Del Garadiávolo a la Gárgola: como nos entretienen los monstruos.*

 

En Rojo

  1. Para ilustrar los monstruos puertorriqueños (criptozoología (del griego κρυπτος cryptos ‘oculto’, ζωος zoos ‘animal’ y λογος logos ‘estudio’; literalmente: ‘estudio de los animales ocultos’) uno debe mezclar un poco de ciencia con la leyenda y la fantasía. Si no se hace de esa manera, entonces no hay literatura de seres raros. Puede uno recurrir a textos clásicos de taxonomía (“Chilabothrus inornatus (Reinhardt, 1843)”. ¿Imaginan una serpiente gigantesca capaz de tragarse a un guardia español inmoral y sádico de las montañas de Borinquen allá por mediados del siglo XIX? Quizás ustedes no. Yo sí puedo imaginarlo. La literatura de terror es lo más humano que puede pensarse. Expresa íntimos miedos y deseos reprimidos. ¿Quién no quiere eliminar a un colonizador? ¿Quién ha visto una boa puertorriqueña en acción? Se puede recurrir a la historia taxonómica caribeña. El dicho Reinhardt tenía tres serpientes en su laboratorio en Copenhagen. Se las había obsequiado el misterioso doctor Ravn, de Puerto Rico. A eso se le añade un personaje despreciable y por ahí vamos.
  • Mi primer contacto con los monstruos nacionales fue a través de la música:

Santa Maria líbranos de todo mal

Ampáranos Señora de este terrible animal

Tenía cara de buey y el pecho de un toro bravo

Tenía patas de yegua y metro y medio de rabo

Santa Maria líbranos de todo mal

Ampáranos Señora de este terrible animal

 De la autoría de Manuel Jiménez, Canario, escuché y canté la canción desde niño. Confieso que no sé la fecha exacta de composición aunque sé que ya en 1952 Xavier Cugat había grabado una versión blanqueada, de salón, de la composición de Canario. Por otro lado, Rafael Tufiño pinta su mural, La Plena, en esos años y en uno de los doce paneles que componen la obra pinta ese monstruo de Santa María y El diablo colorao. Lo cierto es que junto con la creación del ELA -ese monstruo administrativo moderno y territorial- ya teníamos un monstruo que sobrevivía popularmente por décadas. 

  1. Mi primer contacto literario puertorriqueño con lo monstruoso es a través de un escritor filipino, de ascendencia española y residente en Puerto Rico. Francisco García Garamendi. ¿Qué hace este curioso maestro de educación física? Escribe una biografía novelada en la que toma un animal fantástico del siglo XVI y lo convierte en “noticia”. Se trata del libro Los Garadiávolos ¿extraterrestres…que habitan entre nosotros? De la Editorial Pirámide (no faltaba más) Vayamos directo al asunto: se trata de Jenny Haniver. Les dejo dos enlaces bastante sencillos y cortos como introducción al tema. (Journal of the Bizarre” y Roger G-S.“Roles, Rules, and Rolls: Monster Monday: Jenny Haniver, Sea Clergy, and Morkoths”.

 

Las imágenes más antiguas de Jenny Hanivers aparecen en la obra de Conrad von Gesner, Historia Animalium vol. IV en 1558. En ese cuarto volumen, Gesner acaba el misterio: eran simplemente rayas desfiguradas, unos peces cartilaginosos a los que les han cortado las aletas. No eran dragones bebés. Pero, ¿qué importa la verdad cuando una mentira está bien contada? Además, ¿quién leyó a Gesner en el siglo XVI? ¿Los que iban a los mercados pesqueros de Japón a buscar sirenas o especímenes de Jenny Haniver con poderes mágicos y afrodisíacos? Así que aquel extraño animal con cabeza de mono, dientes de pez y vocecita de alondra, siguió en la imaginación, digamos, ¿vivo?

