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Donostia Zinemaldia-Parte 2

En Rojo

Continúo mi travesía a Donostia y su Festival de cine de San Sebastián a mediados del mes de septiembre (17/25), pero primero me detengo en dos museos que surgen de la historia y geografía de este lugar. Tan solo un chin alejado de la ciudad, en Hernani, nos adentramos al espacio creado por el escultor Eduardo Chillida y su mujer (así acostumbran decir en vez de la muy trillada ‘esposa’) Pilar Belzunce para que sus obras fueran parte de los bosques y llanos donde la gente puede pasear, tocar y abrazar las piedras y los metales, primordialmente el hierro. Chillidaleku es una experiencia muy personal porque cada unx de nosotrxs se relaciona de una manera particular con esas esculturas que parecen hablarle al mar (“El peine del viento”) o invitar a un gran abrazo (“Besarkada”). De vuelta a la Parte Vieja de Donostia nos adentramos en el San Telmo Museoa y nos sumergimos en la exposición interactiva de “El viaje más largo: la primera vuelta al mundo”. Comenzamos con 1. Sueño y seguimos con 2. Partida, 3. Exploración, 4. Destino, 5. Regreso y 6. Transformación para navegar con Fernando de Magallanes en su viaje de exploración que le dio la vuelta a un mundo que no sabía existía. Allí están las cartas, informes, bitácoras, dibujos, mapas y la recreación de la aventura que los enfrentó a temporales, el frío y las fricciones entre los capitanes y sus marineros. La aventura comienza en 1519, dura tres años y es concluida por Juan Sebastián Elcano (de Getaria, País Vasco) el 6 de septiembre de 1522, ya que Magallanes muere en abril de 1521 en las Filipinas.

Con un estricto protocolo que rige cada una de las actividades del SSIFF, pudimos asistir a la proyección de cinco filmes en dos salas ubicadas casi a extremos de la ciudad. La pasarela en la alfombra roja, los filmes de inauguración y clausura y los premios Donostia (este año otorgados a Marion Cotillard y Johnny Depp) se celebraron en las enormes y hermosas salas del Centro Kursaal. Aparte de cine al aire libre, otras salas de exhibición fueron Victoria Eugenia y el teatro Antiguo Berri que nos recordó las salas de cine arte por el espacio reducido y estar ubicado en el medio de una comunidad de viviendas, tiendas y parques. Zabaltegi-Tabakalera, muy cerca del terminal de trenes y autobuses, era el lugar de charlas, conferencias, exhibiciones de filmes fuera de competencia o selección oficial y justo el lugar donde el destacado actor, José Sacristán (El diputado, La colmena, Un lugar en el mundo y más recientemente las series “Velvet”, “Tiempos de guerra”, Alta mar”), recibió el Premio Nacional de Cinematografía 2021 por sus 60 años como uno de los actores más destacados del cine español. También en Tabakalera, pudimos ver la exhibición de mujeres fotógrafas argentinas 1930-1990.

Aunque solo vi cinco filmes durante el Festival, ya de regreso en Puerto Rico, pude ver dos que llegaron en octubre a Fine Arts y una en Netflix y estoy a la espera de The Power of the Dog de Jane Campion (Australia/Nueva Zelandia) co-producida por esta misma plataforma. Incluyo aquí un microcorto y dos largometrajes de China, España/Francia.

Rosa Rosae. La guerra civil (Carlos Saura; 6 min.)

A los casi 90 años, este director de joyas de cine como su trilogía de baile (Bodas de sangre, Carmen, El amor brujo), documentales de danza y canto y los emblemáticos Cría cuervos y Ana y los lobos, nos trae un microcorto de imágenes contrapuestas a través de la mirada de un niño para “nunca repetir esa horrible guerra”. Con dibujos en blanco y negro y negativos recrea las caras de miedo, angustia y valor para sobrevivir de mujeres que intentan preserva la vida en medio de bombardeos y hambrunas. El filme impacta por su inmediatez y su canción de “Rosa Rosae”. Su esperanza es que al recordar y aprender de esa horrible experiencia “se puede construir un nuevo mañana” (palabras de Saura en la inauguración del SSIFF).

Un segundo (Zhang Zimou)

Este filme, junto al corto de Saura, fue el filme seleccionado para inaugurar el SSIFF. Conocido por los inolvidables Red Sorghum, Raise the Red Lantern, Shanghai Triad, Hero, House of the Flying Daggers, en esta ocasión, el director rescata una experiencia de su niñez—como lo había hecho en 1999 con The Road Home—para revivir la influencia del cine en su vida. Escoge un lugar remoto donde la gente tiene que ser casi autosuficiente, aunque los representantes gubernamentales siempre están presentes para establecer su ley y orden. Cada persona sabe cuál es su trabajo y el colectivo espera que se cumpla. El protagonista es alguien sin nombre que parece haber escapado de algún sitio y que va en busca de un noticiario fílmico que otros hombres llevan de pueblo en pueblo y que todos los habitantes esperan por el cine ser fascinante y por llegar tan esporádicamente. Están dispuestos a ver los mismos largometrajes producidos por la rama cultural del país para poder perderse en las deslumbrantes imágenes gigantes. El noticiario tampoco es tan nuevo porque al tener que visitar todos los poblados, pueden pasar meses. El protagonista—que asume muchos nombres e historias—sin su voluntad, tiene que compartir su espacio con una joven huérfana, Liu, que sabe todas las maneras de sobrevivir y no parece importarle a quien se lleva en su camino. El noticiario sufrirá percances para poder embobinarlo y proyectar—con escenas maravillosas de cómo todos los compueblanos se unen para hacerlo posible—y conoceremos a un tercer personaje que es legendario: Fan, el mejor proyeccionista de la región.

La abuela (Paco Plaza)

Cuando escogí ver este filme, me atrajo el resumen y que era una coproducción Francia/España. Y todo parece así ya que la protagonista es Susana, joven española que ha penetrado el circuito de modelaje de París y, mientras complazca a las compañías y sus fotógrafos, su agente siempre puede conseguirle buenos contratos. Todo esto se detiene—Susana cree que por poco tiempo—cuando recibe una llamada del hospital en Madrid para informarle que su abuela, Pilar, ha sufrido un derrame cerebral y ella es el único vínculo familiar. En ningún momento vacila en asumir su responsabilidad y cuando ve la situación de frente, busca maneras de resolver todo lo más rápido posible. Mientras aprende a cuidar de una vieja (su abuela) a la que hay que hacerle todo—siempre con su cabeza erguida aunque no pueda hablar—se mantiene en contacto con su agente en París porque sabe que en su profesión las oportunidades tienen un lapso muy corto. Pero lo que cambia este conflicto son los recuerdos nublados y los sueños sin sentido que invaden su presente. Utilizan excelentemente el espacio de un apartamento/piso en uno de los edificios antiguos de vivienda donde los fantasmas reales o imaginados convergen para crear un ambiente de terror tanto para Susana como para nostroxs, el público.

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