Desde cero: Una conversación con Juan Dalmau sobre la necesidad de rupturas(1)  

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Por Cristina Pérez Díaz/Especial para CLARIDAD

 

A pocos días de que el candidato a la gobernación por el Partido Independentista Puertorriqueño, Juan Dalmau, publique su plan de gobierno, nos sentamos a conversar sobre temas amplios, sobre diversas necesidades de ruptura: de cambiar el modo en el que se ha gobernado en Puerto Rico, de apostar por una noción de identidad nacional liberadora, de la ruptura con una tradición de políticas excluyentes, así como con resabios limitantes del independentismo hoy.

Propuse que tomáramos como punto de partida las dos palabras que forman su lema de campaña: “Patria nueva”. Le pedí al senador que elaborara sobre estos dos elementos para desenrollar las cargas semánticas de su propuesta ideológica: de una “patria” y de que esta sea “nueva”. En la coyuntura política actual, tanto en Puerto Rico como en muchas partes del mundo, flota en el aire la necesidad imperiosa de un nuevo orden. En términos de ideología, de imaginación política, de organización social, de modelo económico, de modos de producción y consumo, así como de habitar la Tierra hay un agotamiento de los sistemas imperantes que se manifiesta en la creciente precarización de la vida. Específicamente en Puerto Rico, esa urgencia se manifestó en las calles de San Juan el verano del año pasado. Allí surgió ya, de hecho, algo “nuevo” en muchos sentidos. Con ese contexto como fondo, le pedí al senador que elaborara sobre lo que significa “nueva” en su propuesta política:

 

“El concepto ‘nuevo’, por lo que yo lo traigo como parte de la propuesta del lema de campaña, está fundamentado en que en Puerto Rico, aunque tenemos unos elementos de identidad común de lo que somos como país, no hay duda de que hay que construir algo nuevo como sociedad. Y que en ese rol, como parte de la propuesta de gobierno, yo entiendo que la visión y la ejecución de los asuntos gubernamentales tienen que construirse sobre unas bases del respeto a los derechos humanos. Eso no existe actualmente. La ejecución gubernamental responde a intereses capitales influyentes que no tienen realmente ni un partido ni una visión política que no sea la defensa de sus propios intereses. Yo creo que como país tenemos que tener una ruptura con esa tradición de gobierno.”

Fotos: Alina Luciano/ CLARIDAD

 

Una vez que el gobierno tenga como principio organizador de su ejecución la garantía de los derechos humanos, “de ahí naturalmente puedes derivar ciertas cosas de la administración pública. Hay una distinción entre si vamos a tratar la salud como un derecho humano o como un asunto de mercado. Esta es una pregunta fundamental. La educación la vamos a tratar como un bien público o como un asunto de los mercaderes de la educación, como lo que pasa con las escuelas chárter y los cierres de escuelas por quienes se lucran del proceso educativo? Los asuntos del medio ambiente ¿los vamos a tratar como un asunto de derecho humano o no? El acceso a las utilidades públicas, la energía eléctrica y el agua —los cuales Naciones Unidas reconoce ya como derechos humanos— ¿lo vamos a tratar como tal o van a seguir siendo desmantelados para el lucro privado?” Y la lista podría expandirse: la vivienda tiene que ser un derecho (pienso en los toldos azules); la garantía y protección de la vida de mujeres y transexuales, asesinados por montones en nuestra isla sin que el Gobierno haga nada. Ninguno de estos derechos fundamentales están garantizados por el Gobierno en Puerto Rico actualmente.

 Nos trajeron dos cafés con leche en una bolsita de papel y pasamos unos minutos en la ceremonia de abrir los vasitos, endulzar la bebida, darnos cuenta de que no podemos beber café con mascarilla, etc. Pensaba en las demandas escritas sobre las pancartas que circularon en las protestas el verano pasado. Entre las fotos que guardé en mi celular, ahora que escribo encuentro la de una niña cargando una cartulina que dice: “Después de María, la única nevera llena era la de Ciencias Forenses”. Me sorprende cómo en esa oración se conectan de manera diáfana y macabra todos los derechos atropellados.