  1. García Garamendi, quizás porque había visto a las pobres rayas disecadas en las Filipinas, vio en aquella narración un modo de hacerse famoso poco más de cuatro siglos después de que el aguafiestas de Gesner pretendiera acabar con el asunto. Sin embargo, el escritor y educador le dio un giro caribeño a la historia. Jenny pasa a ser Garadiávolo.¿Cómo adquiere ese nombre? En la página 177 de su biografía novelada leemos lo siguiente:

 La noche anterior al encargo del espécimen, y como quiera que aquel diabólico ser carecía de nombre propio, discutieron en familia cuál sería el más acertado.

 Después de varias sugerencias que fueron rechazadas, Rosario preguntó

-Dime, Alfred: ¿De quién es ese feo diablo?

-Pues mío, ¿de quién va a ser?- exclamó él.

Bueno, mejor dicho, nuestro, de toda la familia.

-Lo que quiere decir que es el “diablo” de la familia Garay. ¿No es así?- inquirió Rosario, riendo.

-Así es, querida. Afirmó él.

-Bien. -continuo Rosario- entonces es el diablo Garay, pero es preferible acortarlo y formar una sola palabra que sea fácil de pronunciar.

El menor de la familia sugirió llamarlo “Garadiablo”, pero la pronunciación final de “diablo” no resultaba fácil en otras lenguas, por lo que el profesor propuso cambiarlo a “diávolo”, que en italiano significa lo mismo y suena mejor su fonética.

La ocurrencia del Jefe de Familia recibió la aprobación entre risas y comentarios de todos los presentes, siendo confirmado allí mismo el nombre de GARADIAVOLO.

 Dar nombre a la cosa no es poca cosa. Sobre todo si se trata de objetos estudiados por la ciencia o conceptos científicos. Charles Sanders Pierce, en su ensayo “La ética de la terminología” recomienda alguna metodología para la creación de términos científicos. 1. Los nombres no pueden ser puestos a la ligera; 2. no pueden ser obra de pedantes; 3. deben ser resultado de un consenso general. Cada palabra tenga un único significado exacto.

Así que ese extraño animal,  Jenny Haniver, adquiere su nuevo nombre en 1972 gracias al consenso general de un Jefe de Familia reunido con su esposa y sus hijos. Digamos que es un tipo con una personalidad colorida y que ha recorrido el mundo. Francisco García Garamendi, decíamos, era un ciudadano español nacido en Manila, Filipinas graduado de bachiller en educación física de la Far Eastern University y una maestría en Artes Gráficas de la Manila Trade School. Entre sus logros mayores fue el de ser guardamenta o portero de la selección nacional de futbol de Filipinas. El asunto es que en 1939 fue a España de vacaciones y por asuntos triviales como la Segunda Guerra Mundial nunca regresó a Filipinas y estableció varios récords de natación en España. En 1950 se encuentra asesor de deportes y educación física de las Fuerzas Armadas en Colombia con el grado de Teniente Coronel.

 En 1951 Francisco García Garamendi se adentra en el mundo caribeño. Lo más profundamente posible. El gobierno de Haití lo contrata como asesor técnico del Buró de Deportes en la capital, Puerto Príncipe.  Durante un lustro estará allí escuchando mensajes transmitidos por bongós en la noche, descifrados por su esposa mediúmnica y siendo testigo de la existencia de zombis. Llega a Puerto Rico en 1956 como Director de Arte Comercial del desaparecido periódico El Imparcial.

  1. En la “biografía novelada” el profesor Garamendi (Garay en la narración) se lanza al descubrimiento de un espécimen rarísimo que llegará a las manos de William H. Eager, profesor de biología marina en la UPR-Mayagüez, y que llamará la atención de Máximo Cerame Vivas, uno de los primeros directores de ese departamento. Ambos fueron profesores con publicaciones sobre asuntos relacionados a sus saberes académicos. Fuera de eso, lo demás es rigurosamente falso. Lo digo por si acaso. Fíjense como enlaza personajes reales con personajes ficticios. No es que sea brillante pero es efectivo.

 Si el garadíavolo era Jenny Haver, ¿cómo se convierte en parte de la criptozoología portorricencis?

