de que María destrozara al país, el actor apoyaba la imposición en la isla de una Junta de Control Fiscal que de manera unilateral y sin ningún ejercicio democrático para seleccionar sus miembros, prioriza el pago de una deuda que ha sido socializada. Es decir, nuestra clase política se endeuda y el pueblo tiene que pagarla. 

 

1. Ahora bien, ¿Lin Manuel Miranda hace política pública? ¿Tiene voz y voto en el Congreso? No. Habría que recordar que los congresistas Serrano y Velázquez apoyaron PROMESA. Parecería que el actor actuó por deferencia a esos políticos boricuas.  

¿Se equivocó Lin Manuel al prestar su visibilidad de estrella de Broadway a la campaña a favor de PROMESA? ¿A cambiado su postura? En esa misma actividad en la que ocurrió la protesta, afirmó que dadas las circunstancias actuales abogaría por la eliminación de la deuda. ¿Fue sincero? No tengo por qué dudarlo. ¿A vuelto a repetir desde entonces que en las circunstancias actuales abogaría por la eliminación de la deuda? No.

  Para aquella fecha, 8 de noviembre de 2017, Lin-Manuel adelantó que el 19 de noviembre participaría del Unity March for Puerto Rico (Evelyn Mejil, CEO), que se llevaría a cabo en Washington DC. Ese evento tenía el propósito de reclamar enmiendas a leyes que no respondieran a los mejores intereses de la isla, especialmente en el momento tan difícil que enfrentaba entonces, y actualmente. Un año y una semana después nadie recuerda cuáles fueron las enmiendas. Si alguna.

¿Qué otra cosa pasó el 8 de noviembre de 2017? Que Jaresko y Zamot testificaron en un comité del Congreso como lo que son, procónsules en la colonia. ¿Qué pasó entonces y ahora? Que Pierluisi es cada vez más rico. Y que Emiliano Trigo, mano derecha de AGP en cuanto PROMESA se refiere y que además era asesor de Pierluisi en asuntos federales, se echa un billetal al bolsillo como abogado de la Junta.

 

2. Y un año después se hace noticia la fila en la Universidad de Puerto Rico para comprar taquillas para asistir al teatro. ¡Es el estreno en Puerto Rico de Hamilton!

Hamilton es un éxito taquillero. Pero esperen un momento. Miranda no es nuevo en esto de los musicales. Hace diez años su musical, In the Heights, fue nominado para trece Premios Tony. Ganó cuatro, incluyendo Mejor Musical. ¿Y Hamilton? Bien. Hace dos años recibió dieciséis nominaciones al Tony. Un récord. Ganó once. También se llevó el Pulitzer, entre otros premios. Casi nada. Entonces, si entiendes bien la cosa, si no te gusta Hamilton eres un idiota, ¿no? Bueno, no necesariamente.

Se trata de una obra con una inversión millonaria. Como parte de esas inversiones hay publicidad, relaciones públicas. Los medios más prestigiosos coinciden de manera unánime en la genialidad de la obra. Algunas voces se han atrevido a disentir. Por ejemplo, en julio de 2016 la revista Current Affairs publicó un artículo sobre el musical de Lin-Manuel. Hago una traducción y paráfrasis de algunos de los planteamientos del autor del texto, Alex Nichols (https://www.currentaffairs.org/you-should-be-terrified-that-people-who-like-hamilton-run-our-country). Este plantea que a juzgar por las críticas, la mayor parte del atractivo de Hamilton radica en la diversidad forzada de su elenco y el concepto novedoso de un “musical de hip-hop”. Los que escriben sobre Hamilton a menudo se centran principalmente en su uso “innovador” del rap y su elección “audaz” de utilizar actores negros, asiáticos y latinos para representar a los Padres Fundadores. Nichols cruza la raya de lo políticamente correcto: “De hecho, Hamilton es más el wet dream de un departamento corporativo de recursos humanos que un trabajo biográfico”.

 

3. En el musical, Hamilton se presenta como un joven impulsivo con grandes metas que llega a ser el primer Secretario del Tesoro de los Estados Unidos. Huérfano, trabajador, demuestra cómo con el esfuerzo individual puedes triunfar. El personaje tiene un gran sentido de la justicia y el honor. Un poco difícil de tragar lo del sentido de la justicia y el honor en un esclavista. Pero dejemos a Nichols explicarse para que no se piense que se trata de una postura mía basada en wikipedia. Para Nichols, en el artículo de marras, la aberración histórica más obvia es la descripción de Washington y Jefferson como hombres negros. Brutal paradoja. Audaz, lo llama el articulista,  porque ambos poseían esclavos negros, y solían violar y en algunos casos preñar a las esclavas.  Dice Nichols: “Cambiar las razas permite que estos hombres parezcan mucho más comprensivos de lo que serían de otra manera.” El creador de Hamilton, Lin-Manuel Miranda, dice que hizo esto intencionalmente para hacer que el elenco se pareciera a los Estados Unidos de hoy (¡!), y que tener actores negros desempeñando esos papeles “le permite a usted dejar todo el bagaje cultural que tenga sobre los padres fundadores en el puerta “. (“Bagaje cultural“ es una forma extraña de describir ”sentir incomodidad ante los agradables retratos de los propietarios de esclavos“). Así, la diversidad superficial de Hamilton permite que su audiencia casi completamente blanca se sienta bien al verla: no hay culpa por ver hombres blancos ya muertos alumbrados por una luz positiva. Ahora, The New York Times puede deleitarse con la incongruencia de un relato de “un Thomas Jefferson que presume del Morris Day de Time, canta como Cab Calloway y se presenta como un rapero de Dirty South”, porque, a fin de cuentas, el actual Thomas Jefferson violó esclavos”.

