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Por Marcelo Barros/Especial para En Rojo

Actualmente, una de las formas más comunes de atacar las personas es usar su nombre al divulgar noticias falsas. Ciertamente si fuera denunciar el uso indebido de su nombre, quién más podría hacerlo sería Dios. Desde tiempos antiguos, reyes y poderosos han usado el nombre de Dios para legitimar su poder y la violencia contra los súbditos. Muchas guerras y crueldades fueran cometidas en nombre de Dios. También las Iglesias y religiones han cometido violencia sagrada. 

 En América Latina, el colonialismo y el dominio de los imperios se han establecido en nombre de Dios. En las elecciones presidenciales que Brasil vivió en 2018, la mayoría de las personas religiosas votaron en la extrema derecha, mientras que la mayoría de los ateos y sin religión votó por la democracia. No pocos pastores evangélicos, así como obispos, curas y grupos católicos se revelan conniventes con el sistema político y económico que oprime a los pobres, discrimina a personas diferentes y destruye a la naturaleza. En Venezuela, eclesiásticos se ponen en contra del gobierno bolivariano, como si eso nada tuviera a ver con la vida de los más pobres. 

El uso falso del nombre de Dios es antiguo. En la Biblia, cuando Dios hace alianza con los hebreos, ordena: “No pronuncies el nombre divino”. La tradición tradujo eso en el mandamiento: “No usar el nombre de Dios en vano” … Pero ¿quién garantiza cuándo el uso del nombre de Dios es o no es en vano? Martin Buber afirmaba: “Ninguna palabra ha sido tan mal usada y masacrada en la historia que el nombre de Dios. Sin embargo, precisamente por eso, no podemos dejarla sucia y mal hablada. Tenemos que rescatarla, como expresión de amor gratuito y solidario “.

Hoy, el desafío mayor es que las personas y grupos que hablan mal de Dios no son ateos o sin religión. Los que profanan el nombre divino son los que se dicen más religiosos. Quien pone el nombre de Dios en billetes de dólar, en paredes de banco o en cristales de su coche hace eso como expresión de fe. Woody Allen, cineasta norteamericano declaró: “Dios debe ser un buen tipo, pero sus amigos, yo no los recomendaría”. 

De acuerdo con los evangelios, Jesús no luchó directamente contra el sistema político que, en su época, dominaba el mundo y sí contra el poder religioso que, en nombre de Dios, oprimía a las personas. Lo más revolucionario que Jesús hizo fue transformar el modo de hablar de Dios. Él reveló a Dios como un papá cariñoso que cuida de nosotros con amor de madre e inspira nuestros proyectos revolucionarios de cambiar el mundo.

 

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