La biografía novelada lo logra hacer con los elementos más apropiados al efecto. La esposa del profesor Garamendi/ Garay tiene poderes especiales. De Rosario, una elegante blanca española pasa a ser Rosafé, la primera mujer blanca en recibir la denominación de madre espiritual en Haití. Por 80 páginas el autor va presentándonos como Rosario/Madame Rosafé tiene sueños premonitorios en los que se profetiza que hará un gran descubrimiento que tendrá que comunicar al mundo.

Veinte años después estaremos en Puerto Rico. Aquí es que se verifica ese descubrimiento en la persona del propio Garamendi/Garay, ese Jefe de Familia que es tan Jefe que es él quien cumple con los sueños premonitorios de Rosario/ Madame Rosafé.

De este modo a Jenny Haniver se le añade una visión vodú. Pero eso no es suficiente. En Haití, Garay y Rosario habrían tenido un encuentro cercano con un OVNI. Veinte años después, son testigos de avistamientos en el área este de la isla de Puerto Rico. Y entonces el profesor hace su descubrimiento.  Vodú y platillos voladores para resignificar a Jenny. El contenido vacío se colma con estas dos narrativas. La fantasía religiosa y la ciencia ficción.

  1. Sería bueno aclarar que la intención de este libro es pasar como texto biográfico verificable. Constantemente García Garamendi y el prologuista, Salvador Freixedo, nos recuerdan que “todo esto es verdad”. “Siendo un libro que parece una novela -nos informa Freixedo- su contenido es totalmente real; es autobiográfico y en algunas de sus incidencias yo mismo puedo ser testigo”. Vale decir que Freixedo fue lo que hoy llamaríamos un “personality”. Un sacerdote jesuita expulsado de la orden y de Cuba y de República Dominicana. En 1968 publicó en Puerto Rico Mi iglesia duerme, una puesta en crisis del dogma católico y un señalamiento a la poca espiritualidad de la religión. Es el perfecto prologuista para el libro de García Garamendi. Freixedo ya era un famoso escritor sobre temas relacionados con dos libros que eran éxitos de venta y muy comentados en los medios: Extraterrestres y creencias religiosas (Extraterrestres y religión)(1971) y El diabólico inconsciente (Parasicologíay religión) (1973).

En ese contexto este libro olvidado, Los Garadiávolos, de García Garamendi, es un clásico de la literatura de monstruos y extraterrestres en la isla. Lo de los ovnis en 1972 todavía estaba más o menos fresco. A pesar de que el fenómeno OVNI o UFO se convierte poco a poco en un tema popular a partir del 1947 (https://www.theatlantic.com/technology/archive/2014/06/the-man-who-introduced-the-world-to-flying-saucers/372732/ ), todavía en los años Setenta era un buen entretenimiento seudocientífico y en Puerto Rico se unieron los avistamientos de ovnis en Lajas a la aparición del Vampiro de Moca, el Chupacabras, el Pichu Pichu en la playa de Humacao y, por supuesto, el Garadiávolo.

 

El declive de esos temas ocurre en la década posterior a la publicación de García Garamendi y con el fin de la Guerra Fría. Por supuesto, hay esporádicas apariciones y reapariciones. Vale la pena recordar la búsqueda relativamente reciente del chupacabras realizada de manera oficial y con fondos públicos por el ex alcalde de Canóvanas, Chemo Soto. El, sintetizados en su persona los elementos de la ficción y la realidad, será -hace apenas unos años- el protagonista de la búsqueda y fallida caza de “la gárgola”. (https://www.telemundopr.com/local/ufologo-y-chemo-soto-van-tras-la-gargola-en-vieques/48962/) En Puerto Rico no han desaparecido los monstruos, los extraterrestres -¿recuerdan el PEO?- y los aparatos administrativos dignos del cuento de horror. En la literatura son expresiones de miedos, deseo, represión. En otro ámbito -como el de la política- …¿también?

 

*Esta es la transcripción actualizada de una conferencia dictada en el Tercer Congreso de Ciencia Ficción del Caribe Hispano (2014) Forma parte de un libro de próxima publicación. Bibliografía disponible.

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