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Selección de Cartas desde la cárcel de Antonio Gramsci 5

Ilust. de Tulio Pericoli
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Publicado: miércoles, 26 de julio de 2017

[Parte de una selección de las Cartas desde la cárcel de Antonio Gramsci, editadas y traducidas por Manuel S. Almeida para Claridad.]

 

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19 de marzo de 1927

Queridísima Tania,

He recibido en esta semana dos de tus postales; una del 9 y la otra del 11 de marzo: en vez, no he recibido la carta a la cual aludes. Creía recibir tu correspondencia, transmitida vía Ustica: de hecho, me ha llegado un paquete de libros desde la isla y me dijeron que el paquete contenía también las cartas cerrada y las postales que debían pasar todavía por la oficina de revisión. Espero recibirlas en estos días.

Te agradezco las noticias que me mandas sobre Giulia y los niños; no logro escribirle directamente a Giulia, en la espera de recibir alguna carta suya, aunque sea muy atrasada. Imagino sus condiciones de espíritu, más allá de las físicas, por todo un conjunto de razones; esa enfermedad debe haber sido muy angustiante. Pobre Delio, ¡de la escarlatina a la gripe en tan poco tiempo! Escríbele tú a la abuela Lula1 y ruégale que me escriba una carta larga, en italiano o francés, como pueda (además tú podrías mandarme la traducción solamente), y me describa muy bien la vida de los niños. Estoy convencido de que las abuelas saben describir a los niños y sus movimientos mejor que las mamás, de una forma real y concreta, son más objetivas y además tienen la experiencia de todo un desarrollo vital; me parece que la ternura de las abuelas es más sustanciosa que la de las mamás (¡pero Giulia no debe ofenderse y considerarme más malo de lo que soy!).

Definitivamente no sé qué sugerirte para Giuliano; en este terreno ya fallé una vez con Delio. Tal vez yo mismo podría fabricarle algo conveniente, si pudiera estar junto a él. Hazlo tú, según tu gusto, y escoge algo en mi nombre. En estos días hice una pelota de papel maché, que se está terminando de secar; pienso que será imposible enviártela para Delio. Además, todavía no sé de qué manera barnizarla y sin barniz se desharía fácilmente por la humedad.

Mi vida transcurre siempre igualmente monótona. Hasta estudiar resulta mucho más difícil de lo que parecería. He recibido algunos libros y en realidad leo mucho (más de un volumen al día, aparte de los periódicos), pero no es eso a lo que me refiero, quiero decir otra cosa. Estoy atormentado (ésto es un fenómeno propio de los encarcelados, creo) por esta idea: que necesitaría hacer algo “für ewig”, según una vieja concepción de Goethe, que recuerdo atormentó mucho a nuestro Pascoli.2 En fin, quisiera, según un plan preestablecido, ocuparme intensa y sistemáticamente de algún tema que me absorba y centralice mi vida interior. He pensado hasta ahora en cuatro temas, y ya esto es un indicador de que no logro concentrarme, es decir: 1º una investigación sobre la formación del espíritu público en Italia en el siglo pasado; en otras palabras, una investigación sobre los intelectuales italianos, sus orígenes, sus agrupaciones según las corrientes de la cultura, sus diversos modos de pensar, etcétera, etcétera. Tema sumamente sugerente, que naturalmente yo sólo podría esbozar en líneas generales, dada la absoluta imposibilidad de tener a mi disposición la inmensidad de material que sería necesario. ¿Recuerdas el rapidísimo y superficialísimo ensayo mío sobre la Italia meridional y sobre la importancia de B. Croce?3 Pues bien, quisiera desarrollar ampliamente la tesis que había esbozado entonces, desde un punto de vista “desinteresado”, “füer ewig”. – 2º ¡Un estudio de lingüística comparada! Nada menos. ¿Pero qué podría ser más “desinteresado” y für ewig que eso? Se trataría, naturalmente, de trabajar solamente la parte metodológica y puramente teórica del tema, que no ha sido trabajada nunca completamente y sistemáticamente desde el nuevo punto de vista de los neolingüistas contra los neogramáticos. (¡Te voy a horrorizar, querida Tania, con esta carta!). Uno de los mayores “remordimientos” intelectuales de mi vida es el profundo dolor que le provoqué a mi buen profesor Bartoli de la Universidad de Turín, que estaba convencido de que yo era el arcángel destinado a eliminar definitivamente a los “neogramáticos”, ya que él, de la misma generación y ligado por millones de hilos académicos a esta bola de hombres tan infames, no quería ir en sus posiciones más allá de un cierto límite fijado por las conveniencias y por la deferencia a los viejos monumentos funerarios de la erudición. –3º Un estudio sobre el teatro de Pirandello y sobre la transformación del gusto teatral italiano que Pirandello ha representado y ha contribuido a determinar. ¿Sabes que yo, mucho antes que Adriano Tilgher, descubrí y contribuí a popularizar el teatro de Pirandello? Escribí sobre Pirandello de 1915 a 1920, tanto como para juntar un pequeño volumen de 200 páginas. Entonces mis afirmaciones eran originales y sin ejemplo: Pirandello era, o amablemente soportado, o abiertamente ridiculizado. – 4º Un ensayo sobre las novelas por entrega y el gusto popular en la literatura. La idea me ha venido leyendo la noticia de la muerte de Serafino Renzi, cómico jefe de una compañía de dramas de arena, reflejo teatral de las novelas por entrega, y recordando lo mucho que me divertía las veces que fui a escucharlo, porque el espectáculo era doble: el ansia, las pasiones desencadenadas y la intervención del público popular no era el espectáculo menos interesante.

