A buscar un salto en la conciencia colectiva

Por Juan Mari Brás, Especial para Claridad

Al independentismo puertorriqueño se le ofrece una rara oportunidad de ayudar a producir un salto en la conciencia colectiva del pueblo puertorriqueño. La acción tomada por el gobierno federal de George Bush contra el gobernador de Puerto Rico, Aníbal Acevedo Vilá, constituye un abuso de poder por la administración en Wáshington en inequívoca señal de la arrogancia y prepotencia que sólo puede darse en una relación de tipo colonial. Y que delata, además, el marcado declive histórico en que ha entrado el imperio norteamericano. Esto es lo más importante del momento actual en la política puertorriqueña.

Corresponde al independentismo alcanzar la cabal comprensión de la presente coyuntura. Recordemos la enseñanza del viejo Marx cuando nos dijo a los revolucionarios del mundo que el crecimiento de los pueblos en la historia se da por saltos y no linealmente.

El pueblo puertorriqueño está indignado con lo que han hecho los fiscales de la administración Bush con el gobernador de Puerto Rico. Y es que una de las mayores virtudes de este pueblo es su capacidad para rechazar abusos de poder contra sus compatriotas. Y sabe también que Aníbal Acevedo Vilá es una persona decente. Ese hecho, percibido claramente por la gran mayoría del país, es la realidad de la que tenemos que partir.

No es momento para seguir dándo vueltas a las norias de la política electoral, que aquí se ha ido reduciendo, en calidad, tanto como se reduce cada vez más el ámbito de la limitada autonomía que Wáshington le reconoce a Puerto Rico.

El gobernador es el primero que tendrá que asimilar la lección que su caso ofrece a todo el país. Acevedo Vilá es un hombre inteligente y ha demostrado capacidad para la estrategia política, todo ello dentro de los límites de su condición de colonizado. Todos los puertorriqueños —incluyendo a los independentistas del amplio espectro patriótico— cargamos alguna cuota de la tara de colonización por más de quinientos años consecutivos que sofoca constantemente la aplicación certera de la inteligencia natural y la extraordinaria creatividad que este pueblo ha podido demostrar en su historia.

Lo que le falta al pueblo es alcanzar la conciencia de que en el fondo de sus grandes, medianos y pequeños problemas está inmutable la subordinación colonial que padecemos. Ésta se agrava ante una realidad como la presente, cuando a Estados Unidos lo preside una persona que representa los peores vicios de conciencia que ha acumulado el pueblo norteamericano. Por eso ha precipitado la llegada del imperio de Estados Unidos a un punto de declive histórico que ya es irreversible.

No debemos olvidar, ni subestimar, algunos hechos descolonizadores producidos, aunque casi siempre a medias, por el gobierno semi-autonómico de Acevedo Vilá en el breve tiempo que lleva y aún ante el conflicto que le ha mantenido una legislatura fundamentalmente politiquera y pitiyanqui. Sobre todo, ha sido intolerable para la arrogancia imperial de Wáshington, el reclamo que el Secretario de Justicia, Roberto Sánchez Ramos, con la aprobación del gobernador, le hizo al FBI para que le informe al gobierno del ELA todo lo relativo a sus acciones que culminaron en el vil asesinato de Filiberto Ojeda Ríos. Las acciones tomadas por el gobierno del ELA bajo la dirección de Acevedo Vilá, en la autorización de la opinión del Secretario de Justicia sobre la titularidad de las tierras de Paseo Caribe, y la expedición por el Secretario de Estado de una certificación de ciudadanía puertorriqueña a los que así lo soliciten y cualifiquen para ampararse en nuestra ciudadanía natural, así como la protesta ante los federales por el atropello cometido contra periodistas y otros compatriotas por parte del FBI en los incidentes ocurridos frente a un edificio en la Calle De Diego de Río Piedras; todos ellos —aunque de menor alcance que lo relativo al asesinato del patriota Filiberto Ojeda Ríos— formaron el caldo de cultivo en que se ha fundado la torpe decisión de autorizar la formulación de cargos criminales contra el gobernador por unos supuestos delitos que, aún cuando se probaran algunos de ellos —lo cuál está por verse— constituirían una persecución selectiva, que hace inválida la misma a la luz de la jurisprudencia vigente en Estados Unidos.

Todo esto se hace con un propósito claro, que es someter a un chantaje al gobernador de Puerto Rico para que cancele el diapasón de sus esporádicos reclamos de poder para el estado libre asociado. No es la primera vez que se somete a un gobernante incumbente de Puerto Rico a un chantaje por el gobierno de Estados Unidos. Pero no está dentro de los límites razonables de espacio de este escrito entrar a discutir esos hechos históricos.

Lo importante ahora es que el independentismo no pierda su ruta orientadora dirigida al país entero. Aníbal tiene ante sí la alternativa que se presenta en todas las víctimas de chantaje en la vida: o se somete a los chantajistas, accediendo a sus reclamos, o lo combate de frente. En gran medida, su decisión al respecto dependerá del respaldo que sienta, por parte del pueblo, para actuar con la plena dignidad de la resistencia frente al chantaje.

Es lastimoso que, hasta ahora, sean muy pocas las voces que se han alzado a analizar la situación creada por la formulación de cargos contra el gobernador ante un tribunal de jurisdicción extra-territorial, proscrito en el mundo desde hace más de un siglo, y éstas se limiten a la disputa mezquina de la politiquería partidista. Sepa el goberandor y sus abogados que hay abiertos ya, en el mundo, unos foros para dilucidar y adjudicar querellas contra los estados que violen derechos humanos fundamentales. Lo que se está cometiendo por Wáshington constituye una violación flagrante a los derechos humanos del pueblo puertorriqueño en general, no sólo del gobernador. Y los foros no son únicamente los de carácter judicial o semi-judicial. Más importante son, en esta etapa del desarrollo de las relaciones internacionales, los foros sociales, económicos y políticos que, juntos o contradictoriamente, van cambiando las relaciones de fuerzas en el mundo. La América Nuestra, la caribeña y latinoamericana de la que formamos parte indispensable, es una de las zonas de mayor aceleración en esos cambios de orientación que apuntan a que se organice un mundo mejor para todos y todas.

Pensemos en todo lo alto y actuemos, al mismo tiempo, con los pies bien firmemente incados en la tierra, para enfrentar la realidad y hacer que esta produzca, con nuestra acción certera —ni mayor ni menor a la que la coyuntura permita— el salto cualitativo que requiere Puerto Rico para terminar con el coloniaje que nos humilla y nos inmoviliza. Para eso, el primer salto es el de la descolonización de la conciencia colectiva. Esa es la prioridad.