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A Papi en su cumple

Nota: A petición de Elga, la hija de Elliott Castro, reproducimos la columna que escribió el año pasado para esta fecha, día del cumpleaños de nuestro siempre bien recordado editor deportivo.

Hoy es uno de esos días… Hoy mi padre hubiera cumplido 71 años. Hoy lunes, hubiera estado ajorado por la mañana terminando o corrigiendo la columna de Claridad. Semana de Festival de Claridad hubiera tenido la agenda llena. En todo esto pienso cuando me levanto y veo que es lunes 17 de febrero. Hasta hace tres años un día de celebración, ahora, pues, de celebrar su vida, pero imposible no estar triste por lo que pudo haber sido el resto de sus años. Pero como él me enseñó a ver el vaso medio lleno, pues pongo La Sonora Ponceña, busco algunas fotos, lloro, lloro mucho pero trato de convertir las lágrimas en alegría, en recordar buenos momentos, en celebrar su vida, en pensar todo lo que hizo, como le dio la gana, en sus 68 años y medio de vida y todo el legado que dejó, y me siento mejor.

Es imposible no recordarlo todo el tiempo. En estos casi tres años que han pasado cada vez que hay una hazaña deportiva de nuestros y nuestras atletas, lo recuerdo y pienso cómo se hubiera puesto feliz. La semana pasada cuando las chicas del equipo nacional de baloncesto clasificaron por primera vez a unos Juegos Olímpicos, pensé en lo eufórico que hubiera estado, ya que siempre apoyó el baloncesto femenino. También lo recuerdo en momentos no tan memorables, como por ejemplo durante toda la crisis del robo de señales en las Grandes Ligas me he roto la cabeza pensando en lo que él hubiera pensado. A veces es difícil la responsabilidad de escribir en un espacio como este donde él escribió por cuatro décadas al máximo nivel de excelencia, pero recuerdo que no estoy sustituyéndolo sino que debo hacerlo con mi propia voz y teniendo como norte el compromiso con el periódico y el deporte. Como su vida iba mucho más allá del ámbito deportivo, también lo tengo presente cada vez que estoy gozando con una salsa sabrosa, ya sea escuchándola o bailando, soy cocola furibunda y mis recuerdos salseros son casi todos protagonizados por Papi. También me enorgullece cuando alguien me piropea la sonrisa y recuerdo la suya. Cada vez que me veo enseñándole a mi hija el valor de la amistad y que los amigos son la familia que escogemos y cómo los y las amigas han sido un apoyo brutal en estos años. También cada vez que me encuentro dedicando la mitad de mi tiempo en ayudar a organizar eventos, metida en 20 revoluces sin cobrar, me acuerdo de Papi llevándome de niña a torneos de deporte infantil, a comunidades a hacer trabajo voluntario y a ayudar, siempre, sin pedir nada a cambio. Con él aprendí a divorciar la “caridad” o el trabajo voluntario de la idea de que es algo exclusivamente religioso, esa caridad pagana es de los mejores aprendizajes que tuve. Porque la explicación era roja, tan roja como fue la educación política que tuve desde pequeña, vivimos en un país donde el estado no provee los servicios básicos y por eso la sociedad civil tiene que intervenir. Así, cada Primero de Mayo, cada marcha, cada protesta, el Verano del 19, lo recuerdo, porque sé que hubiera estado en la calle en pie de lucha. Y eso a la larga es la esencia de él que celebro hoy: una persona que fue constante, no solo al escribir en esta página por 40 años sin fallar, igual que con La Descarga, pero también constante en otro nivel, en poner en práctica sus ideas e ideales y nunca claudicar.

Trato de pensar que igual que hoy es un día feriado para honrar los presidentes estadounidenses, los días de natalicio se hicieron para celebrar la vida a quienes se honran y pues hoy voy a celebrar a Papi. Voy a poner salsa, voy a ver deportes, voy a querer a mis amigos y familiares, voy a repartir sonrisas por el mundo, voy a apoyar a los y las atletas de Puerto Rico y esta semana a apoyar el Festival de Claridad.

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