Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

En diversos países, hoy se respira un ambiente de fiesta. Aún si la realidad es difícil y la crisis económica si tiene agravado, en estos días, ciudades como Oruro en Bolivia, Rio de Janeiro, Salvador y Recife, en Brasil, Montevideo en Uruguay, Neuquén en Argentina y otras en la América Latina y Caribe, parecen reír de las dificultades. 

Este domingo, multitudes van a las calles para jugar, cantar y bailar. La tradición del Carnaval fue traída a las Américas por los colonizadores, en el siglo XVI. Desde entonces, recibió influencias indígenas y africanas que, en cada lugar, les dieran  fisionomía propia. En Rio de Janeiro, el Carnaval de las escuelas de samba es diverso del carnaval de Oruro con sus diablos y más aún del que se hace en Huejotzingo y Tlaxcala en México y también del carnaval de  Colombia.

Algunos grupos religiosos, católicos y evangélicos reaccionan a esas fiestas proponiendo encuentros espirituales y retiros. Algunos otros quieren conquistar jóvenes con fiestas y danzas propias. Cada uno tiene derecho de hacer lo que prefiere. Lo importante es no dar testimonio de un Dios triste o enemigo de la fiesta y de la alegría. Para muchos, Carnaval si hizo importante como intervalo de convivio, en medio a un año de trabajo duro. En ese sistema económico-social, el Carnaval es casi el único momento, en lo cual las personas, que si conozcan o no, si dan las manos y juegan con danzas y ritos comunes. Diversos filósofos actuales afirman que, para un mundo como ese nuestro, el remedio más eficaz puede ser la “ética de la convivencia”. Muchas veces, la delicadeza es vista como signo de fragilidad personal.  Como si la agresividad fuera normal y positiva. Por eso, es importante insistir en relaciones humanas fundamentadas en la gentileza y en la ternura, como algo más bello y más humano. El otro, en si, no debe ser visto como amenaza y riesgo.  Por eso, las fiestas que, en eses días llevan las personas a convivir y jugar juntas si hacen profecía de otro modo de organizar el mundo. 

En ese Carnaval, en Rio de Janeiro, oprimidas de diversas formas por un gobierno racista y sumiso al Imperio, muchas escuelas de samba salen a las calles con un samba de protesto. Una de las más importantes, la Manguera, escogió como tema de su desfile “La verdad vos hará libres” y insiste que Jesús Cristo no es propiedad de las religiones ni puede ser usado como legitimador de discriminaciones. Su samba enredo dice: “Jesús es nuestro. El Mesías no es armado. Le gusta la samba y ver su gente jugar feliz”.