Daniel Bonilla Un duende boricua y el regreso a la Patria

Por Giancarlo Vázquez López / En Rojo

“Pasaron 45 años y después de eso no encontré el aeropuerto para regresar. “–dijo Daniel Bonilla soltando una carcajada. 

En 1976, Daniel Bonilla Torres, se mudó a Europa luego de obtener un contrato con la ópera de Zürich en Suiza seguido por otro contrato con la Opera de Stuttgart en Alemania. A partir de ese momento comenzó a participar en distintos teatros en Alemania y el resto de Europa.

De inmediato se dio a conocer entre los críticos y a ganar reconocimiento. Le decían “der Feuerwehrmann” (el bombero) pues aprendía las obras con rapidez, sacando de apuros sacando de apuros a los teatros cuando algún cantante se enfermaba. Agilidad que según concluyó en entrevista especial para En Rojo se debe a una memoria fotográfica que pudo desarrollar en su niñez cuando trabajaba en la lavandería de su familia.

Daniel Bonilla Foto: Alina Luciano

Bonilla, nació en Ponce en 1944. Comenzó a cantar de pequeño en el coro de la iglesia y a los 15 años se convirtió en asistente del director del coro. A los 18, luego de años de alternar entre el drama y la música, se matriculó en el Conservatorio de Música. 

Trabajó en el negocio de la familia hasta ese momento en el que se mudó para San Juan a estudiar. En aquellos días no tenía la intención de estudiar música, quería estudiar humanidades y filosofía. En cambio, su familia tenía la intención de enviarlo a Mayagüez al Colegio de Ingeniería, pero en sus últimos años de escuela superior conoció el trabajo del actor José Ferrer cuando fue a ofrecer unas demostraciones de cómo un artista prepara una obra teatral.

“Dejó una profunda impresión en mí y pensé ‘yo creo que eso es lo que yo voy a hacer’. —recordó.

Dicha experiencia coincidió con el momento en que conoció a su primer amor, acontecimiento que a su vez lo lleva a meterse de lleno en la música. Aunque Bonilla ya tenía experiencia cantando con el coro de la iglesia no se había metido de lleno en el estudio teórico de la música. Pero comenzó a ver la música desde otro ángulo, expresó. Aprendió a tocar el trombón y por primera vez tuvo la experiencia de tocar con la orquesta de la Escuela Libre de Música en Ponce.

Desistió por completo de estudiar ingeniería en Mayagüez. En 1962, llegó al Conservatorio de Música –ubicado entonces en la Ave. Roosevelt– luego de que dos amigos de la escuela de música que ya estudiaban allí comenzaran a hablarle sobre el Conservatorio y de grandes figuras en la música como Pablo Casals y otros artistas que solo conocía de nombre. 

Su familia no estaba muy satisfecha con tal decisión, razón por la que también se matriculó en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Bonilla, continuó desarrollándose en la música hasta que en 1972 debutó en el Teatro de la Ópera en Nueva Jersey en Attila por Giuseppe Verdi. Pero llegar a dicha ópera no fue tan sencillo. Antes tuvo que enfrentar un tedioso proceso militar por negarse a participar –sin consecuencias– del servicio selectivo. 

Cuatro años más tarde llegó a Europa. Durante su carrera ha acumulado cerca de 105 roles entre grandes y pequeños, además de los roles de apoyo en teatros de repertorio. Roles más pequeños pero que todo el mundo en algún momento tiene que hacerlos, explicó.

¿Qué distingue tu momento actual? 

“En 1999, me invitaron a hacer la ópera María de Buenos Aires del compositor y bandoneonista argentino, Astor Piazzolla. En la ópera de Kiel, en Alemania, no encontraban quién hiciera el papel del duende, necesitaban un actor y cantante pues la obra siempre se había presentado como concierto, pero esa vez se quería presentar como una ópera, completamente escénica”. 

Bonilla sabía de Piazzolla, pero, hasta entonces, desconocía el trabajo del compositor argentino y cuenta que se sintió cautivado desde que se sentó a escucharla por primera vez. Descubrió dos cosas, que el duende no cantaba, sin embargo, había una línea musical en el papel. 

“Recibí la música, me fui al cuarto de ensayo y comencé a escucharla. La tuve que escuchar tres veces. En eso me percaté de que en la obra el duende no canta; él lo que está haciendo es recitar, me dije. Pero analizando la pieza encontré una línea musical. Instintivamente ya había creado el rol del duende”. 

Al siguiente día el jefe y dramaturgo del teatro se comunicó con Bonilla para conocer su opinión sobre la obra. Bonilla no tardó en preguntarle “¿Cuándo es el primer ensayo?”. El jefe de la Opera de Kiel soltó un aire de alivio. Ese mismo día en la tarde Bonilla salió hacia Kiel. 

Desde entonces su relación con este rol ha crecido, ya lo ha interpretado en 17 producciones alrededor del mundo. 

 “De buena a primeras, tuvo éxito fantástico, desde que se presentó por primera vez en 1999, tanto en Kiel como internacionalmente”. 

Bonilla, estuvo recientemente en Puerto Rico y en ese ínterin pudo visitar su alma mater el Conservatorio de Música y conversar con algunos estudiantes. Estando allí sintió inquietud respecto a las oportunidades que tienen los estudiantes de dicha institución una vez terminan de estudiar. 

Aunque ha estado viviendo por muchos años fuera de la isla “siempre tuve la inquietud de qué está sucediendo en Puerto Rico musicalmente y el Conservatorio. Cuando yo salí de aquí todavía estaba cogiendo forma, ahora tienen un nuevo Conservatorio, pero me percato y me entero de que hay una serie de cuestiones estructurales que no benefician al estudiante, ni el desarrollo máximo del talento puertorriqueño de ópera”. 

–“La tendencia aquí, legado de la colonia, es decir ‘tengo que salir de Puerto Rico, porque después que yo tenga el diploma del conservatorio no hay nada qué hacer’. La primera opción de muchos estudiantes es EE.UU. como si fuese lo único que existe y no consideran que hay un mundo. América no lo es todo y menos en estos días. 

El estudiante llega al mundo laboral sin la preparación adecuada para enfrentarse a esa vida profesional y esos retos que no son fáciles. Hay un proceso de aprendizaje, el estudiante tiene que ir del punto 0 al diez, y yo veo que ese proceso no existe y si existe está mal confeccionado”.

Lamentó el hecho de que muchos estudiantes tengan que abandonar la isla para desarrollarse, algo que para sí fue un golpe no solo sicológico, también espiritual. 

Como solución a su preocupación y aspiración con la que partió a Alemania luego de esta entrevista, sugirió un sistema de orientación para estudiantes de ópera y de otras formas de canto que quieran extender su experiencia profesional en Europa. 

“Ese sistema de orientación tiene que estar coordinado con el Conservatorio para que los estudiantes puedan viajar por al menos una o dos semanas y participen de un seminario ofrecido por algún teatro. Me interesaría saber si yo puedo organizar algo parecido en Europa o Alemania y me voy con esa idea”.