Australia: Panorama de una crisis política y ambiental

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD 

gvazquez@claridadpuertorico.com 

Se puede decir que Miguel Rodríguez Casellas, profesor y arquitecto boricua vive entre dos tragedias. Por una parte, lo que está pasando en Puerto Rico y, por otra parte, lo que vive en Australia, donde reside hace siete años. 

Antes de continuar con la entrevista aclaró que hay varios niveles en esa frase y que la tragedia no es de ahora. Por ende, no se limita a los terremotos, ni a los fuegos. Inicialmente, Casellas llegó Australia como refugiado de una crisis económica y también política.

“Llegué con muy poca información sobre el lugar. No tuve tiempo para pensar en eso. Poco a poco me he ido radicalizando por lo que he visto en esta parte del mundo. Aquí hay también una tragedia política”, expuso.  

Resaltó que un aspecto interesante en la política australiana es la influencia que ejerce la región. Entiéndase, la normalización del autoritarismo en Asia está muy presente en Australia, además del autoritarismo heredado del imperio británico y la institucionalización de la supremacía blanca.  “Vemos en el ejercicio de la democracia australiana un autoritarismo amigable. Una especie de giro neoliberal, necropolítica, pero con una sonrisa”. 

Las 15 horas de diferencia, el deterioro de las estructuras políticas, de comunicación y el debate público en general le hacen sentir que vive en el futuro. El estado de excepción, la militarización de las fuerzas policiales, la paramilitarización de la población que empieza a ejercer roles policiales unos contra otros, complementan ese panorama de futuro indeseable y distópico ofrecido por Casellas.  Expresa que huyó de un lugar, hasta cierto punto expulsado, para caer en otro que casi exacerba muchas de esas lógicas. 

En cuanto a la tragedia política, concluyó que en Australia es evidente la normalización de la violencia, tanto en el plano institucional como en el plano de lo autoinfligido, que es la violencia que el sujeto aplica contra sí mismo. Una de las características del neoliberalismo en su fase más avanzada.  En el marco de esta tragedia, catalogada por Casellas como una política-discursiva, específicamente tiene lugar la crisis ambiental que amenaza a Australia. Una crisis muy material, pero también muy política.

“Se trata de unos viejos resabios del imperialismo británico. De la visión occidental, mayoritariamente blanca y muy anglosajona, donde el planeta es una especie de hacienda a explotar. Australia es una economía extractivista. Esa visión antigua está muy presente. Se refleja en el negacionismo de la crisis climática, que en Australia es un vernáculo. Comparado con EE. UU. y Donald Trump, ya yo había visto en la discursividad y las subjetividades políticas australianas los mismos vicios. Sobre todo, la normalización de la violencia a varios niveles”, mencionó.

Según Casellas, actualmente el país es incapaz de responder a la situación. Se evade la discusión pública, el conflicto, lo político, el debate. Los medios de comunicación son controlados por los grandes barones del extractivismo y la industria de los combustibles fósiles. El discurso antisocialismo, al estilo de la guerra fría, también contribuye a esa incapacidad. 

“Aquí se huye al debate. La diferencia, el conflicto, la negatividad de la crítica y la discursividad crítica son anatemas y eso lleva a que se despoliticen las conversaciones en el plano cotidiano, que es donde se hace política inicialmente. Entonces, una crisis medio ambiental como esta los coge con los pantalones, las faldas, los pantis y lo calzoncillos abajo. No tienen mecanismos emocionales ni discursivos para responder a ella”.

El periodismo, que sería la institución llamada a traer un poco de lucidez a la conversación y poner la situación en perspectiva, ha sido tímido en encuadrar esa narrativa. En consecuencia, Casellas apunta a una guerra de narrativas. 

Esa narrativa, señaló debería resaltar el financiamiento insuficiente por parte del gobierno a las agencias que se encargan del monitoreo, la prevención y las políticas sobre el control del agua y su distribución. 

