Ciudadanía transformadora

 

 Por Marcelo Barros / Especial para En Rojo

Etimológicamente, el término Iglesia (en griego ekklesia) es sinónimo de lo que hoy se llama ciudadanía. En ciudades de cultura grecorromana, Iglesias eran asambleas de ciudadanos. Cuando Pablo llamó Iglesias a grupos de cristianos/as pobres y esclavos, les dio el estatus de ciudadanos de la nueva realidad que Dios prometió traer al mundo para transformar las estructuras sociales del mundo. El apóstol escribe: “Miren, hermanos, entre ustedes, no hay muchos sabios, poderosos o nobles, según el mundo. Pero, lo que el mundo considera loco y despreciable, Dios escogió para confundir a sabios y poderosos. Ha elegido los que, frente a la sociedad no valen nada, para confundir lo importante ”(1 Cor 1: 26-28).

Durante los primeros tres siglos, las Iglesias cristianas intentaron ser ensayos de un mundo nuevo, más humano y justo. Pero, desde el siglo IV, reconocido como religión oficial del Imperio Romano, el Cristianismo coexistió con las estructuras injustas del mundo. 

Ayer, 7 de setiembre, las comunidades cristianas latinoamericanas conmemoran el 51º aniversario de la Conferencia Episcopal de Medellín en Colombia. Allí los obispos dieran a las Iglesias locales cara propia, inserta en nuestras realidades. Los documentos finales de la Asamblea de Medellín insisten en la presencia y acción de cristianos y cristianas en los procesos sociales y políticos para transformar la América Latina en un continente más justo y equitativo. Ese modo nuevo de ser Iglesia costó la sangre de muchos mártires, sea cristianos/as, sea otros/as. Desafortunadamente, desde la década de 1980, muchos pastores y grupos católicos han regresado a un modelo de Iglesia centrado en sí mismo y en su poder y prestigio social. Hoy, bajo la influencia del Papa Francisco, comunidades católicas y de otras Iglesias buscan actualizar y complementar las propuestas de Medellín para participar activamente en nuevos procesos sociales y políticos. Así, intentan resistir al Imperio, con sus guerras híbridas contra gobiernos y pueblos que tomen el camino de la liberación. Los pueblos indígenas viven la resistencia basada en el Bien Vivir. Con ellos, queremos la integración continental en los caminos de la ecología integral. Para eso la memoria de Medellín y del modelo de Iglesia allí propuesto necesita ser retomado y completado. El documento 5 de Medellín afirma: “Debemos dar a nuestras Iglesias el rostro de una Iglesia pobre, misionera y pascual, comprometida con la liberación integral de cada ser humano y de toda humanidad” (Med 5, 15). 

El autor es monje benedictino y ha escrito más de 40 libros.

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