Deshaciendo la arquitectura: Manifiesto de la arquitectura antirracista

 

Por Cruz Garcia & Nathalie Frankowski / WAI Architecture Think Tank

 LEY

Los sistemas legales y las instituciones que implementan las leyes, han obstruido históricamente la equidad, la justicia y la verdadera igualdad. Una sangrienta y racista historia de mecanismos y códigos judiciales forjaron el mundo que existía desde el Caribe a las plantaciones en Estados Unidos. Esa estructura central, planta sus raíces podridas en un legado racista de arquitectura y planificación. De la misma manera que las leyes de Jim Crow en los Estados Unidos y el Apartheid en Sudáfrica fueron sistemas legalmente sancionados de opresión contra los negros, hoy en día todavía estamos luchando con un legado de racismo legal e institucional.  A medida que las revoluciones en asentamientos coloniales transforman, destruyen y alteran ecosistemas, los regímenes de racismo y opresión son extremadamente eficientes, ya que escriben leyes, órdenes y directivas que les permiten el control y la opresión de las poblaciones negras, indígenas y de otros grupos racializados. Debemos desafiar el uso perverso del espacio público como territorio militarizado para la vigilancia y la violencia contra las personas negras, indígenas, cuir y trans. Debemos demoler tanto el legado material como inmaterial de la colonización, la plantación, Jim Crow y el apartheid. No es suficiente acatar la ley cuando la ley es parte de un sistema racista. Debemos desafiar las arquitecturas de la ocupación racista, de la gentrificación (aburguesamiento), de la destrucción del medio ambiente.

 

ARQUITECTURA

La arquitectura tiene una problemática obsesión con la construcción de edificios. Formada históricamente por hombres y mujeres irreflexivas y acríticas, la vocación del arquitecto existe principalmente como un apéndice de los poderes hegemónicos. Este poder, siempre abrumador e indiscutible, odia sentarse voluntariamente en la mesa de negociación. A menudo, los arquitectos hablan en términos platónicos cuando defienden la arquitectura y su cuestionable relación con las economías de explotación y la supremacía blanca. En su ingenuo idealismo, los arquitectos a menudo fantasean con la posibilidad de exorcizar el mal de los edificios y trabajar dentro de los parámetros del mal menor. Debemos abolir la arquitectura del oportunismo criminal y del andamiaje colonial, opresivo y supremacista. Después de todo, ¿cuál es la huella colonial de tu arquitectura?

SUEÑOS

Los arquitectos sueñan con clientes y benefactores poderosos y ricos. Imaginan arquitecturas capaces de manufacturar consentimiento. Especulan sobre la reformación de las prisiones, la creación de campos de concentración sostenibles, la construcción de prístinos muros fronterizos mientras delinean edificios “orientados a la comunidad” que facilitan la vigilancia. En su obstinada ingenuidad, los diseñadores, planificadores urbanos y arquitectos se niegan a reconocer los legados racistas, coloniales y opresivos de estos arquetipos. Las cárceles que se benefician de hombres y mujeres negras, los centros de detención que sirven para separar y destruir familias hispanas, las infraestructuras del complejo militar post imperial que continuamente aterroriza a las comunidades de todo el mundo, no pueden ser reparadas por mejores arquitecturas, más eficientes y sostenibles. Después de todo, ¿cuál es la huella colonial de su arquitectura? El racismo es un dispositivo cuyo objetivo es crear muros entre las personas. Estos muros no deben construirse. Necesitamos aprender a destruir estos muros.

VALOR

El concepto de valor en las sociedades contemporáneas a menudo se confunde con la ilusión de una riqueza que se puede medir a través de la acumulación de mercancías o mediante el éter especulativo del capital financiero. En estos escenarios, las mercancías, incluida la arquitectura o los elementos arquitectónicos, podrían adquirir un estado místico. La pregunta que queda es, ¿cuál es el valor de la arquitectura como mercancía en comparación con el valor de una vida negra? ¿Puede una ventana rota, un muro con graffiti o un recinto policial quemado ser igual o más valioso que la vida negra? En este sistema de valores de supremacía blanca, las vidas negras e indígenas son meros productos que se pueden comparar con objetos y artefactos desechables y reemplazables. Después de todo, ¿cuál es el valor de su arquitectura? ¿Y cuál es el valor de la vida negra?