¿Qué te parece todo esto? En el fondo, a quien observe bien, entre estos cuatro temas existe homogeneidad: el espíritu popular creativo, en sus diversas fases y grados de desarrollo, está en la base de ellos en igual medida. Escríbeme tus impresiones; yo tengo mucha confianza en tu buen sentido y en la fundamentación de tus juicios. ¿Te aburrí? Sabes, para mí escribir sustituye las conversaciones: me parece verdaderamente hablarte cuando te escribo; sólo que todo se reduce a un monólogo, porque tus cartas, o no me llegan o no corresponden a la conversación emprendida. Por eso escríbeme cartas largas aparte de las postales; yo te escribiré una carta cada sábado (puedo escribir dos por semanas) y me desahogaré. No retomo la narración de mis sucesos e impresiones de viaje porque no sé si te interesan; ciertamente éstas tienen un valor personal para mí, en cuanto están ligadas a determinados estados de ánimo y también a determinados sufrimientos; para que sean interesantes para los demás sería necesario exponerlas en forma literaria, pero yo tengo que escribir de corrido, en el poco tiempo que me dejan tinta y pluma. A propósito ¿la plantita de limón sigue creciendo? ya no me dijiste nada. ¿Y mi casera cómo está, o ha muerto? Siempre se me olvida preguntarte. A principios de enero recibí una carta del señor Passarge, que estaba desesperado y creía que la muerte de la señora estaba próxima, y después no supe nada. Pobre señora, temo que la escena de mi arresto contribuyó a acelerar su mal, porque me quería y estaba tan pálida cuando me llevaron.

Te abrazo querida, quiéreme y escríbeme.

Antonio

 

Notas

1  Abuela maternal de Delio y Giuliano, Giulia Grigorievna Schucht.

2  Para una reflexión sobre el uso de esta expresión y los motivos trágicos en la escritura carcelaria gramsciana, ver mi “Some Notes on the Tragic Writing of Antonio Gramsci”, en el International Gramsci Journal Vol. 1 (2009), Núm. 2, o el primer capítulo de mi Dirigentes y dirigidos: para leer los Cuadernos de la cárcel de Antonio Gramsci (San Juan: Ediciones Callejón, 2014).

3  Gramsci hace referencia a su texto que escribió en octubre de 1926, poco antes de su arresto, “Algunos temas sobre la cuestión meridional”. Este ensayo es importante, entre otras cosas, porque contiene muchas de las preocupaciones que luego serán objeto de reflexión para Gramsci en la cárcel. En ese ensayo también vemos prefiguradas algunas categorías y conceptos teóricos que Gramsci elaborará en sus cuadernos carcelarios como, por ejemplo, el ensanchamiento que hace de la noción de ‘intelectuales’ para referirse a actores claves que ayudan a articular, plasmar y consolidar un determinado ordenamiento social que siempre no puede más que descansar en relaciones de poder de determinados grupos sobre otros.

 

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