“Esta parte del mundo tiene una naturaleza literalmente incendiaria. El eucalipto australiano tiene unas propiedades naturales que lo hacen susceptible a incendios. A eso se le suma que Australia es una isla continente con un corazón desértico que tiene una ambición expansiva. Aquí apenas tienes una costa húmeda en ciertas partes, que es lo que ha permitido desarrollar una forma particular de agricultura. Pero hasta la agricultura, desde hace décadas, depende de unas políticas del agua que cada vez se han vuelto más irresponsables. A eso añádele el consumo de agua extraordinario que requieren las industrias extractivistas”, explicó. 

Ese modelo económico es responsable de los incendios ocurridos recientemente al sureste de Australia. Varios expertos han señalado que en caso de conservar sus proyectos de expansión sobre la industria extractivista de combustibles fósiles, será el país que contribuya con más emisiones contaminantes al planeta. 

En el contexto de esa crisis ambiental y política, los medios asumen al discurso político de que es momento de unirse, que no es momento para hablar de política. En lo cotidiano también se asume este tono “idiotizado” de que lo que constituye la condición australiana es que “nos unimos todos frente a la tragedia”.

“Entonces, nunca es momento de hablar de lo político. Nunca es momento de traer una discusión que provoque cambios estructurales. Se junta una especie de estrategia mediática gestada desde los sectores conservadores, que son tanto el partido laboral como el liberal”, criticó Casellas. 

Otro de los problemas señalados por Casellas es un bipartidismo simulado. Dos partidos neoliberales con políticas que apoyan el extractivismo porque sus campañas están financiadas por esa industria.

Todo esto impide un debate de admisión de culpa. Se demoniza el pasar factura de la culpa. Las conversaciones en los medios sobre el primer ministro de Australia, Scott Morrison, han sido muy tímidas según Casellas. Sin embargo, centralizar toda la culpa en este individuo funciona como mecanismo de desviación de la culpa estructural del estado. 

La situación sí está haciendo que cierta gente despierte y que sectores conscientes, como los hay en todos los países, estén ganando acceso. El problema —explicó— es que gradualmente, en los últimos 10 años los partidos políticos han criminalizado la protesta. Las herramientas de libertad de expresión que entendemos que están protegidas dentro de nuestro marco constitucional no existen en Australia. 

“No tienen una carta de derechos, que es una especie de grieta en el ordenamiento jurídico inglés y  en el australiano, por lo cual el estado tiene unas libertades amplias para regular la protesta y criminalizarla. La actitud australiana ante el agravio no es de protestar”, añadió.

Los fuegos han cobrado 28 vidas humanas. En cuanto a la cifra de animales, se ha movido de medio billón a un billón. Eso tiene unos efectos multiplicadores que todavía no se conocen. Los medios están siendo cautelosos con no crear pánico, pero la contaminación del aire y los acuíferos pudiera tener consecuencias en un lugar que ya de por sí vive al borde de la vida y la muerte con relación al agua.

“Yo estoy con mi máscara. Estoy caminando menos al aire libre porque estoy encerrado en la casa dependiendo de los sistemas mecánicos, que es lo único que filtra el aire. Me he acostumbrado al olor. Lo que es terrible, porque quiere decir que ya no te das cuenta”.

El profesor identificó tres líneas discursivas en los medios para desviar la atención y evadir una discusión sobre la responsabilidad del gobierno respecto a la crisis ambiental. 

En primer lugar, recuerda que la prensa internacional fue más dura con Morrison, y de ahí empezó a notarse un cambio en la prensa local; pero eso cambió rápidamente. 

Los mecanismos de relaciones públicas e ideológicas dentro del partido liberal empezaron a cambiar la discursividad moviéndose hacia lo humanitario, que sería la segunda línea discursiva. “Utilizan ese discurso para convertir esto en una crisis humanitaria y desviar la atención de la verdadera narrativa: que esto es una crisis política y económica causada por las practicas extractivistas y neoliberales, cada vez más abocadas a una política de la muerte, no de la vida”

Tercero, la narrativa del Estado de identificar los 180 responsables de los incendios, que pretende personalizar la culpa para evitar una discusión estructural sobre lo político, lo económico y particularmente sobre el extractivismo capitalista.

“Yo tengo una leve esperanza de que la magnitud de esta crisis va a debilitar las fuerzas culturales y políticas que mantienen esta discusión en hold”, concluyó.