Pasamos a conversar sobre la “Patria”. Se trata, hoy, de una palabra espinosa y poco transparente, que ha sido objeto de discursos críticos. Pienso en otra pancarta, la cargaban las de la Colectiva Feminista en Construcción y decía: “Nosotras contra la deuda”. Y mi pregunta por el uso del término “Patria” viene desde ese “nosotras”, a las que la “Patria” ha históricamente excluido como sujeta que enuncia y ejerce el poder. Le cuestioné al senador la elección del término, tan ligado a la construcción de los estados modernos, al sistema opresivo del patriarcado, ligado a su vez con el racismo, la violencia de género y en general la exclusión y opresión de todo “otro”. La “Patria” ha sido la tierra del padre de familia blanco heterosexual adinerado, o alguna combinación incompleta de esos elementos. ¿Por qué seguir usando el término?

 

 

 “Yo lo defino como lo que somos y a lo que pertenecemos todos”. Desligó su uso de la palabra “Patria” respecto de los nacionalismos alemanes y anglosajones, organizados en torno a ideas de supremacía blanca y fundados en la exclusión, opresión, y de hecho aniquilación de todo otro racial. En su visión, “tiene que entenderse que hay una ruptura con esta historia opresiva”. “Se trata de una nación puertorriqueña en la que nosotros debemos tratarnos todas con la misma dignidad”. Dijo que se trata de encontrar, en lo que esa palabra nombra, un referente que sirva de mínimo denominador común territorial —incluyendo a la diáspora—, como la base sobre la que se puede construir un proyecto político común en el que todxs tengamos la misma dignidad, sin que se construya una noción identitaria (de género, de raza, de clase) única y dominante que excluya a todas las demás. “Esa construcción positiva de algo común tiene que darse sobre la base de los derechos humanos en su respeto a la mayor diversidad”. Comentó que lxs puertorriqueñxs tenemos unas identidades con una base en común, y que la enorme ganancia de las protestas del verano pasado, más allá de la salida de Ricardo Rosselló, fue “la confluencia de sectores tan distintos, sin las cargas de prejuicios excluyentes, porque había un elemento de dignidad común. Y esa dignidad es común, porque nos toca vivir juntos en esta patria que tenemos”.

 

Volviendo entonces sobre el concepto de “lo nuevo”, añadió que lo nuevo tiene que ver con un elemento de ruptura necesario respecto de la Patria anterior: “lo nuevo como una ruptura del pasado, en el que se ha construido un país excluyente”.

 

En un discurso ofrecido en la celebración del Grito de Lares en el 2018, Dalmau hablaba sobre la necesidad de “refundar el independentismo”. Le pregunté qué quería decir con esta “refundación”. Los movimientos independentistas en Puerto Rico son una pluralidad, unificada no en un partido, sino alrededor de ciertos ejes de lucha en favor de políticas progresistas y por el tema de la descolonización. Por eso me pareció importante inquirir sobre la intención del significado detrás de la expresión:

 

“Mi concepto de refundación de la lucha por la independencia estaba dirigida a que el independentismo quedó atrapado, por cerca de cincuenta años, en el fuego cruzado de la Guerra Fría. Nuestros únicos aliados en ese momento eran países no alineados o las repúblicas soviéticas. Y por lo tanto, eso generó una dinámica del independentismo puertorriqueño con respecto a una lucha frente a los Estados Unidos, estando nosotros en Puerto Rico como territorio estadounidense, en donde caímos en ese fuego cruzado entre soviéticos y estadounidenses. Creo que a los independentistas nos ha tomado tiempo entender que el bloque soviético cayó y que estamos ante una nueva coyuntura mundial, donde la soberanía nacional es un instrumento para unirse al mundo, para modernizarnos y ampliar nuestras posibilidades comerciales y de intercambio de conocimiento”. Añadió que el discurso independentista tiene que incluir hoy la liberación de todos los sectores oprimidos: “Tenemos que abrirnos a la diversidad de la lucha anticolonial y reconocer que estamos ante un nuevo contexto histórico, que representa también sentarse con el Gobierno de los Estados Unidos a dialogar, al igual que sumar lecciones de otros contextos geográficos, de otros movimientos políticos, y no meramente mirar a aquellos con los que nos sentimos más cómodos. Tiene que ser algo más amplio”. Insistió en que las generaciones de hoy no tienen por qué sostener las fricciones que se generaron al interior del independentismo en el contexto de la Guerra Fría. “Yo creo que sí podemos construir, mediante la diversidad del independentismo, unas propuestas y esfuerzos comunes;  no ser los unos obstáculos de los otros, siempre y cuando el esfuerzo sea avanzar la independencia nacional y no retrasar el esfuerzo descolonizador. Hemos superado mucho, pero todo esto tiene que decirse y tiene que superarse”.

