8vo Congreso del Partido Comunista de Cuba: Entre el relevo y la continuidad

 

 

CLARIDAD

“Ser invencibles por la unión y evitar que el enemigo nos vuelva a vencer por nuestro desorden”.

 La Habana-Cuba- Con esta premisa del apóstol José Martí y con la idea en mente de que la continuidad de la Revolución requiere, como orden natural de las cosas, del pase de batón a las nuevas –y comprometidas– generaciones de cuadros, el Partido Comunista de Cuba (PCC) se alista para celebrar este mes de abril su 8vo. Congreso, en medio de un complejo panorama económico, exacerbado, por un lado, por la pandemia de la Covid-19, y, por el otro, por el recrudecimiento sin precedente del bloqueo de los Estados Unidos.

Se le ha determinado llamar el Congreso de la continuidad histórica de la Revolución Cubana y será uno clave para el Partido y el país, pues lo surgido de él –además de incidir en la vida económica, política y social del país– definirá la fortaleza de la “continuidad e irreversibilidad”del proceso revolucionario cubano, como lo ha catalogado el alto mando del Partido.

Así las cosas, resalta entre los aspectos más llamativos de la cita partidista la salida de la dirección de varios miembros de la llamada “generación histórica”, entre ellos, Raúl Castro, actual Primer secretario del PCC y figura determinante en el proceso de relevo que se avecina dentro del Partido –pues si el tiempo no depara sorpresas, será el presidente Miguel Díaz-Canel quien sea elegido nuevo Primer Secretario. En resumidas cuentas, será el Congreso del relevo.

Un relevo pensado al dedillo, pues fue el propio Raúl Castro quien, durante el 7mo Congreso en 2016, propuso un máximo de dos mandatos para los altos cargos en el Estado y en el Partido, abriendo el camino para el pase de batón a la nueva generación de comunistas cubanos. Una acción justa, pero sobre todo necesaria, porque si de algo depende la continuidad de la Revolución es de su capacidad de traspaso gradual de la dirección del país y del Partido, de las manos de la generación histórica a la nueva generación de cuadros y dirigentes.

Ya lo decía en 1997 el Comandante Fidel Castro, durante el 5to Congreso del PCC: El partido no puede darse el lujo de que un día falle su dirección, porque el precio es impagable.

Bajo el eslogan “construir un socialismo cada vez más próspero y sostenible”, han sido muchas las horas de trabajo para llegar a este 8vo Congreso.

Con miras al encuentro, los delegados, elegidos a inicios de marzo pasado de una lista de precandidatos propuestos en reuniones a finales de 2020, realizaron en cada provincia las sesiones de estudio y análisis de los documentos que serán sometidos a debate y evaluación en las comisiones de trabajo del Congreso entre el 16 y el 19 de abril.

 Estos documentos son el resultado del proceso de balance y consulta realizados por los organismos de dirección provincial del Partido, así como por las organizaciones políticas y de masas, durante el año 2020. En ellos se aborda en detalle cómo se han implementado, hasta ahora, las acciones aprobadas en el 7mo Congreso, teniendo en cuenta las condiciones económicas y sociales actuales, incluyendo las dificultades y los retos que enfrenta hoy la nación.

El Congreso centrará su atención en temas medulares para el presente y el futuro inmediato de la isla, desde la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista, la actualización de la implementación de los Lineamientos, hasta los resultados económicos y sociales obtenidos desde el anterior Congreso. También estará sobre la mesa el funcionamiento del Partido, su vinculación con las masas y la actividad ideológica.

Cómo superar las ineficiencias, los problemas estructurales de la economía y cómo hacer para potenciar los sistemas productivos locales, a partir de la autonomía en los municipios son temas también a discutirse.

Entre los delegados electos al Congreso están el General de Ejército y Primer Secretario del PCC, Raúl Castro Ruz; el presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez; el Segundo Secretario del PCC, José Ramón Machado Ventura; el vicepresidente Salvador Valdés Mesa; y el primer ministro, Manuel Marrero Cruz.

LA JUVENTUD COMO CONTINUIDAD DEL PARTIDO Y DEL PAÍS

Fotos: Luis De Jesús Reyes

No es poco lo que está en juego cuando se mueven los hilos del traspaso. A la Revolución Cubana le ha llegado el momento de demostrar que alcanzó la madurez suficiente para sobrevivir a su “liderazgo histórico” y que las bases que creó pueden garantizar “la irreversibilidad del socialismo”. Para esto resulta esencial la elección de nuevos cuadros, comprometidos con “el proceso” y atemperados a la realidad y al esfuerzo de los tiempos que se avecinan.

En un intercambio con delegados de La Habana, el presidente Miguel Díaz-Canel ha insistido en la necesidad de evitar esquematismos en el manejo de la política de cuadros, así como en el cuidado que es imperante tener “para que nadie ocupe una responsabilidad sin una trayectoria que demuestre sus capacidades, sin una etapa de tránsito que le haya servido como formación previa”.

 En esa misma dirección, mucho se ha hablado de la pertinencia de encontrar en el núcleo del PCC una composición por color de piel, género y edades, “que se corresponda con las características de la sociedad cubana”.

