Almodóvar, mon amour: Dolor y gloria

Por Maria Cristina/En Rojo

Director y guionista: Pedro Almodóvar; cinematógrafo: José Luis Alcaine; elenco: Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Leonardo Sbaraglia, Nora Navas, , César Vicente, Asier Flores, Penélope Cruz, Cecilia Roth, Julieta Serrano, Raúl Arévalo

Decir Almodóvar para mi significa ver un filme que desafía mis expectaciones, que divierte, nos hace llorar o al menos entristecer y, especialmente pensar en lo proyectado y lo recreado en nuestra percepción como espectadores. También significa personajes femeninos de una gran variedad, cambio y fuerza, aparente debilidad y solidaridad en la amistad y la cercanía de otras mujeres. Por eso los filmes que veo una y otra vez son ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), La flor de mi secreto (1995), Todo sobre mi madre (1999) y Hable con ella (2002). 

A través de los años “el niño terrible” de La Movida Madrileña y el Destape de la España posfranquista, Pedro Almodóvar, ha debatido con la moralidad heredada e impuesta en este país despedazado por una guerra civil (1936-39) que todavía hoy no ha podido sanar sus heridas. La mano dura del triunvirato de la monarquía, la iglesia católica y el ejército —con el apoyo de los grandes terratenientes— intentó por más de 40 años dirigir al pueblo español a la sumisión y aceptación sin cuestionamiento de sus leyes y censura. Cuando esta imposición se derrumba todo lo supuestamente sagrado e incontestable se desafía al extremo. En cine, donde la poderosa oficina de la censura vigilaba las imágenes proyectadas tanto en el cine nacional como el extranjero, los desnudos femeninos y el sexo explícito se convirtieron en el cine más popular y taquillero del país. En 1980, Almodóvar irrumpe con una comedia desafiante: Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980). La protagonista, Carmen Maura, será una de sus actoras preferidas a las que luego se añadirán Victoria Abril, Marisa Paredes, Penélope Cruz, Cecilia Roth y las siempre presentes en papeles pequeños pero jugosos: Chus Lampreave y Rossy de Palma. A esta comedia que incluye sucesos como violación, drogas, sexualidad explícita, pasiones desenfrenadas, masoquismo, le sigue en 1982, Laberinto de pasiones con un Antonio Banderas de 21 años, como un terrorista islámico gay. La colaboración Almodóvar-Banderas continuará durante esta década con cuatro otros filmes, pero una vez Banderas se acomoda en producciones exitosas de Hollywood en la década de 1990 (The Mambo Kings, Evita, Desperado, The Mask of Zorro), no regresa al mundo de Almodóvar hasta el 2011 con La piel que habito que fue nominada en el Festival de Cannes y los Golden Globes y ganador del Premio BAFTA. Y este año nuevamente van juntos a Cannes donde entraron a la selección para el Premio de la Palma de Oro y donde Banderas conquistó el Premio por Mejor Actor.

En el presente de Dolor y gloria conocemos a Salvador Mello, afamado director recordado por cinéfilos por un filme de hace 30 años que fue éxito de taquilla y retó lo aceptable para presentar lo antes rechazado. Y aunque continuó haciendo otros filmes, cree no tener nada nuevo que decir y su enfoque está en su deteriorada salud, especialmente su migraña y dolores de espalda que apenas le permiten movilidad y por eso permanece la mayor parte del tiempo en su apartamento. Tiene un grupo de apoyo de mujeres que lo estiman y conocen bien e intentan facilitarle el diario vivir. Cuando la cinemateca española decide reestrenar una copia restaurada de ese famoso filme de hace tantos años, Mello explora nuevamente su vida en aquel entonces. Los recuerdos lo llevarán a contactar nuevamente a Alberto Crespo (Asier Etxeandia), protagonista del filme con quien se peleó porque se apartó del guion y no siguió sus instrucciones como autor y director. Cuando por fin se hablan nuevamente, descubre a través de Alberto cómo aminorar su dolor físico, que a su vez lo lleva a recordar su niñez con su madre en un pequeño pueblo para luego emigrar a otro pueblo para estar cerca de su padre. El Mello adulto recuerda cómo todo a su alrededor le encendía su imaginación que luego se traduciría en historias contadas primero y luego recreadas en movimiento.

Ese contacto con Alberto también le servirá para volver a escribir, pero esta vez una obra teatral en vez de un filme. Alentado por Alberto, quien necesita tener un buen papel para regresar a la actuación profesional, Mello revive su gran amor, el argentino Federico Delgado (Leonardo Sbaraglia), a quien no ha visto desde la ruptura de la relación. Este recuerdo, su escritura y puesta en escena le permite recoger esos momentos tan importantes en su vida personal. El presente todavía carga con culpas autoinfligidas como no poder complacer a su madre y llevarla de vuelta a su pueblo o nunca volver a ver a Eduardo, su primer gran amor cuando chico. Encontrará algo de alivio a sus dolores físicos y un balance entre su pasado y presente para poder plantarse frente a un futuro que sigue incierto, pero ahora con posibilidades.

La historia, el montaje, diálogos/encuentros memorables y tiernos y la poderosa actuación de todos los actores, pero especialmente Antonio Banderas, hacen de Dolor y gloria uno de los mejores filmes de este atrevido y visionario escritor y director de cine.