 

Comentó que un proyecto político que no tenga como prioridad el esfuerzo descolonizador convierte a Puerto Rico “en un proyecto político de principios del siglo pasado”. “Quien esconda hoy el tema del estatus y de la independencia le está haciendo daño a la lucha de la descolonización: tenemos PROMESA, tenemos la Junta de Control Fiscal, las humillaciones del Gobierno federal, el reconocimiento de que somos un territorio sujeto a los poderes plenarios del Congreso… ¡que hoy día, ante esos escenarios, todavía haya gente que diga que el tema del estatus no es prioridad…! Yo sé que Puerto Rico tiene problemas apremiantes, como un paciente grave que hay que estabilizar, pero si queremos que el paciente salga del hospital hay que atender el tema de un régimen antidemocrático que nos impide crecer como país”.

 

Comenté que había un abecedario del funcionamiento de la colonia que todavía falta por deletrearse con más claridad, que forme parte del vocablo político de la mayoría, una comprensión elemental de cómo opera y por qué es restrictiva y opresiva. El senador contribuyó con una metáfora: “Nuestro país, en el régimen actual, es un país bonsái: parece un árbol, pero no da frutos”.

 

Me interesaba saber si, en su noción de refundar el independentismo y su idea de una reconceptualización del gobierno y de la política, Dalmau contempla que las organizaciones de base, las comunidades organizadas y los municipios tendrían que tener un papel protagónico, como de hecho lo han tenido ante el descalabro del Gobierno central. El senador coincidió en la importancia de empoderar a las organizaciones de base y a las comunidades organizadas. Aclaró, sin embargo, que a menudo los municipios y alcaldes son de hecho los obstáculos principales para empoderar a estas organizaciones, porque muchas veces reproducen las dinámicas del Gobierno central de responder a los cabilderos y clientes y no a las comunidades: “Esto ha pasado, por ejemplo, en muchos casos de expropiaciones, de rescate de playas y de terrenos destinados a la construcción de megacentros comerciales o walkupsen áreas privilegiadas, en el caso de los depósitos de cenizas, en la colocación de antenas que afectan la salud de los vecinos”. Comentó que “estas son luchas que hemos dado nosotros a puño limpio. Con ‘nosotros’ me refiero al Partido Independentista Puertorriqueño, nuestros legisladores municipales, y las comunidades que son afectadas. Te doy el tema de las cenizas en Peñuelas: el alcalde fue un adversario durante mucho tiempo, hasta que la comunidad, el P.I.P. y sus legisladores municipales empujaron tanto, que él tuvo que montarse en esa ola. Nosotros presentamos legislación municipal en todos los municipios de Puerto Rico para que se prohibiera el depósito de cenizas, y solamente se aprobó en cerca de quince o dieciséis.” Actualmente el P.I.P. tiene legisladores municipales en 74 municipios, pero harían falta más para que puedan ejercer contrapeso a las dinámicas clientelistas señaladas.

