Biblioteca viva de la justicia y del amor

Por Marcelo Barros / Especial para En Rojo

El próximo domingo, último de septiembre, las comunidades católicas celebran el Día de la Biblia. Es ocasión para recordar el Movimiento Bíblico, uno de los pilares de la renovación de la Iglesia.

La Biblia nació entre los pobres de Israel. Sin embargo, durante siglos, estuvo en manos de intelectuales y personas adineradas. Su interpretación legitimaba el poder dominante y una sociedad de injusticias.

Dictadores tomaron el poder, jurando sobre el libro de la Biblia. Citando páginas bíblicas, papas organizaron ejércitos para luchar contra infieles. En nombre del evangelio, han quemado a herejes en la hoguera. Hasta hoy, movimientos fundamentalistas dicen inspirarse en la Biblia para defender el patriarcado, la homofobia y racismos. Con textos bíblicos, rabinos tradicionalistas apoyan la guerra de Israel contra los palestinos. En Brasil y otros países, pastores cristianos citan la Biblia para condenar religiones negras y tradiciones indígenas. Americanos ponen en su dinero el nombre de Dios, mientras van por todo el mundo con su militarismo y violencia. Ecologistas han culpado la Biblia por el antropocentrismo occidental y la destrucción de la naturaleza.

De hecho, las iglesias cristianas tienen una deuda con la humanidad. No basta afirmar que estos males han sido producidos por una lectura errónea de la Biblia y que esta, en sí misma, no justificaría esos males. Lamentablemente, aún hoy parte de la jerarquía católica, muchos pastores evangélicos y pentecostales, así como diversos grupos cristianos todavía predican el evangelio de manera poco amorosa. Su forma de actuar parece dar razón a quienes piensan que la Biblia provoca violencia y sufrimiento à la humanidad y al planeta. Necesitamos purificar la lectura bíblica y la forma como hablamos de Dios. En la Biblia su revelación es evolutiva y va hasta dejar claro su rostro de amor, compasión y justicia.

Lutero decía que Dios prefiere el insulto de las personas justas a la alabanza de los injustos. En América Latina y Caribe, desde más de 50 años, muchas comunidades pobres leen la Biblia para encontrar fuerzas para vivir y motivos para luchar por justicia y liberación. Muchos hermanos y hermanas fueran aprisionadas y asesinadas porque han descubierto en la Biblia una vocación para cambiar el mundo. Es esa forma de leer la Biblia que recuerda la palabra que, al cerrar el Concilio Vaticano II, el 7 de diciembre de 1965, dijo el papa Pablo VI: “para encontrarse a Dios, es necesario encontrar el ser humano”.