 

4. ¿Estará clara, luego de mi larga cita del artículo de Alex Nichols, la ironía en el asunto? Bueno, si podemos llamar a esto ironía. Sí, porque Ironía, procede del sustantivo griego ειρονεια, eironeia, que significa “disimulo, ignorancia fingida”. Pero en Hamilton no hay ignorancia. Ni siquiera fingida. ¿Disimulo? Un poco, ¿no? Lin-Manuel Miranda se separa de la realidad histórica. ¿La esconde? No, la presenta transformada, con clara intención de que esa realidad histórica no le incomode a los asistentes del musical que son, en su gran mayoría, privilegiados. Esto no es una percepción de Nichols y mucho menos mía. Son señalamientos del propio Miranda que llama a la realidad histórica “bagaje cultural”.

Como dice mi amigo músico, Bayrex El Pianolero: “Llevar a Hamilton a Puerto Rico después de María es como si los gringos le cayeran a Hiroshima o a Nagasaki con un musical celebrando la vida de Harry S. Truman para recaudar fondos para los afectados por la radiacion”. Está bien. Ustedes son inteligentes, inquisitivos, curiosos, y me dirán que las analogías no prueban nada y que no se pueden comparar chinas con botellas. O musicales con bombas atómicas. Concedo. Sin embargo, la imagen de Bayrex busca, mediante la hipérbole, la exageración, atender a la revisión histórica del texto de Miranda y a la chulería de asistir a este divertimento en medio de una crisis que no se veía desde San Ciriaco.

Otro pana, el poeta Rubén Ramos Colón, llega a niveles casi místicos con su genial sarcasmo en un comenario en las redes sociales: “Gracias señor por este día que nos regalas en el que (podemos) contemplar tu creación y a los ricos que se bajan de sus guaguas de lujo para caminar sudaus por la Universidad que siempre están pidiendo que cierren, a fin de estacionar sus enojadas caras por horas en fila en la esperanza de conseguir boleto, con descuento de envejeciente, para su encomienda de ver Hamilton, el musical sobre el pobre americano huérfano que estudió con becas en Nueva York y que tuvo parte en la ratificación de la Constitución que nunca han leído y a la que ni ellos ni los líderes que apoyan se adhieren, pero cuya bandera llevan como marcapaso sobre su torpe y descerebrado corazón”. ¿Muy fuerte? No sé, quizás a ellos les parece más fuerte el lavado liberal de la propuesta teatral histórica.

 

5. ¿Malas intenciones del escritor? Por supuesto que no. Esta es la celebridad que compuso una canción a semanas del huracán para recabar fondos de ayuda para la isla. Pocos meses antes había trabajado con Rene Calle 13 y otros raperos una canción para The Hamilton Mixtape: The Inmigrants, cuyas ganancias fueron a manos de un grupo de apoyo los inmigrantes. Eso entre otros trabajos artísticos para diferentes causas.También se creó la Fundación Flamboyán, con apoyo de la banca de la burguesía insular y una cadena de pollo frito que abogará por la financiación pública y privada de las artes. ¡Hey!, además impulsará la industria cafetalera en un esfuerzo de un quinquenio junto a  The Hispanic Federation, Starbucks, Nespresso y Rockefeller Foundation. Estoy seguro de que Miranda no se reúne en un cuarto oscuro a planificar el modo de hacer más ricos a los ricos. Creo que tiene la firme buena conciencia de que estas iniciativas ayudan a desarrollar al país. Creo que decir proponer reescribir la historia norteamericana dejando atrás el lastre de su período de acumulación primitiva sustentada sobre la esclavitud no es malicia. Es su creencia en el sueño americano. Y cada cual sueña lo que quiera.

 

6. Al final, sobre Hamilton y las filas, ¿qué podemos decir? Ay, mire, si usted quiere ver a Hamilton hágalo sin piedad. Nadie lo va a quemar en una pira. Pero, por favor, deje de estar proclamándose un mártir porque lo atacan por las redes sociales al comprarse una taquilla. No jodan. No tienen que escribir una justificación. Cada cual se entretiene como quiera. Si usted quiere divertirse con las canciones divertidas de un esclavista escritas por un defensor de la ley PROMESA que quiere invertir en las industrias nativas como cualquier inversionista de desastres, be my guest. ¿Usted camina y masca chicle a la vez? Great! ¿Solo masca chicle? Awesome! Permitan a los demás divertirse con las largas filas, los altos costos, la neutralidad farandulera, mientras se roban el país en nuestras caras. El otro día Barea encestó más de 20 en 23 minutos. Ayer encestó 14. Nada, también me enajeno de vez en cuando, pero no ando cantándome víctima de no sé que tribunal de izquierda que no existe más que en sus malas conciencias. La mayoría de la izquierda jodona está allí, haciendo fila con ustedes. ¿Podremos perdonar a Lin Manuel? ¿A los noveleros? Nadie los ha puesto en juicio. Lo que se pone en juicio son los modos de narrar la historia, cancelar la crítica, o la dictadura que nos hace miserables (la ley PROMESA). Ojalá Lin-Manuel disfrute de su éxito monumental y continúe ayudando como cree y puede a sus compañeros artistas y a la gente en Puerto Rico. Ojalá que los que no son celebridades continúen desde el anonimato luchando por una sociedad más justa en la que reescribir la historia suponga darle voz a los que nunca la han tenido.

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