Con-textos: Atisbos de futuro

 

Especial para CLARIDAD

“El tiempo es una tira elástica que se estira y se encoge.Estar cerca o lejos, allá o acá, sólo depende de la voluntad.
José Saramago
Cuadernos de Lanzarote(1994)

La anexión a la metrópolis de un pueblo colonizado no es una fórmula descolonizadora. Por el contrario, marcaría sin epitafios la muerte de una nacionalidad culturalmente viva con mayor o menor impronta en el caleidoscopio del mundo.  Cualquiera que fuere ésta, es particular, colorida, diversa.   En otras palabras, única.  De la misma manera que una parte de la humanidad pensante  -cada vez más exigua-  defiende la sobrevivencia de toda especie viva al abogar por protecciones especiales para aquéllas que están en peligro de extinción, deberíamos hacer igual con las nacionalidades, llámense países, etnias o culturas.

Cuando la civilización y la historia pierden un pedazo de esa diversidad -por pequeña o hasta minúscula si se quiere-  se pierde para siempre un color del espectro intenso que representamos desde nuestra particularidad geográfico-histórica los homínidos superiores -los seres humanos-  en la carrera implacable de la evolución.  Ese color puede ser cualquiera, pero siéndolo, debemos coincidir en que es imprescindible preservarlo a riesgo de que la paleta del arcoíris quede incompleta.

Dicho de otro modo, el paradigma darwinianono se circunscribe a la biología o la genética.  Tiene que ver también con las múltiples dimensiones de la cultura.  Es lo que nos define particularmente frente a otras especies.  La importancia vital de salvar lo particular, tanto en una como en otra dimensión, cruza los intersticios de las disciplinas; transgrede la historia imbricada en la frontera entre la naturaleza de lo que somos como individuos y la esencia colectiva consustancial a la sobrevivencia de nuestra especie.

Esa discusión urgente se da hoy en nuestro país.  Comparto con candidez en este legendario periódico una opinión no solicitada porque entiendo que en el momento puertorriqueño actual, nos va la vida en ese debate.

Sin caer en elitismos de resonancias huecas en el que reconozco antes haber participado, admiro y valoro el trabajo de jóvenes que han hecho y siguen haciendo historia; indudablemente independentistas sacrificados como la mayoría de los candidatos y miembros del Movimiento Victoria Ciudadana.  Sin embargo, no puedo avalar la tesis de que la difuminación de una cultura viva en aquella de la metrópolis constituya una fórmula descolonizadora.  Aún cuando las Naciones Unidas -equivocada como en cuanto a otros dilemas de alcance mundial-  apoya tal posición, está igualmente equivocada.  Por eso es difícil entender que el MVC considere esta opción entre las que están disponibles a los pueblos colonizados para definir su futuro y acabar con la dominación y explotación colonial, sobre todo, en este momento puntual de nuestra historia como país.

Los pueblos  -al igual que las gentes-  no tienen tal cosa como derecho al suicidio.  La democracia no permite que el derecho a elegir incluya el de optar por querer dejar de ser lo que se es para convertir al colonizado en una caricatura lastimosa de otro.  Mucho menos cuando el que así opta, lo hace sin conocimiento consciente de causa por razón del proceso brutal  -a veces invisible- en su pervasividad hegemónica de dependencia material para la sobrevivencia, que es el que genera esas ideas absurdas de autonegación suicida.

Si triunfara el estadoísmo en Puerto Rico en una farsa electoral como la que se propone, existiría el peligro de que estemos asistiendo al comienzo de una lenta agonía de una de las nacionalidades más resilientes (perdonen el uso de esta palabra desgastada) que  ha existido en el mundo.  Lo mismo ocurre si apoyamos en este momento tan importante de nuestra historia como país y como nación, enviar una candidata estadoísta a Washington, por mejores cualificaciones que ostente.

Hemos sobrevivido más de quinientos (500) años de coloniaje bajo dos metrópolis dominantes en diferentes momentos de la historia del mundo occidental.  Algo hay en la corriente  subterránea  de nuestra genética cultural que comprende  la  capacidad para tener narrativas propias; la campechanía de poder contarnos historias a nosotros mismos y creérnoslas; de practicar casi de manera automática las hermosas costumbres del abrazo y del ágape; de instintivamente ayudar al desvalido; de compartir con el mundo un caudal desproporcionado de talento creativo, deportivo, intelectual, académico y científico y con un enorme sentido de solidaridad relativo a nuestro tamaño y población.  Eso habla bien de la riqueza de nuestros orígenes.  Sin solapado chauvinismo, la mezcla casi mágica de los ingredientes que nos legaron el ser puertorriqueño no puede subsumirse en lo que nunca fuimos, ni somos ni seremos.  Más allá de la Convención Constituyente como mecanismo formal al que nadie debería tener reparo, el aceptar la legitimidad futura de la estadidad como algo posible me parece absurdo.

Es por eso que -aun reconociendo la buena voluntad, talento, esfuerzo, honestidad, creatividad e inventiva de las gentes buenas –a quienes abrazo– del Movimiento Victoria Ciudadana (apoyaré a algunos), no puedo coincidir con las posiciones que esta organización ha asumido con relación a la descolonización de la patria; la única que todos tenemos. Es, además, la única que yo tengo y no apoyaré dejar espacios en los que la larva de la anexión pueda sobrevivir, aunque al final quede yo sólo.
Por esa razón, comparto estos intentos (no sé si llamarlos ideas; son más bien pulsiones; atisbos de futuro) con las personas que accedan este texto, sentido con el corazón y pensado con la razón.

Apoyaré y votaré por Juan Dalmau Ramírez para la gobernación de Puerto Rico.  Les pido que consideren esa posibilidad entre sus opciones de libertad.  Si deciden hacer otra cosa, háganlo.  Lo importante es que consideren todas las opciones.  Después de todo, la opción de elegir no es otra cosa que eso. Estoy convencido que ese mero acto multiplicado muchas veces, cualquiera que fuese vuestra decisión, impulsará a Puerto Rico hacia un futuro en el que  -más temprano que tarde- (Salvador Allende), sobrevivamos con todos los colores del arcoíris que incluye el azul del cielo; el verde variopinto de nuestras colinas y montañas; el marrón de la tierra que nos vio nacer, sin olvidar las arenas blancas del silicio que rodean esta Patria única e irrepetible, con una gente maravillosa como ustedes a la que la historia ha colocado en la lista de países en peligro de extinción.

Comentarios a:rei_perez_ramírez@yahoo.com

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