CLARIDADES: Batalla de Asomante

 

Tras la invasión del ejército de Estados Unidos en julio de 1898, a pesar de las advertencias de Betances, muchas figuras del momento recibieron con gusto a los del norte. Pero como bien dice Germán Delgado Pasapera en Puerto Rico: sus luchas emancipadoras, 1984, pág. 589: “el entusiasmo general, si bien parecía mayoritario, no fue unánime. … pretender describir [la entrada de las tropas yankis] como un paseo es faltar el respeto a la memoria de los hombres que murieron o derramaron su sangre en ella.” Otro cantar fueron los incondicionales a España de la época, que según el mismo libro: “fueron los primeros conversos al anexionismo [a EUA], tornándose en incondicionales colaboradores del poder interventor norteamericano”.

Particularmente importante es conocer la batalla de Asomante, Aibonito. Donde a 1,200 metros de altura, las tropas españolas, mal apertrechadas como estaban, se organizaron para enfrentar el avance de las tropas estadounidenses. 

Desde una posición favorable a la defensa, dada su elevación topográfica y localización respecto a las vías de comunicación existentes, se dispuso la organización de la defensa con una fuerza compuesta por 1,280 soldados, 70 caballos y dos cañones con 40 municiones de artillería cada uno. Las municiones para la infantería eran escasas; no hubo asomo de tiendas de campaña ni barracones para cubrirse de las frecuentes lluvias; no había ambulancias, médicos, cocinas, ni servicio sanitario de clase alguna; el agua se conservaba en barricas, al sol, y el pan o galletas, enviados desde San Juan, eran duros y agrios por la mala calidad de las harinas. Todos los defensores, por más de quince días, acamparon en las trincheras, a la intemperie, sin abrigos, sin traveses, sin alambradas ni otras defensas que no fueran el fuego o las bayonetas de sus fusiles. Los ranchos, servidos con poca regularidad, eran deficientes; casi siempre de arroz, alubias y bacalao; carne pocas veces y nunca muy abundante.

A pesar de esto, la oficialidad española dispuso la organización de la línea de defensa. En el proceso de planificación de su ofensiva, las fuerzas estadounidenses diseñaron un movimiento táctico envolvente: primero, con el desplazamiento de una parte de sus tropas hacia Barranquitas, para desde allí caer sobre el pueblo de Aibonito y luego sobre las defensas de Asomante. 

En segundo lugar, a la par que esto ocurría, la columna del General Brooke, que había desembarcado por Arroyo y ya se había desplazado hacia Guayama, se preparaba para el combate en las alturas de Guamaní y Jájome, a donde se habían replegado también las fuerzas españolas para al igual que en Asomante, presentar combate a las fuerzas invasoras. Tomada dicha posición por las tropas estadounidenses, entonces, la columna podría desplazarse hacia Cayey para desde allí, en dirección Norte a Sur aproximarse hasta el pueblo de Aibonito y Asomante.

Las operaciones militares sobre las defensas de Asomante comienzan los días 10 y 11 de agosto, dedicadas principalmente a operaciones de reconocimiento y planificación.

El día 12 de agosto se ordena el desplazamiento de fuerzas de artillería y tropas de infantería contra posiciones españolas. En el duelo de artillería entablado, a pesar de la superioridad numérica en piezas de artillería de las fuerzas invasoras, la posición topográfica favorable de las fuerzas españolas y la calidad de alcance de sus limitados cañones, dieron la victoria en el duelo de artillería a éstos últimos. Concluidas las operaciones militares de ese día, sin que se llegara a dar un avance masivo de las tropas estadounidenses sobre las posiciones españolas, llegó la noticia del Armisticio.

En otras palabras: cuando España se rindió, en Puerto Rico todavía la plaza militar NO había sido ocupada.

Tomado de: todosunidosdescolonizarpr.blogspot.com/2013/02/la-ultima-batalla-tras-la-invasion-de.html y notas de Darío W. Ortiz en “facebook.com/dariow.ortizseda”.

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