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Ante la violencia machista, un Estado de Emergencia con perspectiva transfeminista

 

 

Especial para En Rojo

Negra, académica y malcriá

En días recientes, debido al aumento de desapariciones de niña, jóvenes y mujeres y ante el aumento en feminicidios en el archipiélago, ha vuelto a sonar con más fuerza la exigencia de declarar un estado de emergencia ante la violencia machista. Aunque las razones para declarar un estado de emergencia son obvias, la gobernadora, por ignorancia o por mala fe, parece no entender la urgencia. Escribo este texto porque existe una propuesta desarrollada por organizaciones feministas en el archipiélago (propuesta) donde sumariamente explican porqué es necesario y cómo funcionaría un estado de emergencia[1]. La implementación de un estado de emergencia no es nuevo, tenemos como ejemplo el caso de Uruguay (estado de emergencia Uruguay) que en el 2019 declaró un estado de emergencia. Asimismo, existen protocolos como el Modelo Latinoamericano para atender violencia machista (manual). Lo que me llamó la atención de esta propuesta es el uso de un lenguaje que crea una homogeneidad de experiencia que sabemos no existe. Además, obvia la complejidad de múltiple opresión por expresión de género, raza y clase. Omitir estas diferencias tiene implicaciones como por ejemplo poco apoyo a la exigencia de un estado de emergencia por ciertos sectores pues no parecen ser incluidos en la narrativa. La intención de este texto es que se consigne una nueva propuesta desde una perspectiva transfeminista, una propuesta que no reproduzca discursos homogeneizadores.

La propuesta de un estado de emergencia no puede hacer eco de una sociedad que niega la existencia y experiencia de la persona trans y género-diversas en cada oportunidad que tenga. Esa propuesta debe considerar todxs lxs sujetxs políticxs cuyas cuerpas experimentan la opresión y misoginia del patriarcado. Debemos pensar en una propuesta que no profetice la cosmovisión de las mujeres cis sino que procure proteger y atender tanto la transfobia y el sexismo abordando las desigualdades económicas, sociales y políticas. De esto trata el transfeminismo como nos explica la académica Claudia S. Garriga López: “[el transfeminismo es] una forma de feminismo interseccional fundada en el entendimiento de que el sexismo y la transfobia son sistemas de opresión entrelazados y que se refuerzan mutuamente”[2].  De esta manera, esta declaración de estado de emergencia exige un acercamiento que tengan en cuenta las realidades múltiples que atravesamos como suejtxs politicxs. Sería incoherente la exclusión de las personas de experiencia trans y y género-diversas de esta propuesta de “estado de emergencia”; pues son elles que conocen mejor que nadie la intolerancia del patriarcado y la violencia machista ya que sus cuerpas no cumplen con el imaginario social de lo que debemos ser.

En las única cinco líneas, que no es suficiente, en la propuesta que hacen mención de  las mujeres trans se presenta el argumento que “Al momento, no existe manera de documentar estas experiencias pues no se registran adecuadamente en las estadísticas”. A pesar de no haber un registro oficial de los transfeminicidios, las comunidades trans tienen su registro y denuncian el alza de estos constantemente. Estos son los nombres de mujeres trans asesinadas entre 1993 a 2020, recopilados por una persona de experiencia trans en Twitter:

Nancy Barriera Rodríguez

Luli

López Mercado

Ashley Santiago

Angie González Oquendo

Crespo Molina

Michele González García

‘La Flaca’ Soto González

Karlota Gómez Peña

Malena Suarez

*sin identificación, Juncos*

Neulisa Alexa

Yampi Méndez Arrocho

Serena Angelique Velázquez

Penélope Díaz Ramírez

Layla Peláez

 

Hablar de un estado de emergencia sin considerar sus registros, sus denuncias, sus reclamos y sus necesidades es invisibilizarles. Una perspectiva transfeminista nos permite nombrar los contrastes según el cuerpo que se violenta y de esta manera atender y proponer conforme a cada situación, pero necesitan ser nombradxs en esa propuesta. Leo a mis afectos y a sus allegadxs en las redes, muchxs de ellxs, de experiencia trans y género-diversas, expresando el temor que siente, no solo que se les invalide como sujetx políticx, sino que también temen por su integridad física.

El transfeminismo, como estipulado en el manifiesto transfeminista “hace notar el hecho de que las mujeres trans [personas trans], como otros grupos de mujeres que sufren de múltiples opresiones, son particularmente vulnerables a la violencia […]”[3]. Es sabido que la violencia machista embiste sistemáticamente la dignidad y la integridad de personas con una identidad y expresión de género no normativa. Prueba de esto es que a un día de llorar y manifestarnos por el asesinato de Rosimar Rodríguez Gómez, nos despertamos con la noticia del asesinato de Michelle Ramos Vargas, mujer trans, pero la rabia e indignación fue diferente.

 

Existen otros aspectos considerados en el transfeminismo que no he visto en las conversaciones y/o discusiones en las redes, excepto por personas de experiencia trans y género-diversas y tampoco aparece en la propuesta; estos son la raza, la diversidad funcional de las personas y la clase social. La violencia machista es una expresión de la desigualdad que implica no solo el patriarcado sino también el sistema capitalista y el racismo estructural. Solamente recordemos el caso de Neulisa Alexa, mujer trans negra, deambulante y de diversidad funcional asesinada en enero de este año.  El enfoque transfeminista es más congruente con la complejidad del problema pues ayuda a la visibilización y análisis de las experiencias marginadas y excluidas de las definiciones hegemónicas cuando usamos por ejemplo conceptos como violencia de género. El género como perspectiva presenta limitaciones pues su acercamiento metódico se basa en un solo aspecto de desigualdad.  Así mismo, hablar de violencia de género fortalece el binario mujeres-víctimas/hombres-victimario estandarizando así un solo paradigma de violencia y sabemos que la violencia machista se reproduce en diversos espacios y por diversos sujetxs políticxs.   Es de decir, hablar de violencia de género no cuestiona ni reflexiona sobre la diversidad de las personas agredidas ni la de lxs agresorxs y el transfeminismo nos permite esto.

Reconociendo que las organizaciones feministas del archipiélago como Colectiva Feminista en Construcción, el Movimiento Amplio de Mujeres de Puerto Rico, Coordinadora Paz para la Mujer, Proyecto Matria y Taller Salud han hecho un arduo trabajo en visibilizar y denunciar, es tiempo ya de replantear nuevas cosmovisiones a las prácticas y a la acción política. Tal vez es momento para acercarse a corillas como Trans Tanamá, Espicy Nipples o La Sombrilla Cuir para avanzar la exigencia del estado de emergencia.

 

 

[1]Entre las organizaciones y grupos nombrados en la propuesta están la Colectiva Feminista en Construcción, el Movimiento Amplio de Mujeres de Puerto Rico, Coordinadora Paz para la Mujer, Proyecto Matria y Taller Salud

 

[2]Traducción mía. Garriga-López, Claudia Sofía. “Transfeminism.” Global Encyclopedia of Lesbian, Gay, Bisexual, Transgender, and Queer (LGBTQ) History. https://www.academia.edu/38181511/Transfeminism.

 

[3]“Manifiesto Transfeminista por Emi Koyama | OTD Chile,” May 8, 2020. https://otdchile.org/manifiesto-transfeminista-por-emi-koyama/.

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