Conmover

Ver el duelo con Marisol Plard Narváez

 

EN ROJO

Lo sabía, pero en el espacio con nombre perfecto AMOR FUEGO (802, Calle Corchado, San Juan) hay unos dos párrafos a la entrada.  Vamos a ver la exposición de Marisol Plard Narváez. Digo que sabía lo que leo: “Marisol Plard Narváez. Me fuí. Cuídate. “El proyecto de vida de Marisol emerge de su diario vivir. Cada imagen, cada objeto, cada video de este proyecto retoma un momento específico de su tiempo y espacio, de su vida y la del otro que, en conjunto establecen paradigmas que definen cómo atravesar las fronteras del duelo en situaciones precarias. Aquí el dolor queda transformado en poesía y la muerte se convierte en sinónimo de vida. En este proyecto la artista convoca al espectador a observar su intimidad, desde su infancia hasta el presente, rindiendo homenaje a dos de las figuras más importantes de su vida”. Lo sabía porque Marisol me lo había comentado. Augusto, el Padre. Carlos, el Amigo (en ese sentido de las jarchas mozárabes) Lo sabía porque toda la obra de Plard Narváez me ha emocionado porque es así, visceral. Con esto quiero decir que es conmovedora, que es arte en el que se revela el cuerpo, sus sentidos y que podemos sentir en el nuestro otra corporeidad, como si pudiéramos habitar el temblor emocionado de la artista.

Ya sabía que había fuerza en el nombre: Me fui. Cuídate. El adiós. Más aún. La ausencia. Marisol es genial. Hay en ese nombre del proyecto un modelo dialéctico emotivo.  La tesis sería la “presencia” (en este caso de El padre/el Compañero -que luego nombrare Amante, Amado), es decir, lo que se tiene. La antítesis, la “ausencia” (se fueron, RIP, Augusto y Carlos Bigote). La síntesis, no es el duelo, es este rito que produce arte. Es esto que vemos. El “yo” decide ciertas carencias, dependiendo de las circunstancias históricas y socioló- gicas, así como las derivadas de su propia condición personal, es decir, el individuo tendrá “necesidades” diferentes, según su edad, sexo, entorno y momento, frente a otro tipo de “ausencias” que se producen independientemente de la voluntad humana, como la enfermedad, o falta de salud y la fealdad como privación de la belleza, entre otros muchos casos.

En Me fui. Cuídate. he visto diferentes tomas del dolor. Vi una respuesta humana, profunda, a la pérdida de un(os) ser(es) querido(s). Lo primero: una cita visual a la pieza Jugando con Papá” (Serie entre tiempos de ocio) 2004. Pasamos a las fotografías. La artista entonces nos propone leer los fragmentos – instantáneas- dispuestos en la pared, liberados de la continuidad ilusoria del relato. Las imágenes no nos cuentan. Mas bien nos dejan participar, buscar esa sensación de duelo en dos sujetos refractados. Poco a poco vamos reconociendo los códigos de cada tiempo y lugar -autos, arquitectura, ropa, cambios físicos- que paradójicamente dan presencia y caracterizan a las carencias respectivas.

Son resplandores colocados en un orden que la artista reconoce y nosotras vamos componiendo una y otra vez cada vez que miramos. Dos protagonistas en el universo de fotografiás: Padre y Compañero. El padre y el amante -el amado, si quieren citar a San Juan de la Cruz- como instancias que permiten a la artista la entrada -otra vez- en el orden de lo simbólico, es decir del lenguaje, para reformular el discurso del mundo social y de sus normas. Ponerlo en crisis. En fin: La belleza.

¿Por qué digo instancias que permiten OTRA VEZ la entrada a SU lenguaje? Porque lo ha hecho antes. Consistente. Poderoso lenguaje. Digamos, que exactamente el viernes 18 de marzo del 2016 llegamos al Chalet del Malecón, en La Perla- entrando por la bóveda del cementerio, por el camino del litoral hasta el Malecón Noel Estrada-. La primera casa del malecón era el Chalet. Allí, 12 vecinas. Allí, en video, vemos a las vecinas que acogieron a la artista en un momento de precariedad. El pan compartido, el escucharse y hablar creo intimidad. Creó hogar. Fuego. Amor. Aquel era un ensayo visual a través de las voces de las vecinas y en el que Plard Narváez , que establece un paralelismo entre el barrio y la historia del país. También era una imagen paralela de otros barrios y ciudades que pasan por un proceso similar. ¿Qué proceso? El proceso del hostigamiento policial, la persecución del capital especulador, la demonización, la apropiación de espacios por parte del gobierno federal. Porque es así. Los guardias llegan a poner orden y destrozan la casa, se tumban el leash de las perras, cortan servicio de luz y agua. Los guardias vinieron a poner orden y terminan atropellando los derechos de los residentes.  Como diría Marisol: Welcome to La Perla Bitches, la heterotopía del jangueo. !2 Vecinas era/es un atisbo a la calurosa intimidad y la amistad en medio de ese síntoma brutal que es la colonialidad.

Esa fuerza, esa intimidad, la percibí también en Mucama Project. Allí, a través de imágenes que conformaron un impresionante libro -que se volverá a publicar pronto- la mucama -la artista trabajando duro- entra al espacio hogareño del otro, ordena la casa del otro, asiste al hogar (fuego) a(r)mando un orden. Limpia. Identifica. Borra huellas y deja rastros que veremos casi como un juego de pistas que nos llevan a una intimidad de otros intervenida por ella. Hay además, un fuerte contenido de clase. Porque es así, Marisol hace arte transgresor, político, sin necesidad alguna de panfleto. Su fuerza radica en la práctica del cuerpo, en cómo lo expone y se expone.

Pero ¿acaso no había una  fuerza simbólica monumental en Cavando un hueco en el patio de mamá, 2004, en Antropofagia, 2008  en el que Marisol nos presenta una visión de duelo por la ausencia de la madre que nos conmueve? Eso, arte conmovedor.

Marisol Plard Narváez me hace pensar a veces en que su obra es como lo contrario de algún filosofema de Schopenhauer que saco de contexto de manera irrespetuosa. El alemán proponía que la única manera de sobreponerse al dolor que acarrea este “valle de lagrimas” es renunciar al deseo, a la voluntad y dejarse arrastrar a la negación de esa tendencia innata a conservar lo material. Marisol no renuncia a nada. Filosóficamente hablando, ella no renuncia al deseo, ni a la voluntad. Se deja arrastrar por el duelo para mirarlo de cerca, para cruzarlo de medio a medio y con una voluntad admirable hacer arte, comunicación. ¿Renuncia de lo material? No, búsqueda dura y constante de conseguir sobrevivir ante la precariedad de la política neoliberal y la colonia. Mi admiración total al trabajo de Marisol viene de ahí, de esa invencible humanidad que convierte la lucha en belleza, de ese arte salvajemente político sin concesiones al panfleto. En fin, La Belleza.

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