Autogestión y agroecología: Respuesta a la emergencia y solución a largo plazo

Por Giancarlo Vázquez López/CLARIDAD

gvazquez@claridadpuertorico.com

Por los pasados años las redes de apoyo comunitario se han ido extendiendo a través de la Isla. Un ejemplo de lo que es la autogestión en la agroecología viene tomando forma en el municipio de Utuado desde 2017. Aunque no es el único ni el primero, es el que he seleccionado para exponer el tema y su importancia en momentos como el que vivimos.

Después del huracán, María, Freddie Pérez Martínez, Shaisa Soto Ruiz y familia perdieron el acceso a la finca que habían alquilado con opción a compra en el barrio Guaonico, en Utuado. Ya la estaban trabajando y vivían en ella cuando tuvieron que mudarse a la finca de los papás de Pérez y empezar de nuevo.

  • Cosecha de cúrcuma
  • Elixir de cúrcuma
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  • Siembra de hortalizas

“Hacía ya algún tiempo que mis papás se querían ir a vivir para el pueblo, así que hicimos un trato con ellos, le cogimos una casa en el pueblo y nos quedamos acá en la casa de la finca”, contó Pérez, cofundador de Unitaria Común.

Entre sus aspiraciones estaba articularse como proyecto enfocado en apoyar a la comunidad. Se adentraron en el proceso mediante la reconstrucción de un acueducto que al día de hoy suple a unas 12 familias en el sector Candito Salvá, barrio las Palmas.

Por meses se dedicaron al acueducto. Con unas ayudas que recibieron pudieron completar su arreglo de manera que supliera agua constantemente. Al principio fue medio caótico. A las dos semanas ya tenían agua, pero a menudo dejaba de llegar a las casas porque el ojo se secaba. En ese momento dependían de esa agua. Estabilizar el acueducto les tomó entre 9 meses y un año.

“El ojo de agua está en Cerro Norato. De ahí captamos el agua que baja por gravedad y llega a nuestras casas. Estamos hablando de aproximadamente 8 mil pies de tubería, tres cisternas, el trabajo de romper monte”, explicó.

Una vez establecido el acueducto, se dedicaron a apoyar a sus vecinos, muchos de ellos personas mayores, de diferentes maneras. Además del agua, fueron largos los meses después del huracán sin servicio de energía eléctrica. A través de charlas sobre sistemas solares contactaron diferentes entes que donaron equipos para algunas familias. Otras, viendo que la electricidad tardaba en llegar, decidieron invertir.

“Nosotros compramos uno porque podíamos hacerlo en ese instante. Como yo sabía montarlo nos dedicamos a montar sistemas solares. Como año y medio después fue que empezamos a producir sodas y a sembrar. En ese proceso hemos conocido a muchos vecinos y vecinas que están sembrando y que elaboran cosas”.

El espacio que en un principio fue la planta de sodas naturales y, luego del huracán, su casa (antes de vivir en la casa donde vivían los papás de Pérez), se está convirtiendo en una cocina para uso comunitario, que no han podido terminar a causa de los temblores y el COVID. Todo en conjunto, volver a retomar la siembra, abrir unos caminos que estaban tapados, ha sido parte de la recuperación pos María.

Sodas, servicio de suministro de comida (catering), producción y procesamiento de alimentos, así se han bandeado por los pasados tres años. Trabajo que han realizado Pérez y Shaisa Soto Ruíz, principalmente. Siempre contando con el apoyo familiar. En ocasiones han contratado a alguna persona para que les ayude y recientemente comenzaron a emplear a un vecino del barrio que va a la finca  dos veces a la semana. Los catering son de hasta 200 personas con productos locales, sobre todo de aquello que se produce en Unitaria Común: frutas, viandas, vegetales, hortalizas de temporada.

Además, Soto Ruíz, estudiante de medicina herbolaria y de la vida, agricultora y mamá, trabaja con la producción de medicina botánica, cultivos y comida fermentada. La cofundadora de Unitaria Común detalló que el proyecto tiene dos grandes enfoques: el educativo y el procesamiento de alimentos.

