Breves de noviembre

 

Por María Cristina/En Rojo

Aproveché mi estadía n Río Piedras, mientras esperaba por una reservación en el ferry de carga a Vieques, para ver de todo un poco. Escogí Maleficent: Mistress of Evil porque me encantó la 1era historia de 2014; The Goldfinch porque, aunque no había leído el libro (ya lo ordené y llega pronto), los avances parecían prometer una historia de vacíos y misterios; Black & Blue por su ritmo y realidad sin pausa. 

Maleficent: Mistress of Evil

(director Joachim Rønning; guionistas Linda Woolverton, Noah Harpster, Micah Fitzerman-Blue; autora Linda Woolverton; cinematógrafo Henry Braham; elenco Angelina Jolie, Elle Fanning, Michelle Pfeiffer, Sam Riley, Harris Dickinson, Chiwetel Ejiofor, Ed Skrein, Robert Lindsay, David Gyasi, Miyavi, Warwick Davis)

Sin duda lo constante en esta secuela de Maleficent es su protagonista, interpretada genialmente por Angelina Jolie. Es una historia de amor sin barreras y de traición que afecta a dos reinos cuya visión del universo es diametralmente opuesta. El hada Maleficent ama y está dispuesta a entregarlo todo por el amor de Stefan, pero éste la traiciona y la mutila al cortarle sus hermosas alas. La Maleficent adulta se tornará vengativa—y siempre protectora de los Moors—y maldecirá a Aurora, la hija de Stefan. Con el tiempo, al ver a esta niña crecer, Maleficent se convertirá en su hada madrina y su relación será no de madre amorosa, sino de intercambio de verdades con un diálogo exquisito de ironía y de miradas que matan. Y ese es precisamente el atractivo de su secuela con una Maleficent que intenta ser cariñosa con Aurora pero su franqueza no le permite ser flexible o sonreír. El problema con esta secuela es que todo lo demás—el compromiso entre Aurora y Phillip, la rivalidad y venganza de la Reina Ingrith, el descubrimiento de los planes de destruir a la población de los Moors y anexar las tierras—parece desconectado. 

No es hasta que Maleficent es herida y rescatada por Conall, parte de la población de hadas que vive escondida en cavernas, que comienza el desarrollo de otra historia que dura muy poco ya que son casi destruidos en la guerra conducida por la Reina Ingrith. Solo Conall y Borra pueden hacer que apartemos nuestros ojos de Maleficent. Eso sí, esta secuela es un festín visual no solamente por el bosque y castillos encantados, pero la transformación de Maleficent resurgiendo de las cenizas del Fénix es sencillamente magnífica. El personaje de reparto que sí se distingue es Diaval, el cuervo confidente de Maleficent que ella transforma en humano, o dragón o en lo que lo necesite.  

The Goldfinch

(director John Crowley; guionista Peter Straughan; autora Donna Tartt; cinematógrafo Roger Deakins; elenco Oakes Fegley, Ansel Elgort, Nicole Kidman, Jeffrey Wright, Luke Wilson, Sarah Paulson, Willa Fitzgerald, Aneurin Barnard, Finn Wolfhard, Ashleigh Cummings, Aimee Laurence, Robert Joy, Boyd Gaines, Ryan Foust, Denis O’Hare)

Quizá porque el libro de Donna Tartt (2013) fue tan elogiado y ganó el prestigioso Pulitzer, transferirlo al cine con una adaptación que, por necesidad y requisitos del medio, obliga a una edición y corte ha sido apaleado por la crítica. Es posible que después que lea el libro me una a sus críticas, pero en estos momentos escribo solamente de su presentación visual y sonora.

Como las elipsis bien montadas me fascinan por dejar espacios a la imaginación de lxs espectadorxs, no tengo ningún inconveniente en contemplar una escena y esperar el momento escogido por el director para completar el pensamiento. El Theo Decker adulto puede no saber qué hacer con su vida en Amsterdam, pero ya en la próxima escena se nos presenta al adolescente de 13 años que parece haber despertado en un vacío donde no hay nada familiar y su entorno emocional ha desaparecido. A través de fragmentos donde el momento cumbre donde su vida cambia por completo se cruza con la construcción esperanzadora de una nueva familia, para poco tiempo después recuperar lo indeseable de su pasado y un presente desolador. Pero aún dentro de todos estos espacios aparecen figuras afines como Samantha Barbour y su hijo Andy; Hobie, Pippa y la memoria de Welty; Boris, el ucraniano que aparece y desaparece de su vida.

Como el centro del misterio es una hermosa y pequeña pintura que ha sobrevivido cientos de años, todas las escenas son como pinturas que vemos despacio en una galería que nos hacen reflexionar sobre nuestra vida. El filme tiene esa ternura que prevalece a pesar de la violencia que parece rodearlo todo.

Black & Blue

(director Deon Taylor; guionista Peter A. Dowling; cinematógrafo Dante Spinotti; elenco Naomie Harris, Mike Colter, Frank Grillo, Reid Scott, Tyrese Gibson, James Moses Black, Beau Knapp, Nafessa Williams)

Con una descripción hiperbólica en IMDB de los logros de Deon Taylor, director afroamericano con películas anteriores de terror con poca sustancia, esta vez nos ofrece un drama policíaco con un estilo de “Reality TV”, protagonizado por la actora británica, Naomie Harris (nominada como Mejor Actora de reparto en 2016 por Moonlight), junto a Mike Colter (Lemond Bishop en “The Good Wife” y ahora David Acosta en “Evil”) y Tyrese Gibson (Roman de la franquicia de Fast & Furious). En menos de 24 horas que incluye imágenes comprometedoras de su cámara corporal, Alice West, la novata policía pero con extensa experiencia de supervivencia como soldada en Afganistán, será testigo de un crimen a manos de otros policías y literalmente correrá por su vida. En esta lucha por sobrevivir en las calles de sectores extremadamente pobres de Nueva Orleans será confrontada y rechazada por la comunidad negra donde se crio y por el aparato policíaco que tiene sus propias reglas para lidiar con el crimen y la pobreza.

Es una historia de bastante desesperanza—quizá porque tiende a asemejarse a la cotidianidad que conocemos pero que poco se publica. En un gueto/residencial/caserío/arrabal donde rigen las reglas internas impuestas por el/a controlador/a de la economía, la policía es el enemigo (a menos que sean partícipes pagados), algunos grupos religiosos son tolerados como apaciguadores de la violencia interna, y nadie cruza esas líneas. El título del filme lo dice todo: ¿se puede ser negro y policía a la vez, o son excluyentes? Estos son cuestionamientos que se hacen a diario en todas las ciudades de Estados Unidos donde, aunque minoritario, afroamericanos ocupan desde los puestos más bajos hasta casi lo más altos dentro de la estructura de la muchas veces mal llamada ley y orden. Una de las cosas más impresionantes de este filme es su firmeza en presentar el rechazo y la agresividad de los residentes del gueto hacia la policía, no importa su raza o etnia. Se podría decir que la agresividad de los residentes hacia “los negros en azul” es más violenta hasta el punto de ponerlos en riesgo.