British Airways NUNCA, JAMÁS

Por Carmen Rabell/Especial para En Rojo

El sábado 6 de julio mi colega Laura Robledo (profesora de la UPR-Bayamón) y yo tomamos el vuelo American Airlines (BA 6970) a las 7:30 am. Llegaríamos a Philadelphia, donde tuve la oportunidad de almorzar con mi hermano, Gamaliel Rabell. Todo iba muy bien. Tomamos en Philadelphia el vuelo British Airways (BA 0066) a las 6:40 pm para llegar a Londres. Sin embargo, pasar de Inglaterra a Tel Aviv fue un máximo dolor de cabazas. 

Debíamos tomar en Inglaterra a las 2:50 pm el vuelo a Tel Aviv (BA 165). Nos metieron en el avión. Después de estar sentadas tres horas como momias egipcias, me dice Laura Robledo que iría al baño. Mi colega, igual que yo (soy «impedida» por poder poseer convulsiones debido a mi cáncer cerebral), tiene la pierna derecha hinchada desde hace 24 años, cuando sufrió una caída en la UPR-Bayamón. Le duele si no mantiene su pierna derecha alzada. Creía que Laura estaba en el baño, pero treinta minutos me pareció demasiado tiempo. Salgo de mi silla, camino hasta el frente del avión a buscar a Laura Robledo y la encuentro siendo interrogada, con falta de inteligencia e invalidación de los derechos de quien viaja en un avión con los papeles que demuestran su impedimento y capacidad de viajar en aviones.

Ver la pierna ancha les pareció a tres trabajadores ingleses de British Airways (BA 165) –un rubio y una rubia de ojos azules y su obrero afro-inglés– la amenaza al mundo que viajaba hacia Tel Aviv. El 6 de julio de 2019, tras averiguar en todos los baños del avión, encuentro a Laura Robledo en un asiento donde a ella se le había ocurrido descansar su pierna derecha. Los trabajadores, que se creen reyes contra la puertorriqueña afro-descendiente (como somos la mayoría boricua), empiezan a tocarle su pierna derecha sin permiso y a hacerle preguntas médicas que no eran importantes para ellos. Laura Robledo traía una carta de permiso de viaje de su doctor y después de 24 años, tener una pierna más ancha que otra, con tres horas y media esperando que saliera el vuelo a Tel Aviv, British Airways (BA 165), hinchaba mi cerebro y las piernas de cualquiera que había esperado encerrado en un avión por tres horas y media.  

Supongo que después de tres horas y media, los dos ingleses rubios de ojos azules (un hombre y una mujer) y el afro-inglés, tendrían un cansancio tan ignominioso como el nuestro; deciden usar a Laura Robledo para distraer la atención de quienes, después de tres horas y media encerrados en tierra inglesa, sin poder volar, han perdido la razón. Mejor inventar un «show»: había que sacar a Laura Robledo del avión porque su hinchazón de la pierna derecha, más ancha que la izquierda, podría trasladar a todo el vuelo la posibilidad de recibir la enfermedad de mi colega. Me acordé de la manera en que los europeos siempre le cortaban una mano o una pierna a un esclavo. Eran símbolos de su poder sobre el siervo. Si te ibas contra los blancos se te cortaba un brazo y/o una pierna para que ninguno pudiera contestar o usar una palabra ante su amo. Querían que Laura Robledo les contara su vida médica. Ella sólo les entregó su carta del médico y les dijo que llevaba 24 años viajando con la misma pierna hinchada, siempre con el propósito de enseñarle a miembros del mundo sobre la literatura del Siglo de Oro y Latinoamérica. 

Ni modo alguno, ¿qué le importa a un esclavista inglés el Siglo de Oro español o Latinoamérica? Laura Robledo fue sacada del avión como si fuera un ser esclavizado. Yo, me salí con ella del avión de estos retrasados mentales, con cerebros peores que el mío, aunque no tengan cáncer cerebral. Exigimos que trajeran a un médico y a una enfermera. Ellos vinieron, examinaron a Laura y declararon que Robledo era «normal y corriente» para viajar en avión. Les exigimos, con ayuda de un buen afro-inglés, que nos metieran en otro vuelo hacia Tel Aviv. Tuvimos la mala o buena suerte que el avión que sacó a Laura Robledo de su vuelo, no salió esa noche a Tel Aviv, sino que tuvieron que enviar a trabajadores y hombres y mujeres del avión a un hotel. Dios castigó a un rubio de ojos azules y a un lambe ojos afro-inglés. Sin embargo, la rubia esclavista de ojos azules de British Airways (BA 165) apareció en el nuevo avión (BA 163) e intentó, por segunda vez, sacar a Laura Robledo del avión. No lo logró. Ganaron el médico y la enfermera. Laura Robledo y yo pudimos llegar a Israel el 7 de julio y dictamos nuestras conferencias el martes 9 de julio (XX Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas en la Universidad Hebrea de Jerusalén).

Desafortunadamente, la esclavista rubia de ojos azules volvió a aparecer en el viaje de Inglaterra a Miami (BA 0209) el 18 de julio de 2019. A diferencia de los demás trabajadores, se creía que mandaba a todo el mundo. Al vernos la cara, decidió desaparecer de nuestra vista. Un buen regaño debe haber recibido por los juicios de la enfermera y el médico; a Laura Robledo le llegó una carta para que evaluara British Airways (BA 165). Espero que la afro-puertorriqueña los ponga en su sitio. Además, deben devolvernos las dos maletas nuestras que no llegaron a Puerto Rico. Mientras tanto, a mi cerebro enfermo le ha llegado un mensaje:  British Airways NUNCA, JAMÁS.  

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