Cambios en el deporte y política estadounidense

 

 

Especial para CLARIDAD

Al equipo de baloncesto de Atlanta Dream y a Kaepernick, por supuesto

 El 5 de enero de 2021 se celebraron las elecciones senatoriales en Georgia. Estas tenían una importancia adicional ya que el resultado podía implicar una mayoría demócrata en el Senado, lo que a su vez significaba que al día siguiente se confirmara el voto electoral a favor de Joe Biden, aún si se oponían legisladores republicanos, como había sugerido e instigado el Presidente Trump. Georgia ya había tenido un papel protagónico en la decisión final de las elecciones cuando finalmente el estado se pintó de azul luego de varios días de finalizado la contienda electoral, lo que selló la victoria de Joe Biden. Mucho se ha comentado sobre los factores que inclinaron la balanza para que en Georgia ganara sorpresivamente el Partido Demócrata, pero sin duda el rol que tuvo la otrora candidata Stacey Adams, quien junto a muchos otros organizadores se lanzaron puerta por puerta a registrar futuros votantes y electores demócratas, fue determinante. En el caso particular de las elecciones del 5 de enero, hubo otro factor que ayudó a inclinar la balanza del que se ha comentado menos, y fue el rol de las jugadoras de la WNBA, específicamente las del equipo de Atlanta Dream.

En el caso de la WNBA, no es algo nuevo, ni siquiera después del BLM, sino algo consecuente con años de activismo social que ha sido en gran medida ignorado y/o silenciado, en parte plagado por racismo, sexismo y homofobia. Incluso cuando se reanudó la NBA en la burbuja y se hicieron todos los actos de BLM, se pasó por alto que muchos de los mismos ya se hacían en la WNBA.

En el caso específico de Atlanta Dream, una de las dueñas del equipo, Kelly Loeffler, era la senadora actual de Georgia. Republicana y multimillonaria, con un capital estimado en 500 millones, era la Senadora (o senador) más rico del Congreso. En el primer juego televisado del Atlanta Dream las jugadoras salieron todas con una camiseta negra que decía “Vote Warnock”, en referencia al contendiente Reverendo Raphael Warnock, quien en el momento estaba en cuarto lugar y que pretendía no solo irrumpir en un estado republicano, sino que desbancar a la poderosa Loeffler. Las jugadoras obviamente hicieron una acción arriesgada pues estaban abiertamente en contra la dueña de su equipo. Sus acciones no pararon ese día, sino que apenas comenzaban.  Ellas usaron la cancha como su principal plataforma y las redes sociales para impulsar lo que ellas entendían que era un mensaje coherente y consistente, uno de justicia social y racial; veían esta elección local y su eventual repercusión a nivel nacional y presidencial como parte esencial del movimiento de BLM que ellas tanto habían promovido. Cuando Warnock fue declarado vencedor en una carrera cerrada, muchas de las jugadoras sintieron un gran alivio.

Una semana después, ya en el ocaso de su presidencia, luego de los ataques armados del 6 de enero al Capitolio en la capital federal, el saliente Presidente Trump quizás en un acto publicitario desesperado a última hora, le dio la Medalla Presidencial de la Libertad al exitoso dirigente de los Patriotas de Nueva Inglaterra en el fútbol profesional americano, Bill Belichick. El dirigente, quien en el pasado había mostrado apoyo al Presidente Trump, rechazó este premio aludiendo a los eventos del 6 de enero. Belichick es uno de los dirigentes más laureados de la NFL con seis títulos y el mayor número de victorias entre los activos, además de ser considerado un genio como estratega del juego. En el pasado apoyó electoralmente a Trump y además tenían una relación personal. Pero a pesar de demostrar su honor de ser considerado al mayor premio civil que se otorga en Estados Unidos, a raíz de los eventos del pasado 6 de enero, Belichick dijo: “Recientemente, me ofrecieron la oportunidad de recibir la Medalla Presidencial de la Libertad, por lo que me sentí halagado por respeto a lo que representa el honor y admiración por los destinatarios anteriores. Posteriormente, los trágicos eventos de la semana pasada ocurrieron y se ha tomado la decisión de no seguir adelante con el premio “. El entrenador citó su “gran reverencia por los valores, la libertad y la democracia de nuestra nación”. Para mí más impresionante que la rechazara fue el hecho de que abundara sobre los cambios que el 2020 trajeron. “Una de las cosas más gratificantes de mi carrera profesional tuvo lugar en 2020 cuando, a través del gran liderazgo dentro de nuestro equipo, las conversaciones sobre justicia social, igualdad y derechos humanos pasaron a primer plano y se convirtieron en acciones”, dijo. “Continuar con esos esfuerzos sin dejar de ser fiel a la gente, al equipo y al país que amo, supera los beneficios de cualquier premio individual”.

Esto demuestra que los acontecimientos del “Black Lives Matter” en el 2020 y su impacto en el mundo del deporte estadounidense van rindiendo frutos, cuando un dirigente como Belichick hace estas declaraciones. Ya lo había comentado en escritos anteriores con respecto a las acciones que se tomaron en la NBA, WNBA, MLB y en otros deportes a partir del verano pasado. Sin duda ha habido un cambio en la percepción desde que Colin Kaepernick se arrodillara por primera vez hace algunos años.

Es increíble que aún hayan personas que afirmen que el deporte y política no mezclen y, más aún, que piensen que es deseable que estén separados, como si tal cosa fuera siquiera posible. El año 2020 lo recordaremos en este aspecto igual que recordamos el 1968. Y todo parece indicar que no se quedará como algo anecdótico, sino que estas manifestaciones y los y las atletas participando de estas conversaciones llegaron para quedarse, que ya no “jugarán y callarán”.

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