INSTITUCIONES

El racismo institucional es el mago detrás de la cortina de Oz. El racismo institucional opera en las juntas de gobierno, comités de contratación y evaluaciones de admisión. El racismo institucional es responsable de crear y mantener discursos hegemónicos mientras castiga y obstruye la construcción y el libre flujo de formas de conocimiento alternativas, ancestrales y antirracistas. Las instituciones operan como monumentos ideológicos que obstaculizan discursos y posiciones antirracistas. Debemos estar listos para reformar las instituciones transformables y abolir las intransigentes.

DISEÑO

No es suficiente que las universidades, escuelas, estudios y organizaciones profesionales publiquen mensajes solidarios en sus plataformas de Instagram cuando crean muros invisibles alrededor de sus torres de marfil. No es suficiente etiquetar BLM cuando diseñan edificios para vigilar, detener y encarcelar, cuando mantienen el estatus quo a través de procesos de evaluación sesgados y requisitos absurdos. No es suficiente que las instituciones escriban bonitas y sinceras cartas en solidaridad con los activistas que luchan contra la policía y las fuerzas paramilitares mientras continúan construyendo sus dotaciones con el dinero de sus legados coloniales. Si se toman en serio la demolición de sus legados de racismo institucional, las instituciones académicas deben repensar sus estrategias de reclutamiento para atraer, estimular y crear entornos seguros para educadores y estudiantes. Simultáneamente, las escuelas de arquitectura deben adoptar la deconstrucción de sus planes de estudio para cuestionar no solo el futuro de la arquitectura, sino también para exponer el pasado racista que ayudaron a construir.

AGNOSIA

La arquitectura sufre de una agnosia similar a la que describió José Saramago en su ensayo sobre la ceguera. En el texto de Saramago, una pandemia hace que todos los personajes pierdan la vista, inundados por una blancura cegadora. Espesa como la leche, esta ceguera blanca se expande creando estragos y un sistema de explotación y crueldad. La arquitectura sufre de una agnosia blanca similar. Incapaz de ver su complicidad con un legado de opresión, la arquitectura continúa guiándose a través de las sensaciones de sus manos blancas, masculinas y geriátricas. Debemos encontrar formas de recuperar la vista para poder percibir la diversidad que tenemos delante.

SABER

Para descolonizar la arquitectura primero debemos descolonizar el saber que genera sus conceptos, ideas, planes y estrategias. Arraigada a un andamiaje euro centrista, las teorías, historias, tecnologías, filosofías y criticas de la arquitectura necesitan pasar por procesos de deconstrucción ideológica. En contra de los imaginarios hegemónicos de la arquitectura blanca debemos crear y fomentar otros saberes antirracistas y emancipadores.

NEXOS

Al igual que el vertiginoso ensamblaje que son la negritud y la raza (y, por lo tanto, la construcción de un concepto de blancura), la historia de la arquitectura que nos vemos obligados a aprender y practicar se nos presenta en el mismo momento y a través de la misma superestructura ideológica que la trata de esclavos en el triángulo atlántico y continúa hoy con la globalización de los mercados, la privatización del mundo bajo los auspicios del neoliberalismo y la creciente imbricación de los mercados financieros, el complejo militar post imperial y las tecnologías digitales. La importación forzada de una idea de modernización y progreso que podría haberse ejecutado solo mediante la esclavitud de cuerpos negros e indígenas es tan intrínseca a la práctica de la arquitectura como la explotación de una humanidad subalterna vinculada al capitalismo neoliberal contemporáneo y su práctica de captura, depredación, extracción y guerra asimétrica. Así como la arquitectura se vuelve cada vez más imbricada con el neoliberalismo, también lo hace un sistema de riesgo. Lo que inicialmente experimentaron los negros durante la trata transatlántica de esclavos ahora se ha convertido en la “norma, o al menos la suerte de, toda la humanidad subalterna”. No podemos lidiar con un estado contemporáneo de riesgo, explotación, vigilancia, militarización y guerra sin desafiar las manifestaciones físicas del estatus quo.

