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¡Antonia Martínez Lagares, maestra!

 

Especial para CLARIDAD 

“…que no sean necesarios más héroes ni más milagros pa’ adecentar el local…”

(Joan Manuel Serrat, A quien corresponda)

El 24 de febrero del 2020, la Facultad de Educación del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico (UPRRP) aprobó una Resolución que se consignó en la Certificación Núm. 25 (2019-2020). El 23 de abril del 2020, el Senado Académico de la UPRRP emite la Certificación Núm. 86 (2019-2020) en la que establece que hace suya la Resolución contenida en la Certificación Núm. 25. Los primeros cuatro “por cuantos” de la Cert. Núm. 25 leen como sigue:

  1. Antonia Martínez Lagares era estudiante del Colegio de Pedagogía, actualmente Facultad de Educación Eugenio María de Hostos, de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, en el momento de recibir un disparo que le causó la muerte el 4 de marzo de 1970, mientras buscaba, como tantos otros, protección de la violencia que imperaba en las calles de Río Piedras durante la tarde y noche de ese día.
  2. Antonia se encontraba en su último semestre de estudios para obtener el grado de Bachillerato en Artes en Educación con Concentración en Español, había completado todos los cursos medulares de educación, incluyendo la práctica docente, y, de haber podido concluir el semestre que cursaba al morir, habría cumplido con todos los requisitos para el bachillerato.
  3. La muerte de esta estudiante, cuyo asesinato aun no ha sido esclarecido por las autoridades, constituye un evento histórico excepcional, el cual ocurrió́ en el contexto de las protestas de un amplio sector de la comunidad universitaria (estudiantes, profesores y personal no docente) por la salida del ROTC del campus, lo que provocó diversos enfrentamientos violentos en el recinto universitario y en Río Piedras durante la segunda parte de la década del 60 y comienzos de la del 70.
  4. El 4 de marzo del 2020 se cumplen 50 años de la muerte de Antonia y esta coyuntura representa una oportunidad para la Universidad de hacer justicia tanto a una joven estudiante que fue asesinada a escasas semanas de culminar su grado académico, como a su familia.

El 19 de junio del 2021, en la centésima decimosexta colación de grados del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico se le otorgó póstumamente a, Antonia Martínez Lagares, el grado de Bachillerato en Artes en Educación Secundaria con Concentración en Español. Igualmente, el 25 de junio del 2021, la Facultad de Educación, reconoció en su actividad de homenaje a los graduados del año académico 2020-2021, el grado póstumo otorgado a Antonia. Fueron necesarias cinco décadas más un año para esta acción.

El grado póstumo otorgado a Antonia puede tener significados múltiples. En mi reflexión destaco tres aspectos relacionados. Primeramente, aunque tardíamente, este acto contribuye con un nivel de justicia a un suceso que marco la historia del país y la universidad, en particular. Aún resta esclarecer este asesinato cuyo autor es un policía, es decir, el delito fue perpetrado a manos del estado. Segundo, en un asunto más puntual, para el Recinto de Río Piedras es un hecho trascendental. Antonia, habita en las entrañas del Recinto; los sucesos alrededor de su muerte se manifiestan de distintas maneras en el Campus, con mayor o menor intensidad, a lo largo del tiempo. Para muchos universitarios su historia en la UPI está ligada a esa otra historia, a un reclamo perpetuo. Con el grado póstumo otorgado el Recinto cumple con una obligación ética. Tercero, implica una rectificación histórica que, desde mi óptica, contribuye a cerrar ciclos de injusticias y dolor que inciden en la psiquis, tanto individual como colectiva, al tiempo que ofrece un sosiego al rescatarnos de una absurda resignación.

Por otra parte, tras una espera de cinco decenios para alcanzar este logro, corresponde agradecer. Obligado agradecer a la familia de Antonia, porque de manera generosa abrieron las puertas de su intimidad y sus sentimientos para compartirlos con todo un pueblo desde el primer momento. Perder un ser querido en circunstancias siniestras y, al mismo tiempo compartir su recuerdo, es un gesto de desprendimiento indescriptible. Gracias. Sin duda, el agente catalizador para otorgar el grado póstumo a Antonia fue la publicación del libro Antonia, tu nombre es una historia, del licenciado y escritor Hiram Sánchez Martínez. El libro, el cual se presentó al público el 29 de marzo del 2019, narra con evidencias confiables los sucesos previos y posteriores vinculados al asesinato de Antonia Martínez Lagares. El escritor, por su relación de amistad con Antonia, fue participante principal de lo acontecido antes, durante y después de aquel fatídico suceso. Su narración cerca de cinco décadas más tarde venció las tentaciones de un sentimentalismo que nublara los hechos, así como las de un objetivismo que decantara en un revisionismo histórico. Corresponde dar las gracias al licenciado Sánchez Martínez, por rescatar ese trozo de nuestra memoria histórica.

Mediante los símbolos, el arte y la música el ser humano materializa un mundo abstracto de ideas e imágenes, es decir, se posibilita la comunicación. Tal capacidad le permite documentar su pasado y proyectar hacia un futuro, dicho de otra manera, el ser humano transita en eso que hemos dado por llamar las dimensiones espacio-tiempo. Un ejemplo de lo anterior es el hermoso poema, Antonia, del cantautor Antonio Cabán Vale, El Topo, que muestra cómo un suceso perdura por virtud de la capacidad comunicativa y creativa del ser humano. Desde el primer momento, el trovador calibró la trascendencia histórica de aquellos hechos y los vertebro en un poema-canción. Con ello, denuncio el asesinato infame al tiempo que sentenció su carácter imperdonable. ¡Gracias maestro!

Un cuarto actor a dar gracias es la comunidad universitaria del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico. Con sentido de responsabilidad, sin reservas e incondicionalmente la comunidad apoyo las gestiones para otorgar póstumamente el grado a Antonia. Desde el primer momento las acciones para lograr la meta se enmarcaron en la idea de aclamar por justicia y derogar la impunidad. Gracias universitarios todos, por asumir valiente y cabalmente la petición para cumplir con el deber histórico que correspondía a la Universidad de Puerto Rico y al Recinto de Río Piedras.

Un pensamiento final. La justicia, la reivindicación y la felicidad son constructos sociales que históricamente, por virtud de los avatares del quehacer humano, son como hermanas gemelas separadas. Sus reencuentros son muy esporádicos y, por tanto, añorados. Precisamente, en estos días, me acompaña una imagen que alimenta mi quebrantada esperanza en la sociedad y la especie humana: la reivindicación, la felicidad y la justicia andan tomadas de la mano celebrando en cada esquina y en cada rincón del recinto riopedrense, mientras exclaman en un tono inaudible que se proyecta al infinito: ¡Antonia Martínez Lagares, maestra!

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