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Nos Queremos

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Publicado: miércoles, 5 de diciembre de 2018

Por Patricia Polanco

Especial para CLARIDAD

 

Oh tu mujer, quien está dispuesta y capaz de esparcir la semilla de la justicia; No dudes, no te preocupes, no huyas, ¡sigue adelante!” 

-Luisa Capetillo

 

Desde hace mucho tiempo, las mujeres no sólo nos estamos apoyando a vivir en sintonía de género. Simultáneamente hemos ido creando un pacto y, dentro de este pacto, un nuevo lenguaje. 

En el verano del año 2016, la Real Academia Española (RAE) junto a la Fundación de Español Urgente (Fundéu) bautizó  cómo “término válido” la Sororidad. Sororidad es un vocablo morfológicamente completo, derivado del latín “soror” que significa “hermana” y su concepto literal se refiere a la “hermandad entre mujeres” . En su proceso de transformación, este término ha sido utilizado en ámbitos de lucha para representar reivindicación. Aparece en consignas feministas como una llamada a la autodefensa, la unión, la igualdad, y la solidaridad. Pero evidentemente la Sororidad va mucho más allá del debate lingüístico y supone de un salto teórico, a un plan de acción. 

Las mujeres nacemos con el llamado del amamantamiento. Ese es nuestro pacto. Nos cuidamos, nos queremos y nos llevamos de la mano para juntas enfrentar los avatares de la vida. No hay mayor compromiso que la sorora y para solidificar este compromiso, no hace falta un vínculo sanguíneo. Con esta vanguardia, este sentido innato de protección y hermandad, nos han precedido mujeres y movimientos que, codo a codo en la calle; han sacudido la historia. 

Movimientos como el Ataque al Congreso Estadounidense del 1 de marzo de 1954. Operativo en el que participó una de nuestras grandes hermanas revolucionarias; Dolores (Lolita) Lebrón Sotomayor. Nacida el 19 de noviembre de 1919, esta brava Lareña cedió su libertad, para llamar la atención a la asquerosa situación colonial de Puerto Rico y la represión gubernamental que le acompaña. Lolita Lebrón formó una cuarta parte de este operativo. En un grupo también compuesto por Rafael Cancel Miranda, Irvin Flores Rodríguez y Andrés Figueroa Cordero; fue Lola la primera en disparar al techo de la sala de vistas del Congreso. 

En sintonía con nosotros, otra isla hermana también celebra un gran movimiento. El pasado 25 de noviembre, se conmemoró en la República Dominicana, la resistencia y revolución de las hermanas Mirabal, para la década de los cincuenta, el siglo pasado. Las autoproclamadas Mariposas; Minerva, Patria y Maria Teresa Mirabal, fueron otras bravas quienes, en su afán por repudiar y derrotar el régimen dictatorial de su país, fueron asesinadas por orden de Rafael Leónides Trujillo en el año 1960.  

A las Mariposas les sobrevivió Bélgica Adela (Dedé), quién dedicó sus últimos cincuenta (50) años de vida a mantener vivo el recuerdo y cumplir con la promesa de obra y lucha de sus hermanas. Levantando entonces, toda una nueva generación de concientización social y política. 

El asesinato de las hermanas Mirabal, sonó una campana que despertó un país dormido y dio el pie para la creación de organizaciones y movimientos feministas. Para la década de los ochenta, estas organizaciones acuñaron el 25 de noviembre en honor a las hermanas y crearon El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Jornada a la que se sumó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) años más tarde en el 1999.

A casi veinte (20)  de esta gestión, nuestra risible realidad confirma que los tiempos no han cambiado. Si bien hemos modernizado algunos detalles, los hechos siguen siendo los mismos. El machismo, el cinismo y la chabacanería no ha muerto. Han muerto, en cambio un sin número de mujeres violadas, apuñaladas, abaleadas. 

Puerto Rico tiene una de las cifras más altas en casos de violencia de género a nivel internacional. En lo que llevamos de año, se han reportado cuarenta (40) casos de mujeres asesinadas, veintres (23) de estos asesinatos a manos de sus parejas consensuales.   

En noviembre del año corriente, la conmemoración del Día Internacional de le Eliminación de la Violencia contra la mujer, llevó a cientas de mujeres a unirse codo a codo en protesta, solicitando un Plan de Emergencia Nacional contra la violencia machista que nos continúa sofocando. En respuesta a esto, el gobierno decidió arremeter contra estas sólo con más violencia física. No sin antes encender una cínica luz violeta en el ala norte del Capitolio, en honor a las víctimas de violencia de género. 

¿Qué sería de las mujeres sin ellas mismas? Sin aliento y apoyo en medio de tanto caos. 

Contrario al discurso que nos obliga la sociedad a desayunar todas las mañanas; las mujeres no vivimos con la necesidad de competir unas con las otras. Esa idea trillada y enfermiza es una fabricación y una provocación machista con la intención de separarnos y adormecernos. 

De obligarnos a ignorar la herencia brava y capaz que corre por nuestras venas y, lamentablemente, en su mercadeo; este discurso ha rendido frutos de una manera u otra. 

La realidad es, que no existe ser más poderoso que una mujer con rabia y determinación; más aún cuando camina acompañada de sus hermanas. Es la cobardía lo que engrasa el motor del control; nos mandan a matar, nos encierran, nos controlan por que nos temen. 

Nuestras manos también están ensangrentadas, pero con las cargas que estamos hartas de arrastrar. Y a diferencia del Patriarcado, en su repudio; las utilizamos como un símbolo de resistencia. Porque no sólo somos las Lolitas, somos también las Blanca Canales, las Celestina Cordero, las Julia de Burgos, las Luisa Capetillo, las Mariana Bracetti. Somos un grito de guerra “empantalona’o”. Las que también disparan, las que incomodan, las que no callan, las brujas. Y así nos queremos. 

Vivas, felices, libres, nos queremos. Así nos queremos.  

 

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