 Símbolo de esa búsqueda es el 54,2% de los cuadros del Partido compuesto por mujeres y el 47,7% por negros y mulatos.

Sin embargo, es imperante “el incremento sostenido de la promoción de mujeres, negros, mulatos y jóvenes, a partir de los méritos, resultados y cualidades personales.” Si bien en términos generales se observan avances en ese renglón, la dirección del PCC ha reconocido que “lo alcanzado en los cargos fundamentales aún resulta insuficiente y no se obtiene dicho propósito en varias entidades del Estado y el Gobierno”.

Dicho esto, la nueva tutela del Partido llegará en medio de un vendaval que arrastra consigo disímiles obstáculos y condiciones complejas. Sin ir más lejos, un recrudecimiento del bloqueo estadounidense que, junto a la pandemia de la Covid-19, ha golpeado fuertemente a la isla y ha provocado que dentro de algunos sectores de la población el futuro se vea más con escepticismo que con esperanza.

 

Sumado a ello, está la complejidad que encara en sí misma la Tarea Ordenamiento, en vigor en Cuba desde el pasado 1 de enero y que contempla un ajuste del plan de la economía y la conformación de una estrategia de desarrollo económico social que pretende mejorar la situación del país para los próximos años. Una medida muy floreada, pero que a tres meses de su implementación ha enfrentado no pocos impedimentos.

Con todo, el 8vo Congreso del PCC, que iniciará justo a 60 años de declarada socialista la revolución y finalizará el mismo aniversario de la victoria en Playa Girón –fechas cargadas de simbolismo para los tiempos que corren– tendrá en su haber dar con las respuestas que alivien los problemas más apremiantes de la sociedad cubana, que no es poca cosa para una isla cuyo karma, como dice la canción, “es ir regular”.

Ya lo advertía Fidel Castro en 1991, durante el IV Congreso del PCC, y en momentos en que la isla comenzaba a navegar aquellos mares embravecidos extendidos en el tiempo: buscaremos formas, inventaremos formas, buscaremos recursos.

EL PCC, LEGADO HISTÓRICO DE UNIDAD Y SOBERANÍA

 Fue el 16 de agosto de 1925 cuando Carlos Baliño, cercano colaborador de José Martí, junto a las importantes figuras de Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena, fundó el primer Partido Comunista de Cuba. Este amague ha sido considerado el parteaguas político de la identidad patria de la primera mitad del siglo XX.

 Su soporte ideológico, sin embargo, se remonta a aquellas primeras proyecciones de unidad anticolonial y antiimperialista de la lucha mambisa cubana y que estarían más tarde delineadas, con mayor claridad, en las bases del Partido Revolucionario Cubano (PRC), creado por Martí en 1892. La idea de la cohesión de un pueblo en torno a la necesidad de emancipación y soberanía –como conceptos innegociables de la nacionalidad cubana– fijó la zapata sobre la que se construiría eventualmente el actual Partido Comunista de Cuba.

Aquel esbozo de Baliño contenía todo un programa de reivindicaciones y organización para los obreros y los campesinos, y de lucha por los derechos de la mujer y la juventud, además de un compromiso con las mejoras laborales del pueblo cubano. Ese primer empeño resultaría esfuerzo trunco en ese momento, pero las semillas de la idea ya se habían lanzado sobre terreno fértil.

Al bajar de la Sierra Maestra, en 1959, los guerrilleros, con Fidel Castro a la cabeza, materializaron la necesidad de que las disímiles fuerzas opositoras a la dictadura de Fulgencio Batista cerraran filas ante la hostilidad de fuerzas extranjeras. Y así, el 3 de octubre de 1965 quedó constituido el Comité Central del nuevo PCC.

Según la nueva Constitución, aprobada por la Asamblea Nacional y refrendada por el voto mayoritario de los cubanos en 2019, el Partido Comunista mantiene su condición de “fuerza política dirigente superior de la sociedad y del Estado”, y tiene a su cargoorganizar y orientar “los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.

En palabras de Raúl Castro, “… únicamente el Partido Comunista, como institución que agrupa a la vanguardia revolucionaria y garantía segura de la unidad de los cubanos en todos los tiempos, puede ser el digno heredero de la confianza depositada por el pueblo en su líder”.

Hoy, a 56 años de su constitución y a más de un siglo de la germinación de sus ideas, en momentos en que el país enfrenta nuevos retos económicos y sociales, con un intento de desestabilización alentado desde afuera y con la incertidumbre que siempre da abrirse a los cambios –nadie se llame a engaño– el PCC apuesta por preservar y fortalecer la unidad de sus bases y la del pueblo en torno a la Revolución, a la vez que renueva los rostros que dirigirán el país en los próximos años.

Ante la crítica de quienes apuntan a la existencia de un solo partido en Cuba como supuesto ejemplo de falta de democracia, la respuesta de José Ramón Machado Ventura, actual Segundo secretario del PCC.

“Un solo partido, como lo predicó Martí. Porque frente a los sueños del imperialismo de fragmentar a nuestra sociedad y dividirla en mil pedazos, nuestro escudo principal es la unidad. Y es el Partido, vanguardia organizada del pueblo, quien asegura, junto a este, la continuidad histórica de la Revolución”.

 

 

 

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