“Ambos enfoques en torno al rescate de las prácticas ancestrales. No tenemos una producción grandísima, pero entendemos que una manera crucial de hacerles accesibles los alimentos sanos a las personas es haciéndolos llegar de manera procesada. Entendiendo eso y trabajando en pro de la accesibilidad de productos sanos, también trabajamos productos elaborados. A eso va ligada la medicina. A través de un producto medicinal que yo le hago llegar a la gente con plantas de acá, no solamente le proveo salud, sino que también lo reconecto con las plantas medicinales que todo el mundo conoce por ahí. Hasta la persona que menos está en contacto directo con las plantas medicinales del campo las reconoce porque su abuela le hizo un té o algo. La malagueta, el llantén, etcétera”, explicó Soto.

“Hacemos diferentes tipos de ungüentos, repiratorios, para la piel, articulaciones, los hongos. También hacemos extractos de plantas, aceites botánicos, lociones para la piel, todo formulado a base de la cosecha que se tiene, aunque siempre hay que buscar insumos externos, como aceites”, añadió.

Los fundadores Unitaria Común apuestan a la creación de redes regionales para satisfacer y resolver las necesidades básicas (alimentación, salud, agua, energía eléctrica), de la gente en las comunidades, entre otros problemas.

“Tenemos que crear redes comunitarias que nos apoyemos en todo momento como lo hicimos para el huracán, los temblores y ahora con el COVID, a través de lo que es Apoyo Mutuo Campesino. Hay muchas más personas apoyándose para salir de los productos”, manifestó Pérez.

La agroecología puede alimentarnos a todos y a todas, pero depende la inclusión de todos esos pequeños agricultores que quizás no son del todo orgánicos, pero que tienen un montón de conocimientos y prácticas agrícolas ancestrales. Según sugirió Pérez, si excluímos a todas esas persona que se quedaron en el campo produciendo y no emigraron a la ciudad, la agroecología se quedaría corta.

“Nosotros los más jóvenes que tenemos un conocimiento de lo que son los sistemas de siembra orgánica podemos entrelazarlos y adelantar la agroecología”, manifestó Pérez.

“Si nos quedamos como están proponiendo los grupos elite de Puerto Rico, nos vamos a quedar patinando porque hace falta acceso a la tierra y experiencia. Esto no es fácil, hay que meterle mano y estar bien claros y claras. Esto hay que querer hacerlo y amarlo. Si estuviésemos hablando de un país como Cuba, que le facilita todo al agricultor, pero estamos hablando de la colonia más vieja. Aquí todo es autogestionado. Si incluimos a todas estas personas que se quedaron en los campos y creamos redes de apoyo regionales, la agroecología se convierte en otra cosa. Tenemos que mirar a los campesinos y campesinas que quedan como los protagonistas del movimiento. Esto tiene que venir de todos los pueblos. Tienen que haber redes de apoyo para que podamos sacar productos y suplir la necesidad del pueblo. Mirar toda la diversidad de pequeñas producciones. Sin pretender ser el protagonista. Yo no pretendo ser el héroe nacional. A mí no me interesa eso, yo quiero que esto avance como una unidad. Por eso estamos haciendo todo esto”.

“Aspiramos a que esto sea algo replicable. No tiene que ver nada con que si eres profesional, agrónomo, etcétera. Es producir con la tierra, comprar nuestras producciones, elaborarlas, apoyarnos y salir del producto colectivamente”, concluyó Pérez, que es agricultor y estudiante de las cosas de la vida, observador de los procesos de la naturaleza, hijo, papá y compañero.

La familia que constituye Unitaria Común es una de las más jóvenes en el sector Candito Salvá en el barrio las Palmas y por eso han decidido apoyar a sus vecinos. Con el tiempo han notado que hay mucho más interés que cuando comenzaron en 2017. Algunos vecinos han creado sus propios huertos y colecciones de plantas medicinales.