 

ESTADÍSTICAS

El éxito no puede medirse en gráficas de datos vacíos e indicadores demográficos dudosos. El ‘stop and frisk’. La policía paramilitar. Los controles aleatorios de la policía. Los abusos de ‘la migra’ o el ICE. La guerra contra las drogas. La guerra contra el crimen. La guerra contra el terror. Estas mal calculadas estrategias policiales han sido justificadas por la mala interpretación de las estadísticas sin contexto. Vivimos en una sociedad que ofrece datos que cuantifican las especificidades de los efectos sin mirar las causas. Datos que sin contexto son manipulados para justificar el encarcelamiento y el homicidio masivo de personas negras. Lo mismo puede decirse sobre el ideal cartesiano del progreso y su legado colonial y la insaciable sed de crecimiento. Debemos aprender a crear nuevos parámetros para que la arquitectura funcione sin responder a estadísticas vacías y sin servir a sus agendas y tecnologías racistas e ideológicas

GOTEO

La justicia por derrame (el ‘trickle-down’) no funciona, al igual que la economía por goteo demostró ser un engaño, una magia que no funcionó. La arquitectura de goteo sufre el mismo problema. Si las utopías solo pueden ser concebidas por aquellos suficientemente privilegiados como para llegar a las escuelas de una disciplina blanca y elitista, los imaginarios ideales solo reflejarán a quienes las imaginen. En lugar de una cultura de la arquitectura, que sirve y mantiene el estatus quo, debemos encontrar formas de construir redes de solidaridad. Las utopías negras, originarias, ancestrales y de otros grupos oprimidos deben ocupar el espacio previamente reservado por los imaginarios blancos. Necesitamos nuevas utopías. Utopías desde abajo. Necesitamos utopías de goteo inverso (‘trickle-up’) a través de arquitecturas antirracistas.

 

REENCUENTRO

Frente a estos tristes y violentos escenarios, no es suficiente ser apolítico o limitarse a “no ser racista”. Debido al aumento del populismo y el incremento exponencial de los niveles de riesgo, la fabricación de sujetos racializados se ha revitalizado en casi todas partes. Necesitamos reconocer nuestro papel en esta revitalización y oponernos vehementemente a sus intenciones destructivas. Debemos emplear nuestras formas de reinventar el mundo para cuestionar el que hemos creado. Es imperativo que usemos nuestras facultades críticas para deconstruir nuestras formas de imaginar el mundo. Otros mundos son posibles, urgentes y necesarios.

AFINIDAD

La afinidad puede ser un objetivo poético para encontrar alianzas, pero la esperanza vacía que brinda el liberalismo tímido no será suficiente para eliminar el racismo antinegro. La complicidad desempeñada por las instituciones en la construcción y perpetuación del estatus quo es un problema real con ramificaciones materiales. No es suficiente que las organizaciones académicas y profesionales escriban convenientemente anuncios que apoyen las luchas negras y descolonizadoras si no hacen nada para detener el diseño y la construcción de máquinas de opresión. Al igual que la descolonización no es una metáfora, tampoco lo es el antirracismo. El llamado abstracto para encontrar afinidades entre nosotros no es un sustituto para las acciones reales en sus manifestaciones psicológicas y espaciales. No es suficiente llenar los rangos de una clase gerencial con casos representativos excepcionales de grupos marginados si las instituciones siguen patrocinando las arquitecturas de la antinegritud y opresión racial.

SISTEMA

En un mundo de complicidades estratégicas, la arquitectura y el racismo operan bajo las demandas de un mismo sistema. Este sistema de extracción y explotación es responsable por la destrucción ambiental y por la explotación laboral. Las fuerzas invisibles que ayer oprimían a los esclavos y hoy a los obreros, son las mismas que destruyen bosques y reservas naturales alrededor del mundo mientras establecen burbujas que protegen a los empresarios, administradores y gobernantes. Así como la arquitectura ha sido clave en la consolidación de sistemas de poder ideológico y material, nuevos imaginarios arquitectónicos deben reformular nuevos sistemas anti opresión y antirracismo

IMMUEBLES

Los edificios nunca son solo edificios. Los edificios responden a los fundamentos políticos de las instituciones que los financian, visualizan y desean. Los edificios son manifestaciones físicas de las ideologías a las que sirven. Aunque una posición ingenua o romántica puede imaginar edificios como artefactos semiautónomos capaces de albergar o envolver el espacio, esta actitud despolitizada ignora su relación histórica y material con los regímenes de violencia y terror. Los edificios pueden proteger, pero también pueden confinar, intimidar y oprimir. Los edificios pueden albergar y fomentar la hospitalidad, pero pueden encarcelar y torturar. Los edificios pueden ser herramientas para la segregación étnica, la destrucción cultural y el borrado histórico. Los edificios pueden reforzar el estatus quo y ayudar en la implementación de los deseos colonizadores del expansionismo. Una democratización antirracista del acceso solo es posible mediante la descolonización de edificios y espacios públicos. Los arquitectos deben conocer los programas de los edificios que diseñan y se deben responsabilizar por ello.

