A toda costa Vilches y Cardona

Carlos R. Alberty Fragoso / Especial para En Rojo

Ha arribado a nuestra isla, procedente de México, la antología A toda costa narrativa puertorriqueña reciente, publicado por Elefanta Editorial. Se trata de una reunión de textos, selección y prólogo de la poeta y profesora, Mara Pastor. Los otros responsables son el editor Emiliano Becerril Silva, el diseñador de la portada, Abril Castillo, y Lucero Vázquez, encargada de la formación. 

De la nómina de 25 autores, entre los que se encuentra Marta Aponte Alsina, comentaré brevemente las colaboraciones de solo dos: Vanessa Vilches Norat y Sofía I. Cardona.

Vilches, además de libros de artículos periodísticos, ha publicado De(s)madre o el rastro materno en las escrituras del Yo (ensayos, 2003) y tres libros de relatos: Crímenes domésticos (2007), Espacios de color cerrado (2012) y Geografías de lo perdido (2018). Cardona, ha publicado, entre otros títulos,El libro de las imaginadas (narrativa, 2008), La habitación oscura (poesía, 2006), Desde la quinta nube (artículos periodísticos, 2016) y La maravillosa visita del calzadísimo extranjero (literatura infantil, 2017).

En “Pequeña vitrina”, (del libro más reciente) de Vanessa Vilches Norat, nos adentramos en un mundo a la vez familiar y no familiar que poco a poco nos revela una realidad absurda, deshumanizada y horrorosa. No sabemos si estamos en el futuro o en un universo paralelo pero sí está claro que el mundo del cuento se fundamenta en la realidad económica actual. (Además, hay Santa Claus y Magos de Oriente.) Arnaldo, quiere comprarle un regalo de navidad a su esposa y, como es lógico y normal en esta economía, entra a una tienda en un centro comercial. Se trata, en principio, de una transacción económica común. En apariencia, la experiencia parece la compra de una mascota. Pero la cosa se pone tenebrosa al revelársenos poco a poco que somos testigos de la compra de bebés e infantes. Con destreza, la narración posterga la información concreta de la identidad de la mercancía. El narrador se refiere a esta como “artículo”, “modelo”. Como lo ordinario o familiar de la transacción encubre lo insólito de la historia narrada el cliente atraviesa por las “vicisitudes” de todo comprador: las largas filas, la insistencia algo irritante de la empleada siempre dispuesta a orientar, (“Arnaldo le asiente a la cotorra que lo persigue por la tienda”) y la consabida búsqueda del artículo en el almacén, como si fueran zapatos. 

El horror anida en la simpleza de lo ordinario comercial. No solamente se pueden comprar bebés, también se pueden alquilar niños y llevárselos de paseo por el centro comercial. De salir, se deberá pagar por el seguro extra. Colabora también en lo terrorífico la conducta común y cursilona de la gente que les hace cucamonas a los “artículos”: “El falsete agudo de los clientes era insoportable: ‘Ay, qué bonito, a que me lo como. ‘Este dedito puso un huevito, este se lo llevó .. .’ Risas propias de la satisfacción. Le agarra ahora el pulgar ‘pero este dedito gordito se lo comió.’” 

Finalmente, Arnaldo, el marido, termina comprando a Oxana, una niña ucraniana de tres años, nacida “el 29 de diciembre de 2013 en la ciudad de Chernóbil”. Se ha completado una transacción económica más y el cliente se va satisfecho. 

Así, Vilches nos “regala” una visión sobrecogedora del potencial autodestructor y deshumanizante del capitalismo y sus tecnologías envuelta en los ritos de la ordinariez comercial; otra pesadilla de la razón monstruosa.

El cuento “Everything’s fine” (hasta ahora inédito) de Sofía I. Cardona se autodefine en la última oración como una “historia de terror”. La narradora protagonista sucumbirá a los temores y la paranoia marcados por los signos de las tradiciones literaria y cinematográfica del terror. Todo presidido por una gran ironía. Nilse, la hermana de la protagonista ha tenido “la terrible idea” de invitar a Sara a su casa en Estados Unidos. Pero Sara no sabe que justo ese fin de semana su hermana le pedirá el divorcio al marido. 

Desde el comienzo del texto se van acumulando pistas que sugieren irónicamente el horror y lo extraño o perturbador. Primeramente, es el marido. A pesar del carácter y la apariencia apacible del hombre, a la protagonista se le antoja que precisamente son estos mansos seres los que un día explotan en un acto terrible de violencia. También la voz del cuñado le afecta, le parece una película doblada. Luego, están las sobrinas gemelas, que le son perturbadoras. El saludo a su tía le produce un efecto particular: “me respondieron con un simultáneo hola que me produjo escalofríos”. Además, su aspecto y apariencia se le antoja como de una “doble criatura siniestra.” La paranoia y el miedo empiezan a dominar a la protagonista (“tantos incidentes violentos que salen en la crónica de horrores policiales”).

La protagonista dormirá en el sotano, que ella misma define como “ese lugar que en las películas se altera con la llegada del siniestro forastero.” 

Esa noche se desata una poderosa lluvia sacada de la tradición artística: “Aquella noche llovió torrencialmente, como suele suceder en las películas de horror.”

Al final, Sara sube las escaleras pero sus nervios la traicionan y se desmaya. La historia de la esposa no se completa o no nos enteramos, que es casi lo mismo.

Desde la perspectiva de la lógica del relato, había por lo menos, tres opciones: 1. La hermana pide el divorcio y sucede lo temido por la febril protagonista. El marido despechado estalla en violencia criminal. 2. Ante el pedido de divorcio, el marido convence a la esposa de darse otra oportunidad 3. La esposa desiste de la petición del divorcio y no le dice nada al marido. Aquí la destreza de Cardona estriba en evadir esa tríada de soluciones y concentrar el relato en la psicología del personaje. Desde el comienzo, la lógica del relato está sostenida por la psicología del personaje. Es precisamente la protagonista, su punto de vista, el que proyecta el terror e interpreta sus signos continuamente. No es casualidad que la narradora sea el personaje central. Ella nos lleva al centro de su terror: la posibilidad de la violencia doméstica. Pero, muy astutamente, Cardona evade el didactismo o la prédica a los conversos. Nadie está a favor de la violencia. Pero todos disfrutan de un buen cuento de terror donde nadie sale herido. En todo caso, la protagonista ha integrado en su psiquis los signos de violencia y se siente aturdida por estos. Se trata, además, de un acto de virtuosismo literario y de creación de atmósfera, con gran autoconciencia irónica.

Un rasgo peculiar de las antologías es que los lectores pueden aplicar con libertad y felizmente el consejo de Julio Cortázar en el tablero de instrucciones de Rayuela, es decir, leer a saltos. No hay que seguir el orden (alfabético) de aparición de los textos. Cada lector o lectora es libre para inventar su orden. Así pues, estos dos cuentos son un buen comienzo para leer A toda costa que acaba de llegar a nuestras playas.