Cuba: Crisis, bloqueo y ordenamiento en 2021

CLARIDAD

La Habana-Cuba inició el año 2021 en medio de uno de los más difíciles panoramas económicos que le ha tocado atravesar en los últimos años; un complejo escenario que enfrenta, por un lado, la crisis económica internacional causada por la extensa pandemia de la Covid-19, y las afectaciones provocadas por el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos contra la isla durante la tumultuosa administración de Donald Trump, por el otro.

El ahora pasado –pero todavía doloroso– 2020 debía ser para Cuba el año del repunte económico, tras haber sufrido una leve contracción del 0.2% en 2019. La pandemia del Sars-Cov 2 y la persecución de Washington, sin embargo, pusieron freno temporal a las aspiraciones del pueblo cubano. La Habana trabaja ahora a toda marcha para salir de los estragos de una economía debilitada, sin dejar de garantizar los derechos sociales y los logros obtenidos de una revolución en continuidad.

Si el 2020 fue el año en que “Cuba saltó de sus propias posibilidades”, en palabras del presidente Miguel Díaz-Canel, este año que apenas comienza debe ser el de cumplir “tareas” y completar acuerdos programáticos que estaban en lista de espera.

¿Cómo recibe Cuba el 2021?

Según datos oficiales, Cuba apenas recibió el 55% de la divisa planificada para el año pasado y sólo ejecutó el 60% de las importaciones programadas. En resumen, el Producto Interno Bruto (PIB) de la isla se precipitó 11 puntos en 2020 –el segundo año consecutivo de contracción económica.

Por otro lado, la paralización de varios sectores de la economía durante la pandemia provocó una sensible disminución de la actividad productiva y de servicios, tanto en el sector estatal como en el no estatal. El país, además, se ha visto en la necesidad de erogar más de 100 millones de dólares para palear los gastos del enfrentamiento a la pandemia.

Pérdidas mayúsculas dejó también el ilegal bloqueo de los EE.UU. Un informe presentado a finales del año pasado por el gobierno cubano advierte que la cifra de daños a la isla rebasó, por primera vez, los 5.000 millones de dólares en un año, un número que da cuenta de cuánto empeño puso la administración Trump por revertir los avances alcanzados entre ambos países durante el mandato de su predecesor, Barack Obama.

En total, la isla perdió 5.570 millones de dólares en el período que comprende de abril de 2019 a marzo de 2020, “una carga verdaderamente abrumadora” para una pequeña economía como la de Cuba, según el canciller Bruno Rodríguez.

Sólo en sus últimos 12 meses de mandato, el gobierno estadounidense aprobó una ristra de medidas unilaterales destinadas a asfixiar la economía cubana y a dañar las condiciones de vida de los cubanos. Entre las más agresivas figuran: la reactivación del Título III de la ley Helms-Burton –una amenaza para quienes quisieran comerciar en Cuba o invertir en la isla–;  la prohibición del envío de remesas de Estados Unidos a la isla; la persecución de los suministros de combustible para el país; el acoso a las transacciones financieras de Cuba a nivel internacional; y la inclusión (nuevamente) de la mayor de las Antillas en la lista de “países patrocinadores del terrorismo”.

Nuevos retos, nuevas estrategias

En medio, de este escenario, el gobierno cubano anunció en diciembre pasado un ajuste del plan de la economía y la conformación de una estrategia de desarrollo económico social que pretende mejorar la situación del país para los próximos años.

Foto archivo/ Félix Cordero

Se ha decidido informar al pueblo sobre el inicio de la Tarea Ordenamiento, nombre que será dado al proceso de unificación monetaria y cambiaria y al resto de las necesarias transformaciones que lo acompañan”, así lo anunciaba el presidente Díaz-Canel el pasado 10 de diciembre en cadena nacional, junto al primer secretario del Partido Comunista de Cuba, Raúl Castro.

La estrategia, que entró en vigor el pasado 1 de enero, busca, entre otras cosas, reforzar el modelo económico socialista cubano, fortaleciendo áreas claves de desarrollo como la producción de alimentos y rubros exportables, perfeccionar y ampliar el sector no estatal, descentralizar la asignación y el uso de divisas y aumentar el proceso de informatización de la sociedad.

Aspecto medular de la “Tarea Ordenamiento” ha sido la unificación monetaria que incluye la eliminación del CUC, la moneda convertible que comenzó su circulación en 1994 –cuando en La Habana comenzaba el auge del turismo y se ponían en marcha medidas de salvación económica– y que no tardó en abrir las puertas a dolorosas diferencias entre quienes exhibían su acceso a divisas extranjeras y quienes sólo dependían de su salario en pesos cubanos. Con el nuevo proceso, el Peso Cubano (CUP) quedó como la única moneda de curso legal en el país con una tasa de cambio única de 24 pesos cubanos por 1 dólar.

 A la par con estas disposiciones, se contempla la eliminación de “un grupo de subsidios y gratuidades indebidas”, la modificación de precios a la alza y el aumento de los salarios, pensiones y las prestaciones de asistencia social. Se mantienen, además, las garantías de seguridad social, alimentaria y de salud para toda la población, como ha sido el devenir de más de 60 años de Revolución.

 “Reiteramos la importancia y trascendencia de esta tarea que pondrá al país en mejores condiciones para llevar a cabo las transformaciones que demanda la actualización de nuestro modelo económico y social sobre la base de garantizar a todos los cubanos mayores oportunidades, derechos y justicia social”, puntualizó el mandatario cubano.

 La estrategia, no obstante, encierra grandes desafíos que requieren, a su vez, grandes esfuerzos y sacrificios. Para evitar romanticismos y a modo de recordatorio de que aún falta mucho por hacer, el presidente cubano advirtió desde un inicio que “la tarea ordenamiento no constituye por sí misma la solución mágica a todos los problemas presentes en nuestra economía, sin embargo, favorecerá la creación de las condiciones necesarias para avanzar de manera más sólida”.

Cuba espera un crecimiento este año de alrededor de un 7% con respecto al 2020 y para ello el gobierno apuesta a priorizar la producción de alimentos (el país importa cerca de 2 mil millones de dólares anuales en productos de consumo), el turismo (equivalente a un 10% de su PIB), los servicios profesionales y las gestiones para atraer nuevas inversiones extranjeras.

Foto archivo/Félix Cordero

El pasado año, se aprobaron 29 proyectos de Inversión Extranjera por un monto de 2. 445 millones de dólares, cinco de ellos en la Zona Especial de Desarrollo Mariel, donde operan actualmente 21 países y 11 multinacionales.

De suma importancia será para la isla también el enfoque que decida tomar la administración del nuevo presidente estadounidense, Joe Biden, y su disposición a retomar el acercamiento con la isla. Desde La Habana, la asunción del líder demócrata se mira con un dejo de optimismo y no menos de recelo. En ese sentido, el presidente Díaz-Canel ha insistido en “la convicción de que es posible construir una relación respetuosa y perdurable entre ambas naciones”, pero ha dejado en claro que los principios de la Revolución “no estarán nunca sobre la mesa”.

Mientras tanto, en la calle no faltan los comentarios de preocupación e incertidumbre ante las nuevas medidas adoptadas por el gobierno y no es para menos. Se trata de una tarea amplia y ambiciosa dirigida a mejorar las condiciones económicas y de bienestar social de todos los cubanos y cubanas, a pesar de las adversidades. A prueba estará, una vez más, esa singular capacidad del pueblo cubano para resistir, vivir y vencer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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