MONUMENTOS

Los monumentos militares, confederados, filantrópicos capitalistas y colonizadores son parte de un aparato que reescribe, blanquea, legitima, estandariza y borra una historia de genocidio, destrucción y racismo mientras mantiene el estatus quo. Los monumentos nos remiten al pasado, ya que se concretan en mármol, granito, bronce, vidrio, acero, objetos que llevan el peso muerto de una historia asesina. Junto con estos avatares formados según los líderes de los regímenes de muerte, racismo y explotación colonial, otras arquitecturas recrean el efecto del monumento, aunque a una escala diferente: estaciones de tren, palacios de administradores coloniales, puentes, campamentos, fortalezas, estadios y también edificios académicos, dotaciones y museos. Una arquitectura antirracista debe desmantelar la construcción de estos monumentos y cuestionar su papel en la construcción de un “estilo de poder y dominación”. Los restos del potentado son los signos de la lucha física y simbólica dirigida contra los colonizados.

PROPIEDAD PRIVADA

El capitalismo a menudo se vende como un sueño utópico de mercados libres y competencia posideológica sin obstáculos. Sin embargo, a medida que las corporaciones, cabilderos poderosos y las clases dominantes construyen su poder sobre el legado de la explotación de cuerpos negros e indígenas, todo lo que queda es un rastro de destrucción ambiental, violencia social y negligencia cultural. La relación entre el capitalismo y la arquitectura como propiedad privada, da paso al aumento de la vigilancia policial que se remonta a las plantaciones en América y el Caribe. Siguiendo los pasos de este legado, la necesidad de subdividir, las “prácticas de zonificación” vinculadas a redes de represión cuyas herramientas y métodos incluyen la “imposición de redes ideológicas en las poblaciones”, es responsable de la vigilancia y el estado policial de muchos barrios y comunidades negras y de otros grupos racialmente oprimidos. Estas subdivisiones del suelo fomentan y mantienen el estatus quo mediante la acumulación de riqueza que tiene enormes repercusiones en las oportunidades (educación, salud, seguridad) de las comunidades privatizadas. Las leyes arcaicas de impuestos a la propiedad que vinculan la educación a la posesión de tierras y artefactos arquitectónicos son solo un ejemplo de estas leyes racistas de zonificación. Las prácticas policiales y de zonificación que van de la mano con la invención de la propiedad privada son estrategias coloniales que deben ser abolidas. Debemos desmantelar el concepto del capitalismo como un mercado libre basado en la acumulación de riqueza, deshumanización, vigilancia, zonificación y encarcelamiento masivo. Deben crearse nuevas estrategias de zonificación anticapitalistas y antirracistas, no para subdividir grupos por clase o afiliación étnica, sino para demoler los mecanismos de explotación, acumulación de riqueza y permitir que florezcan espacios verdaderamente equitativos, justos y dignificantes.

OSTRACISMO

La invención de la negritud a través da la racialización de grupos oprimidos tiene repercusiones urbanas y arquitectónicas que han dado forma a nuestras ciudades. A través de esta racialización, una serie de dispositivos de gestión de la vida, el trabajo, la sexualidad, la seguridad y la movilidad encuentran materialización en sistemas arquitectónicos y urbanos de alienación. El fin de la arquitectura y la ciudad colonial la alienación de las personas negras y los pueblos originarios que se encuentran divididos por infraestructuras violentas y monumentales. Una arquitectura antirracista solo es posible luego de confrontar el ostracismo que ha sido diseñado a través de nuestra historia.

