Cita Histórica


“…un pueblo tiene que estar dispuesto a sacrificarse para lograr la dignidad”
Filiberto Ojeda Ríos

 

Puerto Rico • 8 al 14 de mayo de 2008

 

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El Partido Puertorriqueños por Puerto Rico PDF Imprimir E-Mail
Raúl Cotto-Serrano/Especial para Claridad   

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Cuando estamos enseñando el tema de las instituciones y procesos políticos en Puerto Rico, ponemos énfasis, entre otras muchas cosas, en los mecanismos y gestiones que utilizan los partidos políticos para proteger su posición. El caso del partido Puertorriqueños por Puerto Rico (ppr) es uno de esos ejemplos contundentes que a los profesores nos gustan porque ejemplifican una situación sin dejar lugar a dudas.
Análisis

La obstinación y persistencia que demostraron los tres partidos “tradicionales” en su resistencia a permitir el surgimiento de esa nueva organización política, obligó a sus proponentes a ir a la corte federal para lograr que sus derechos fuesen reconocidos, sólo para darse cuenta de que esa victoria no representaba sino el fin de una etapa inicial. Se trata de una resistencia que resulta políticamente importante entender.

La contienda entre el PNP y el PPD es tan reñida que cualquier factor adicional que intervenga tiene que ser motivo de intensa atención. El Partido Puertorriqueños por Puerto Rico no ha seleccionado una opción de estatus. Eso los hace más peligrosos para los dos partidos reinantes. Las últimas elecciones se decidieron por tres mil votos y por pequeña que sea la concurrencia que el PPR aglutine podría ser suficiente para cambiar el balance en un momento dado. En ambos partidos hay mucha gente descontenta. Como la plataforma del nuevo partido se dirige a mejorar la calidad de vida y a la democratización de los procesos gubernamentales, podría atraer personas inconformes de ambos partidos con efectos impredecibles en una contienda reñida. Ante esta perspectiva es comprensible que los partidos mayores dejen a un lado sus diferencias y se unan frente al enemigo común.

La situación para el independentismo es distinta y más compleja. Con la notable excepción del estatus político, los problemas que plantea el programa del PPR han sido, en una medida considerable, planteados previamente por el independentismo. Mencionaré primero la posición sobre el estatus político y luego me referiré a lo demás.

No es cierto que el PPR no tenga nada que decir sobre el estatus. Ellos no expresan preferencia por una fórmula, pero su posición es más compleja. Sugieren en su programa que Puerto Rico es una sociedad profundamente dividida y que no existen las condiciones de armonía social necesarias para tomar una decisión inteligente sobre el estatus. Proponen una serie de medidas para propiciar una mayor armonía social sobre la cual basar un proceso de decisión.

La renuencia a optar por una fórmula de estatus ha sido objeto de crítica por parte de algunos independentistas. Éstos olvidan que en varias ocasiones, en intentos de aumentar el voto a favor del PIP, se ha declarado que el estatus no estaba “en issue”. Se ha pedido un voto para administrar la colonia. Esto lo han hecho Rubén Berríos y David Noriega como candidatos a la gobernación. Si los independentistas podemos sacar al estatus de issue en unas elecciones, ¿por qué otros no pueden?

Pero ése no es el problema crucial. El problema crucial es que el PPR está invadiendo espacio político del independentismo. El independentismo (y no sólo el PIP) se piensa a sí mismo como un movimiento de transformación social. Los independentistas hemos defendido, con muy variados grados de consistencia en la acción, las mismas cosas que el PPR defiende: la calidad de vida, la participación comunitaria, la transparencia en los procesos gubernamentales, la sensibilidad de los procesos legislativos a las necesidades de los representados, etc. Todo eso lo hemos dicho mucho antes que ellos. El hecho de que surja un nuevo partido que compita electoralmente haciendo los mismos planteamientos se siente como una invasión. Pero hay que entender que la mejor manera de defender el espacio político propio no es montándole una campaña de obstinada obstrucción al potencial adversario para imposibilitar que surja como alternativa electoral. La mejor manera de defender el espacio político es ocupándolo.

El espacio político del independentismo se ocupa y se defiende con la palabra y con la acción consecuente y constante. Si nosotros, todos nosotros los independentistas y no sólo los pipiolos, actuamos de maneras inconsecuentes e inconstantes, no podemos quejarnos de que el espacio que dejamos sin ocupar sea ocupado por otros. Si después de un período electoral sobrevienen cuatro años de silencio sobre el mensaje independentista, no podemos esperar que ocurra otra cosa que la que ocurre. Si el mensaje independentista se desvincula de la vida cotidiana de las personas y se presenta como una visión utópica, no podemos esperar que padres y madres concretos, de carne y hueso, nos tomen en serio.

El surgimiento de agrupaciones como el PPR tiene que ser motivo de reflexión. Independientemente del grado de éxito o fracaso de su gestión electoral, debe servir para encender una luz roja en nuestra conciencia política. Es una invitación más, de las muchas que pasamos por alto, a repensar constantemente nuestro quehacer. El pueblo puertorriqueño está angustiado y ávido de respuestas y nosotros respondemos con estribillos y llamados patrióticos. Nos parece, equivocadamente, que no están preparados para escuchar respuestas complejas. Hay que recuperar la fe en el pueblo puertorriqueño.

Además de lo que acabo de decir y en un tono menos sectario, hay que pensar que mientras más personas y grupos se unan a la defensa del ambiente, a la protección de los recursos del país y a ofrecer ideas para resolver los problemas colectivos, mejor. No siempre hay que pensar en competir. También hay que pensar en buscar alianzas. El proceso electoral es muy importante pero una de las deficiencias que tiene es que obliga a competir a personas y grupos que podrían coordinar esfuerzos. Lo ideal quizá es buscar maneras de que ese proceso no acapare toda nuestra energía y que los métodos de lucha no se limiten a la competencia. ¿Difícil? Lo sé. Pero necesario.

 
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