 

El senador reconoció que el independentismo ha tenido históricamente un vínculo con la militancia de base y las luchas comunitarias, pero que “en el esfuerzo de refundación tiene que solidificarse aún más ese vínculo, porque hay una proliferación mayor de esas gestiones de entes no gubernamentales, que son las que están dando en primera fila unas batallas en las que nosotros podemos apoyar mucho. Esas organizaciones de base y comunidades son una pieza fundamental del movimiento político de liberación nacional”.

 

Hablamos también sobre el aura de esnobismo que ha rodeado por mucho tiempo al independentismo en general y al P.I.P. en particular, a pesar de que siempre han estado presentes en las luchas progresistas que se han dado en las calles y en diversas comunidades de Puerto Rico. Se trata de un partido que tiene un récord impecable de luchas por la justicia social desde su fundación hace 74 años, que nunca ha sido señalado por corrupción, habiendo tenido muchos funcionarios públicos, administrado  presupuestos y tenido fondos de campaña. ¿Por qué un sector político y un partido que han basado sus agendas en la defensa de los intereses de la mayoría y nunca de las minorías de élite han tendido, sin embargo, a generar la impresión de ser elitistas? ¿Es un problema de lenguaje y de estética?

 

El Senador reflexionó sobre su previa aversión a la cuestión del “cómo es que ustedes son percibidos”. “Yo siempre decía que frente a la estética está la ética”. Después del verano del 2019, internalizó que “hace falta que esa ética —y cuando digo ética, me refiero al desempeño y la entrega de un partido y de un movimiento— tiene que estar acompañada con un nivel de accesibilidad para que la gente se sienta atraída y no se sienta ni amenazada ni excluida de ese proyecto político”. “El problema de la percepción hay que combatirlo”, anotó, “con el problema que siempre tenemos de que la cultura política del país es antindependentista”. Comentó que “los independentistas tendemos a hablarnos a nosotros mismos” y que hay que afianzar vínculos con una diversidad de sectores marginales, integrarse. Se mostró optimista con que, aunque esta comunicación y este mensaje vinculante queden por construirse, “por lo menos hoy podemos hablar de que es algo pensable, que hace diez años era impensable y que ahora es pensable gracias a lo que se coaguló en las protestas del verano pasado”, donde se movilizaron y politizaron sectores que tradicionalmente no participaban de las luchas.

 

Entre los puntos finales de nuestra conversación, aclaró que cuando habla de refundación también se refiere a cómo recalibrar las formas de organizar a la juventud, rompiendo con formas de organización paternalistas, dándoles el espacio para que trabajen desde sus prioridades y necesidades. Un reto, destacó, es sumar a los esfuerzos organizativos del partido a una juventud dispersa en el contexto del desmantelamiento de las escuelas públicas y de la Universidad de Puerto Rico, las cuales solían ser focos de militancia. Entre las estrategias, mencionó que la militancia comunitaria ha sido fundamental, que, por ejemplo, muchxs jóvenes se integraron a partir de las luchas contra los depósitos de ceniza en los distintos pueblos, también con la lucha por el Corredor Ecológico del Noreste y otras. Mencionó que ha sido clave el que la dinámica del partido no sea hoy una vertical, diciéndoles qué es lo que tienen que hacer, sino que busca apoyar a los líderes jóvenes en el desarrollo de sus propios programas políticos y en el trabajo que hacen con sus propias comunidades. Sobre la diversificación del partido, comentó que, de los más de mil candidatos que tiene el P.I.P. a distintos puestos en toda la isla, más del 50% de lxs candidatxs son menores de 35 años y que el 47% son mujeres. Sin embargo, hay un problema de exposición en los medios de comunicación convencionales, los cuales se concentran en la figura del candidato a la gobernación e invisibilizan toda esto que se está dando fuera de San Juan.

 

Me pareció que una buena página de internet y más presencia en las redes sociales podrían ayudar.

 

Una segunda parte de nuestra conversación, que tendrá lugar en las semanas siguientes, se enfocará en puntos concretos de su agenda política sobre temas urgentes como la deuda, la ley PROMESA, la salud, la economía, la violencia de género y el cambio climático.

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