RADICAL

Radical significa ir a las raíces. Para que la arquitectura sea radical, debe indagar en su pasado, presente y futuro rol en la perpetuación de los orígenes de la fragmentación social, la opresión, la colonización y el racismo. Debemos deshacer el daño creado por la complicidad de la arquitectura con estos sistemas de opresión. Debemos deshacer los centros de detención. Debemos deshacer las cárceles. Debemos deshacer las fuerzas armadas. Necesitamos des-narrar la historia de la arquitectura y construir nuevas narrativas que expongan las raíces racistas y coloniales de su desarrollo capitalista, de su modernismo y sus secuelas desesperadas. Para crear nuevas formas de arquitectura radical, debemos aprender a deshacer la arquitectura.

TEORÍA

La posible fusión del capitalismo y el racismo conlleva una serie de implicaciones arquitectónicas y urbanas. Riesgo sistemático, empobrecimiento y deuda, el surgimiento de nuevas prácticas imperiales que toman prestado de ambos, la lógica esclavizadora de la captura y la depredación, y de la lógica colonial de ocupación y extracción. Bajo la rúbrica del capitalismo y el racismo, la arquitectura sigue siendo, por un lado, una disciplina que filtra y destila la posibilidad de otros mundos en una construcción ideológica canónica europea y blanca. Por otro lado, la arquitectura se reproduce continuamente a través de estrategias coloniales que destruyen incansablemente el medio ambiente para la creación de nuevos asentamientos mientras gentrifican (aburguesan) sin cesar los ya existentes. Se deben desarrollar e implementar nuevas teorías y prácticas para cuestionar, subvertir y oponerse a la arquitectura como herramienta para el control, la dominación y la opresión. Las nuevas formas de conocimiento deben abolir la arquitectura como una extensión del capitalismo y el racismo.

ANTIRRACISMO

Considerando los matices racializados más abstractos y convenientemente sigilosos del mundo hispanohablante, debemos desarrollar vocabularios, conceptos e ideas que nos permitan generar arquitecturas antirracistas. Aun cuando se es tabú en muchas partes hablar de la construcción de la raza como aparato opresivo, es innegable que el legado del racismo ha dejado una infraestructura urbana y arquitectónica alrededor de mundo. No es suficiente hablar de racismo antinegro como una condición particular de los Estados Unidos, sino que debemos internalizar la critica y deconstruir un legado sanguinariamente violento que se expande a través de las Américas, el Caribe, Europa, África, Asia y Oceanía. Debemos generar nuevos y más inclusivos imaginarios que se enfoquen en la liberación y empoderamiento de los grupos oprimidos, de personas negras y pueblos ancestrales y originarios. Es imperativo el deconstruir arquitecturas racistas y crear espacios antirracistas.

NATURALEZA

La colonización europea y la extensión de su horizonte espacial fueron impulsadas por el genocidio y la destrucción ambiental. No es una coincidencia que los efectos ambientales de esta expansión resurjan en la forma de una amenaza ecológica que es inminente para las comunidades empobrecidas y tiene claras connotaciones racistas. El complejo militar posimperial que mantiene la cadena de explotación material, ambiental y humana está directamente relacionado con la destrucción de los ecosistemas. “El militarismo es la mayor causa individual de destrucción ambiental en el mundo. El Ejército de los Estados Unidos es el mayor contaminante del planeta y el mayor consumidor de petróleo del mundo. El Pentágono es el cliente más grande de BP “. No hay justicia racial sin la protección del medio ambiente. No es suficiente utilizar materiales con certificación LEED (Leadership in Energy and Environmental Design en sus siglas es ingles) o paneles fotovoltaicos en edificios si contribuyen al complejo militar posimperial. No podemos abogar por la justicia ambiental al condonar y participar en procesos de militarización, deforestación y profanación, ocupación y destrucción de territorios originarios. No hay una arquitectura sostenible al servicio de los militares. No hay justicia ecológica si la arquitectura contribuye al racismo ambiental.

 

 

El texto incluye partes de Achille Mbembe, Critica de la Razón Negra y Estética de la superfluidad, Frantz Fanon, Los condenados de la tierra, y Eve Tuck, K. Wayne Yang, La descolonización no es una metáfora (2012)

La relación entre militarismo y destrucción ambiental fue tomada de la lectura de Anne McClintock para TBA21.

Gracias a Tessa Allen de Oliveira por ayudar en la traducción del texto.